Gerardo Suarez
El Chasque 177
07/03/2025
Se puede escuchar desde sectores que se visten de izquierda, incluso desde algunos que usan ropajes marxistas, que Rusia y China son imperialistas, además plantean que los conflictos militares que atraviesa hoy el mundo son producto de una disputa inter imperialista por el reparto territorial del planeta. Para analizar ese planteo y la situación actual, es importante volver a Lenin, el teórico del imperialismo.
El concepto marxista de imperialismo elaborado por Lenin surge de estudios marxistas anteriores, como los elaborados por Rosa Luxemburgo, pero su principal promotor fue la realidad, la forma que adquirió el capitalismo de fines del siglo XIX y principios del XX. Para Lenin, el Imperialismo es “es una fase histórica y específica del capitalismo”, no una política coyuntural de un Estado. Esta importante diferencia originó profundos debates entre Lenin y Kautsky.
Kautsky, que según Lenin había abandonado el marxismo, afirmaba que el imperialismo era la política “preferida” del capital financiero y no aceptaba la premisa de que fuese una fase del capitalismo. Al realizar este planteo, Kautsky dejaba abierta la posibilidad de que se implemente un capitalismo no imperialista desde los centros de poder mundial.
Según Lenin, esta forma de entender al imperialismo le servía como argumento teórico para “disimular” las contradicciones del imperialismo y para “justificar” políticas de alianzas con “oportunistas y socialchovinistas descarados”. Para Lenin el carácter específico de la fase imperialista es que el capitalismo es monopolista, parasitario y agonizante. Este monopolio nace del capitalismo mismo, no es una política determinada. Esta diferencia que parece ser solo de interpretación teórica, define el accionar concreto del movimiento obrero mundial, sus alianzas y sus programas.
Por otro lado, la caracterización de imperialismo que hace el marxismo debe ser diferenciada de las que se hacen para describir a los imperios de otras fases históricas, ya que su esencia no es la misma. En el texto El Imperialismo fase superior del capitalismo, Lenin dice:
“La política colonial y el imperialismo ya existían antes de la fase contemporánea del capitalismo e incluso antes del capitalismo. Roma, basada en la esclavitud, mantuvo una política colonial y practicó el imperialismo. Pero los análisis “generales” sobre el imperialismo que olvidan o ponen en segundo plano la diferencia esencial entre las formaciones socioeconómicas se convierten inevitablemente en trivialidades huecas o en fanfarronerías, como la de comparar “la gran Roma con la Gran Bretaña”. Incluso la política colonial capitalista de las fases previas del capitalismo es esencialmente diferente de la política colonial del capital financiero.”
Es por esto que una de las tareas principales para un marxista es encontrar y develar las características principales que definen una formación socioeconómica y un proceso político, y evitar que contradicciones secundarias sean tomadas como principales.
Por otro lado, en su forma política el imperialismo requiere de centros de poder que implementen las acciones necesarias para su reproducción e impidan que se construyan formas sociales superadoras. Lenin planteaba que “los rasgos políticos del imperialismo son la reacción en toda regla y el recrudecimiento de la opresión nacional.” Estos centros de poder que impulsan la reacción y funcionan como gendarmes mundiales del imperialismo, están en EEUU y Europa occidental. Arismendi describía a EEUU como “cabeza mundial de la reacción, la guerra y el colonialismo”.
El imperialismo y la guerra
“Nosotros, los marxistas, diferimos tanto de los pacifistas como de los anarquistas en que reconocemos la necesidad de estudiar históricamente, desde el punto de vista del materialismo dialéctico de Marx, cada guerra en particular. La historia ha conocido muchas guerras que, pese a los horrores, las ferocidades, las calamidades y los sufrimientos que toda guerra acarrea inevitablemente, fueron progresistas, es decir, útiles para el progreso de la humanidad, contribuyendo a destruir instituciones particularmente nocivas y reaccionarias (como, por ejemplo, la autocracia o la servidumbre), y las formas más bárbaras del despotismo en Europa (la turca y la rusa). Por esta razón, hay que examinar las peculiaridades históricas de la guerra actual”. Lenin
Los debates teóricos sobre las características del imperialismo se daban en relación dialéctica con la realidad. La teoría como guía de la acción concreta, en estrecho vínculo con lo que sucedía en la Europa de principios de siglo.
Por esos años, la Segunda Internacional definía su posición respecto a la guerra que se aproximaba, la Primera Guerra Mundial. Por lo tanto, la forma en que se caracterizaba al imperialismo en el plano teórico, guiaba la forma en la que se caracterizaba el enfrentamiento bélico.
Es conocida la lucha conjunta que mantuvieron en el seno de la Segunda Internacional Rosa Luxemburgo y Lenin respecto a la caracterización de la guerra que estaba por transcurrir. Ambos revolucionarios caracterizaron la guerra como imperialista, de reparto del mundo, y llamaron a la clase trabajadora a no luchar en la guerra y, lanzarse a la toma del poder en una revolución socialista. Esto coincidía con las resoluciones y manifiestos que había publicado la Segunda Internacional antes del año 1914, en los mismos se llamaba a la clase obrera a resistir el comienzo de la guerra. Sin embargo, esto se quebró cuando en agosto de 1914 el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) votó en su país los créditos de guerra, y uno a uno los partidos socialdemócratas que integraban la internacional fueron haciendo lo mismo en sus respectivos países.
El partido que se mantuvo firme en sus posiciones fue el Partido Bolchevique Ruso, que denunció la traición de los socialdemócratas a los postulados de la Internacional y al socialismo. Dicha traición ocasionó el quiebre de la Segunda Internacional.
Lenin declaró: “Hace tiempo que los oportunistas estaban preparando la destrucción de la Segunda Internacional rechazando la revolución socialista y reemplazándola con reformismo en su lugar, rechazando la lucha de clases con su inevitable transformación, en ciertos momentos, en guerra civil y predicando colaboración de clases y chovinismo bajo el disfraz de patriotismo y defensa de la patria”.
La posición respecto a la guerra mundial fue lo que terminó por generar la caída de la Segunda Internacional, que cultivaba en su seno claras desviaciones reformistas. Esta caída propició la creación unos años después, de la Tercera Internacional y sus conocidas 21 condiciones, fundamento de creación de los Partidos Comunista en el mundo entero.
Esos debates, y la forma en que se caracterizó esa guerra en particular por el movimiento comunista, son utilizados frecuentemente como argumento para calificar a toda guerra como imperialista y promover un pacifismo abstracto y supuestamente neutral.
No todas las guerras son iguales
Si bien la Primera Guerra Mundial es una guerra imperialista, de reparto del mundo entre potencias imperiales, nadie puede calificar de la misma forma la Segunda Guerra Mundial. En esta guerra, la esencia del conflicto fue el enfrentamiento entre el mundo capitalista representado por la Alemania Nazi, y el mundo socialista representado por la Unión Soviética. Sumado a la intención alemana de colonizar Rusia y quedarse con sus recursos. La URSS no luchó para conquistar territorios, luchó para defender el suyo de la agresión nazi, y liberó a la humanidad de lo que iba a ser un dominio hegemónico del fascismo a nivel mundial. Este año se cumplen 80 años de esa gesta histórica del pueblo soviético.
Es evidente que si en el marco de la Segunda Guerra Mundial el movimiento obrero internacional hubiese aplicado mecánicamente las tesis de Lenin y Rosa Luxemburgo respecto a la Primera Guerra Mundial, y hubiesen llamado a la clase obrera a mantenerse neutrales ante el conflicto, hubiese sido no solo un error histórico, sino también una traición. Pero eso no ocurrió, desde el día uno la clase obrera y el movimiento comunista internacional organizaron redes de solidaridad para con el pueblo soviético y su Ejército Rojo. La caracterización que se realizó de ambas guerras fue distinta.
De las diferencias en las formas de caracterizar los conflictos, Lenin habló en su libro El socialismo y la guerra:
“La Gran Revolución Francesa inauguró una nueva época en la historia de la humanidad. Desde entonces hasta la Comuna de París, es decir, desde 1789 a 1871, las guerras de liberación nacional, de carácter progresista burgués, constituían uno de los tipos de guerra. Dicho en otros términos: el contenido principal y la significación histórica de estas guerras eran el derrocamiento del absolutismo y del régimen feudal, su quebrantamiento y la supresión del yugo nacional extranjero. Eran, por ello, guerras progresistas, y todos los demócratas honrados y revolucionarios, así como todos los socialistas, simpatizaban siempre, en esas guerras con el triunfo del país (es decir, de la burguesía) que contribuía a derrumbar o a minar los pilares más peligrosos del régimen feudal, del absolutismo y de la opresión ejercida sobre otros pueblos. Así, por ejemplo, en las guerras revolucionarias de Francia hubo un elemento de saqueo y de conquista de tierras ajenas por los franceses, sin embargo, ello no cambia en nada la significación histórica fundamental de esas guerras, que demolían y quebrantaban el régimen feudal y el absolutismo de toda la vieja Europa, de la Europa feudal. Durante la guerra franco-prusiana, Alemania expolió a Francia, pero ello no altera la significación histórica fundamental de esta guerra, que liberó a decenas de millones de alemanes del desmembramiento feudal y de la opresión de dos déspotas: el zar ruso y Napoleón III.”
Hablando también de las guerras justas plantea que: “Si, por ejemplo, mañana Marruecos declarase la guerra a Francia, la India a Inglaterra, Persia o China a Rusia, etcétera, esas guerras serían guerras «justas», «defensivas», independientemente de quien atacara primero, y todo socialista simpatizaría con la victoria de los Estados oprimidos, dependientes, menoscabados en sus derechos, sobre las «grandes» potencias opresoras, esclavistas y expoliadoras.”
Falsos pacifismos
La Revista Jacobin, que dice ofrecer una visión socialista del mundo, plantea que la guerra en Ucrania demuestra que Rusia es imperialista, y considera que el movimiento obrero debe promover el pacifismo. Dicha revista ideológicamente pregona el “socialismo democrático”, como si existiese un socialismo que no fuese democrático, y utiliza el término democrático en abstracto, sin profundizar en la complejidad del concepto.
Uno de sus principales referentes es Bernie Sanders, senador del Partido Demócrata y cómplice del genocidio en Palestina, quien esta misma semana publicó en su cuenta de Twitter que EEUU ha apoyado la democracia durante 250 años y que Rusia es gobernada por un dictador brutal. Se ve que al senador se le pasaron por alto todos los golpes de Estado promovidos por su país. Otro gran referente de la revista es mismísimo Kautsky, a quien lo reivindican en varias notas.
Recordemos el planteo de Lenin sobre los conceptos utilizados por la revista: “El creciente movimiento proletario revolucionario, en general, y el movimiento comunista, en particular, no pueden dejar de analizar y desenmascarar los errores teóricos del kautskismo. Sobre todo porque el pacifismo y la “democracia” en general —que, al igual que Kautsky y compañía, ocultan la profundidad de las contradicciones del imperialismo y las crisis revolucionarias que inevitablemente éste engendra— son corrientes que están todavía muy extendidas por el mundo.”
La guerra OTAN – Rusia a la luz de los planteos del teórico del imperialismo
Si hoy creemos que fue inapropiado el trato que le dio Donald Trump a Zelenski, es porque no recordamos el trato que le dio Obama al presidente de ese mismo país en el 2014… le organizó un golpe de Estado. Víctor Yanukovich, quien presidía el país desde el año 2010, unos meses antes del golpe decidió rechazar el acuerdo de asociación con la Unión Europea y mantener buenas relaciones con Rusia. Este hecho llevó a que las agencias de inteligencia occidentales, junto a la Usaid y la Open Society de Soros, organizaran un golpe de Estado, conocido como Euromaidan.
Los días posteriores al golpe se generó una persecución fascista contra las organizaciones de izquierda que tuvo como punto máximo la masacre de la Casa de los Sindicatos en la ciudad de Odessa. En la misma fueron quemados vivos más de 40 militantes sindicales junto al joven comunista Vadim Papura de 17 años. El golpe de Estado trajo a su vez la fascistización del gobierno ucraniano, seguida por una persecución a la ciudadanía de origen ruso. Partidos de izquierda ilegalizados, sindicatos ilegalizados, movilizaciones prohibidas bajo “Ley Marcial”, y la reivindicación a categoría de héroe del ucraniano Stepan Bandera. Un nazi que participó del holocausto judío y que cuenta en más de cien mil las víctimas provocadas por su organización.
El golpe de Estado, más la campaña rusofóbica implementada desde el gobierno, llevó a que mucha población de origen ruso cruzara la frontera a Rusia. A su vez otras ciudades, donde gran parte de la población es rusófona como el Donbass, definieron independizarse de Ucrania, lo que las llevó a sufrir una brutal guerra desarrollada por Kiev. El intento de Ucrania de ingresar a la OTAN y por ende de colocar misiles nucleares a 500 km de Moscú, fue la línea roja que Rusia no estuvo dispuesta a soportar.
¿Bajo qué argumentos el reformismo nos quiere hacer creer que la guerra de Ucrania la inició Rusia por sus afanes de conquista territorial imperialista? No los hay. Inclusive el hecho de que Rusia haya realizado el primer movimiento militar no justifica tal afirmación, el mismo Lenin aclaraba que el significado histórico fundamental de una guerra no cambiaba por el hecho de quien atacara primero.
La significación histórica fundamental de esta guerra está marcada por el proceso de derrocamiento de la hegemonía mundial del imperialismo estadounidense, y el traspaso de un mundo unipolar a uno multipolar. El decadente imperio norteamericano y sus vasallos europeos, necesitan detener el crecimiento de países del Sur Global no alineados a su política internacional. Necesitan romper las alianzas que se están formando para construir un orden mundial que efectivamente respete el derecho internacional. Rusia no está peleando por conquistar terrenos, está luchando por su autodeterminación ante una clara agresión imperialista.
La historia es clara
Se puede llegar a comprender que en países imperialistas sea más fácil para los reformistas sembrar la confusión respecto a los dos imperialismos, y a la tesis que coloca a EEUU en el mismo lugar que a Rusia y China. Lo raro es que eso suceda en el Sur Global. Poner en el mismo lugar a EEUU que a Rusia, es lavarle la cara al imperialismo norteamericano y es confundir a la clase trabajadora. Con un simple repaso de nuestra historia, vemos claramente las diferencias entre los dos:
Cuando se dio el golpe de Estado en nuestro país, ¿de qué lado estuvo EEUU y de qué lado estuvo Rusia? Aquí se puede ver claramente quién actuó por intereses imperialistas y quién apoyó la lucha popular. En los procesos de descolonización de África ¿de qué lado estuvo cada uno? En las guerras de Asia que tuvieron su epicentro en Vietnam ¿de qué lado estuvo cada uno?
Es un disparate confundir el rol de cada uno en la política internacional y en las luchas de liberación nacional. Rusia históricamente estuvo del lado de los pueblos que luchaban por su liberación, y las relaciones de respeto que generó con el resto de naciones del Sur Global se mantienen al día de hoy. Sería bueno preguntarle hoy mismo a Venezuela, Cuba, las Repúblicas del Sahel e Irán, si EEUU y Rusia cumplen el mismo rol.
Por otro lado, están los que plantean desacuerdos con la política que el gobierno ruso implementa en su propia nación, y utilizan eso como excusa para no apoyar el derecho de Rusia a defenderse. También para este planteo es importante recordar el leninismo. Rodney Arismendi en referencia a las tesis del imperialismo de Lenin decía: “La lucha de los pueblos coloniales y dependientes contra el imperialismo es objetivamente progresiva y revolucionaria, independientemente de a que su cabeza esté un rey, un burgués nacional o un jefe de tribu. El significado histórico de esa lucha no debe medirse desde el punto de vista formal de la democracia burguesa, sino por su contenido objetivo internacional.” Con esto deja claro que la forma de gobierno que se de una nación no es motivo para decidir si se la apoya o no.
Maniobras de distracción
Lenin planteaba que las tesis del reformismo para confundir el análisis de la realidad tienen un único objetivo: “El resultado es que, en vez de poner al descubierto en toda su profundidad las más hondas contradicciones de la fase actual del capitalismo, se disimulan y ocultan; el resultado es reformismo burgués en lugar de marxismo.”
Por más que quienes hagan los planteos políticos utilicen los ropajes del marxismo, los símbolos, y los nombres de los referentes, su planteo busca la conciliación de clase. “En la historia ha sucedido siempre que, después de muertos los jefes revolucionarios cuyos nombres son populares en las clases oprimidas, sus enemigos han intentado apropiárselos para engañar a estas clases.” Lenin
En libro El imperialismo y la escisión del socialismo el teórico soviético plantea que: “Los estudiosos y publicistas burgueses defienden habitualmente el imperialismo de forma indirecta, oscureciendo su dominación absoluta y sus raíces profundas, destacando los rasgos y detalles secundarios, haciendo todo lo posible para distraer la atención de lo fundamental a través de proyectos de “reformas” sin importancia, tales como el control policial de los trusts o los bancos, etc…. la respuesta parece bastante plausible, pero en realidad es una defensa más sutil y velada (y, por tanto, más peligrosa) de la conciliación con el imperialismo, pues una “lucha” contra la política de los trusts y de los bancos que no afecte a las bases de sus economías es mero reformismo y pacifismo burgueses, es la expresión benevolente de unos deseos inofensivos. Eludir las contradicciones existentes, olvidar las más importantes, en vez de ponerlas al descubierto en toda su profundidad: en esto consiste la teoría de Kautsky, que nada tiene que ver con el marxismo.”
Agrega también: “La única línea marxista en el movimiento obrero mundial consiste en explicar a las masas que la escisión con el oportunismo es inevitable e imprescindible, en educarlas para la revolución en una lucha despiadada contra él, en aprovechar la experiencia de la guerra para desenmascarar todas las infamias de la política obrera liberal-nacionalista, y no para encubrirlas.”
La guerra que la OTAN está haciendo contra Rusia, es una guerra que responde a los intereses imperialistas de occidente por mantener el control de la economía y política mundial. El momento histórico marca una crisis civilizatoria y de caída de las estructuras institucionales y consensos nacidos luego de la Segunda Guerra Mundial. A principios de los 90 Fukuyama diagnosticó el fin de la historia, pero se equivocó, la historia sigue su curso inexorable.
La lucha del movimiento obrero no puede ser neutral ante este escenario, se debe apoyar a los pueblos y gobiernos que luchen contra el imperialismo.
“La tarea del proletariado consiste en reunir en un solo torrente revolucionario contra el imperialismo, la lucha del proletariado internacional socialista con la acción democrática nacional de los pueblos oprimidos. Esta tarea se plantea en el plano nacional de las colonias y países dependientes, unidad de todas las fuerzas patrióticas bajo la dirección de la clase obrera, aliada a los campesinos, y en el plano internacional, apoyo mutuo y solidaridad militante entre el proletariado y los pueblos que luchan por la democracia y la independencia nacional.” Rodney Arismendi
Lenin planteaba que a pesar de los horrores, había guerras útiles para el progreso de la humanidad porque contribuían a destruir “instituciones particularmente nocivas y reaccionarias…y las formas más bárbaras del despotismo”. Nadie debe dudar que la victoria de Rusia en la guerra contra la OTAN contribuye a destruir a la peor institución de nuestros tiempos, el imperialismo.
Fuentes:
- El Imperialismo, fase superior del capitalismo. V.I. Lenin
- El imperialismo y la escisión del socialismo. V.I. Lenin
- El Socialismo y la guerra. V.I. Lenin
- Problemas de una revolución continental. Rondey Arismendi
