“Las penas y las vaquitas
Se van por la misma senda
Las penas son de nosotros
Las vaquitas son ajenas”
Atahualpa Yupanqui
Rosana Porteiro
El Chasque 214
5/12/2025
El 3 de diciembre, fecha en la que cumplían 118 días de lucha, un grupo de trabajadores sindicalizados despedidos de la Compañía Láctea Agropecuaria Lecheros de Young SA (Claldy), se trasladó de Young, departamento de Río Negro, a Montevideo, se instaló en “la Carpa de la dignidad”, en la Plaza Independencia frente a la Torre Ejecutiva y dos de los trabajadores, Aníbal Apolloniay Mauricio Fernández, comenzaron el 4 de diciembre, una huelga de hambre.
Una de las definiciones de huelga de hambre, “forma de resistencia no violenta y extrema, a menudo usada cuando los participantes sienten que no tienen otras vías para hacer escuchar sus demandas”, pocas veces debe haber calzado tan bien en una situación, como en la que atraviesan los trabajadores despedidos de la empresa Claldy.
Casi cuatro meses acampando en una carpa sindical ubicada frente a la planta de la empresa sobre la ruta nacional N°3 en Young por el reintegro de los trabajadores despedidos, lidiando con un relato de los empresarios que se impone en esa comunidad pequeña de Río Negro e invisibiliza la perspectiva de los trabajadores y con una patronal que en las instancias de negociación colectiva se niega a acordar, son suficientes causales de sentir que no tenían otras vías para hacer escuchar sus demandas que hacerlas visibles en Montevideo y llegar a la medida de huelga de hambre.
En diálogo con Aníbal Apollonia el día anterior a que comenzara la huelga de hambre, explicó que en agosto la empresa despidió a 32 trabajadores y quedaron en la planta trabajando en la actualidad 154 operarios.
“Al día de la fecha quedamos ocho trabajadores luchando por el reintegro, llegamos a esta decisión debido a que en todo este tiempo no tuvimos una respuesta positiva a nuestro reclamo de parte de la empresa, lo que nos obligó a tomar esta medida extrema”, afirmó. Señaló que lamentablemente la empresa logró fomentar el miedo entre los compañeros que quedaron trabajando y de ese modo consiguió que se disgregara el sindicato.
“El argumento de la empresa al comunicarles la decisión fue que era parte de una reestructura para reducir costos y en realidad esto no es así porque al momento de despedirnos, la empresa comenzó a exigir a los trabajadores que quedaron que cumplieran horas extras, algunos hasta hoy están haciendo turnos de 12 horas por día y trabajando hasta los domingos, algo que nunca se había hecho”, añadió.
Indicó que además “evidentemente se trata de despidos antisindicales porque los 32 que quedamos fuera de la empresa éramos sindicalizados, entre ellos, los integrantes de la mesa ejecutiva actual y de la anterior del gremio”. Entiende que la negativa permanente la empresa a reincorporarlos en su puesto de trabajo, “no hace más que ratificar que la idea de la empresa era borrar el sindicato de adentro de la planta”.
Explicó que el encontrarse lejos del movimiento de la capital “nos jugó en contra, estamos pasando casi desapercibidos, por eso cuando tomamos esta decisión llegamos a la conclusión de que tenía que ser acá en Montevideo donde se podía generar una mayor visibilidad a nuestro problema”.
Señaló que algo que contribuyó con esa invisibilidad que tuvieron en Young, fue que “se trata de una comunidad relativamente pequeña y particularmente reacia a todo lo que tiene que ver con los movimientos sindicales y sociales, se nos hizo muy cuesta arriba plantear la situación y encontrar apoyo en la comunidad”.
Añadió que convivieron con la intención de la empresa de construir en la comunidad una percepción negativa de los trabajadores sindicalizados, potenciada además por declaraciones para crear una imagen de malos trabajadores, boicoteadores de máquinas, etc, de las personas despedidas. “Esto, a lo que se suma una edad de cada uno de nosotros, en la que ya es difícil conseguir trabajo, nos hace casi imposible la reinserción laboral”.
No obstante destacó el acompañamiento permanente de la Federación de Trabajadores de la Industria Láctea (FTIL)“que siempre nos brindó su apoyo y buscó que se generaran las instancia para tratar de revertir nuestra situación” así como participó de la instalación de la carpa en Montevideo y acompaña todo esta lucha en la capital.
