Gonzalo Alsina
El Chasque 218
2/01/2026
Cuesta creer que aun hay gente de izquierda que tiene un chavismo vergonzante, aún en aquellos que denuncian y condenan la amenaza imperialista contra la República Bolivariana de Venezuela.
Hay tres revoluciones en la segunda mitad del siglo XX en Nuestra América: la Revolución Cubana en 1959; la Sandinista en 1979 y la Bolivariana a partir de 1999.
Por algo el imperialismo yanqui tiene estos tres países en el centro de su estrategia.
Para que los jóvenes se aproximen a la Revolución Bolivariana, que mejor que hablemos un poco del pensamiento del Comandante eterno Hugo Chávez Frías.
Para ello me voy a basar en el libro de tres tomos: “Hugo Chávez Mi Primera Vida” de Ignacio Ramonet, de Vadell hermanos Editores, Tercera edición, enero de 2022, Caracas –Venezuela.
Para facilitar la lectura voy a veces a citar a Chávez y otras respetando su pensamiento, no será citado textual.
Como venimos haciendo referencia en artículos anteriores al pensamiento de Arismendi, éste en las polémicas de los años 60 y 70 del siglo XX, acuñó una frase que resume varios conceptos sobre los FF.AA: “ Ni antimilitarismo vulgar, ni paternalismo militar”.
Precisamente el Chavismo vergonzante desde sus inicios como explicamos en parte, en anteriores artículos, tiene que ver con el fuerte componente militar de la Revolución Bolivariana, y con una visión infantil aparentemente muy revolucionaria del antimilitarismo vulgar.
El movimiento militar encabezado por Chávez, entre otros, tuvo un proceso de dos décadas antes del levantamiento del 4 de febrero de 1992 contra el gobierno de Andrés Pérez, que asesinó centenares de venezolanos y venezolanas por salir a protestar contra el ajuste brutal ordenado por el FMI –conocido como el Caracazo-.
El contexto anterior al levantamiento militar jugó en contra del mismo, de acuerdo a lo dicho por Hugo Chávez. La derrota del Sandinismo en las elecciones del 25 de febrero de 1990, la caída del muro de Berlín del 9 de noviembre de 1989 y la URSS en1991 y las derrotas de los movimientos guerrilleros en El Salvador y Guatemala a comienzos de 1992.
Objetivamente estos sucesos mundiales fueron un golpe demoledor para gran parte de la izquierda venezolana. Dice el comandante: “En el segundo semestre de 1991, noté un decaimiento terrible en nuestros compañeros civiles de izquierda.”
Consecuencia de ello fue la falta de apoyo civil al levantamiento militar.
Al respecto dice Chávez: “[…] Salimos solos prácticamente. Nos encontramos sin la izquierda política, sin el movimiento popular…Esa fue una de las causas por las que decidí deponer las armas.”
Antes de ir a las palabras de Chávez para deponer las armas, voy a citar lo que dijo Fidel: “Chávez, no era general, ni tenía a su mando las instituciones militares, fue una insurrección desde abajo.”
O sea que es incorrecto que fuera un intento de golpe de Estado. Los golpes de Estado militares los encabezan los generales, o sea los mandos superiores. Y el 4 de febrero el que tenía más rango era Hugo Chávez y era teniente coronel.
El “mito” de Chávez empieza a gestarse cuando aparece en TV hablándole a todo el pueblo y diciendo: “Primero que nada quiero dar buenos días a todo el pueblo de Venezuela, y este mensaje bolivariano va dirigido a los valientes soldados que se encuentran en el Regimiento de Paracaidistas de Aragua y en la Brigada Blindada de Valencia. Compañeros. Lamentablemente, por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados en la ciudad capital. Es decir, nosotros, acá en Caracas, no logramos controlar el poder. Ustedes lo hicieron muy bien por allá, pero ya es tiempo de reflexionar y vendrán nuevas situaciones y el país tiene que enrumbarse definitivamente hacia un destino mejor. Así que oigan mi palabra. Oigan al comandante Chávez, quien les lanza este mensaje para que, por favor, reflexionen y depongan las armas porque ya, en verdad, los objetivos que nos hemos trazado a nivel nacional es imposible que los logremos. Compañeros: Oigan este mensaje solidario. Les agradezco su lealtad, les agradezco su valentía, su desprendimiento, y yo, ante el país y ante ustedes, asumo la responsabilidad de este movimiento militar bolivariano. Muchas gracias.”
Estas palabras conmovieron al pueblo venezolano. El levantamiento no logró sus objetivos pero ayudó al despertar del pueblo. El mismo pueblo que dos años después cuando es liberado salió por millones a las calles a rodear a su líder. Eso merece otro artículo.
Esta rebelión no fue cualquier rebelión. El 4 de mayo de 1962 hubo una insurrección militar muy puntual el “Carupanazo”, solo en la ciudad de Carúpano. O la del 2 de junio de 1962, el “Porteñazo” en Puerto Cabello.
“Lo nuestro no. Fue un movimiento que se estuvo preparando durante casi 20 años.” De alcance nacional donde se rompió con el antimilitarismo vulgar.
“…el pueblo se identificó con nuestro Movimiento, indiscutiblemente. Cosa que no siempre ocurre con respecto a la Fuerza Armada, usted lo sabe. Sobre todo en América Latina donde ha habido tantas experiencias gorilistas antipopulares.”
Estando presos los oficiales del levantamiento, el 10 de marzo de 1992, a un mes y seis días; se hizo un cacerolazo con la consigna: “Hoy es 10, son las 10, vete ya Carlos Andrés.” La gente apagaba las luces y caceroleaba. Fue como me dijo un compañero, como el que hicieron ustedes el 25 de agosto de 1980, contra la dictadura civil y militar fascista.
Luego fue tan grande la presión social por la libertad de los presos políticos militares, que los tuvieron que soltar. Salió Chávez como un héroe desde la cárcel. Recorrió todo el país varias veces de punta a punta entre los años 1994 a 1997 y ganó las elecciones el 6 de diciembre de 1998 con un aplastante 56,2%.
Le ganó a los medios de comunicación, a la oligarquía reaccionaria, a todo el gran capital, a la embajada de EE.UU y a todos los candidatos que se unieron para frenarlo. Y no pudieron.
Ramonet al final del capítulo 3 del tercer tomo le pregunta:
“A pesar de sus victorias electorales democráticas, a causa del 4 de febrero, algunos le siguen llamando “golpista”.”
“Sí, hay quien todavía nos llama “golpista”…Algunos confundidos ideológicamente, parten de un principio, dicen de nosotros: “son militares, luego son de derecha, son gorilas.” Es un error. Nosotros nunca pensamos en constituir una Junta Militar. Jamás quisimos dar un golpe de Estado Militar clásico para atropellar los derechos democráticos y los derechos humanos. Nunca. Somos antimilitaristas y antigorilas. Jamás fuimos golpistas. Insurjimos para colocarnos al lado del pueblo venezolano, como militares transformadores. A veces se calificó nuestra rebelión de “nasserista”. No lo era, no tendría sentido, pero sí en la medida en que teníamos un proyecto social, hasta socialista, un pensamiento panamericanista. O sea bolivariano, y una posición antiimperialista. Somos patriotas revolucionarios. “Golpistas” son los que se unen a la oligarquía para atropellar a su propio pueblo; “golpistas”, los que pretendieron instalar el 11 de abril de 2002 una dictadura en Venezuela; “golpistas” los apátridas que se arrodillan ante el imperialismo norteamericano. Nosotros somos bolivarianos, revolucionarios, socialistas, antiimperialistas…Y cada día los somos más.”
Ese legado sigue vigente en el gobierno y pueblo bolivariano, dispuestos a defender la patria con las armas en las manos, ante la agresión del imperialismo yanqui, encarnado en Donald Trump.
