El imperio contraataca

Julio Castillo
El Chasque
20/01/2026

-“Hace mucho tiempo en una galaxia muy, muy lejana […] Es una época oscura para la Rebelión. Aunque la Estrella de la Muerte ha sido destruida, las tropas imperiales han obligado a las fuerzas rebeldes a dejar sus bases secretas y las han perseguido a través de la galaxia”-

El film “La guerra de las galaxias: Episodio V – El Imperio contraataca” fue presentada al público el 21 de mayo de 1980. El guión, basado en una historia de George Lucas. Lo trágico es que la ficción se volvió realidad. No sucedió en una galaxia muy, muy lejana… Sucede en nuestra galaxia, en el sistema solar, en el planeta Tierra y en el siglo XXI.

El imperialismo nunca dejó de actuar. La diferencia en esta etapa consiste en que su táctica pasa por mostrar públicamente y sin eufemismos lo que puede hacer. Meter miedo. El otro aspecto es que aquellas instituciones que ocultaron o abalaron acciones encubiertas y fueron sus aliados (OEA, ONU, UE, etc.) hoy ya dejaron de serlo a razón de ser demasiadas pacatas y no expresan ni son funcionales a los objetivos e intereses de EEUU de reconquistar su papel hegemónico.

Ahora va por Groenlandia con la escusa de que China y Rusia amenaza con ocuparla y que es central para la seguridad. Falso de todas las falsedades. Groenlandia tienen mucho petróleo y tierras raras, recursos claves para la industria militar. Recientemente el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo que cobrará un impuesto de importación del 10% a partir de febrero sobre productos de ocho naciones europeas debido a la oposición al control estadounidense de Groenlandia. Pisa a sus propios aliados de la Unión Europea y socios en la OTAN que ya no saben que hacer, porque están de rodillas hace rato y no les ha dado resultado. Igual Trump los humilla.

Dinamarca, Noruega, Suecia, Francia, Alemania, el Reino Unido, los Países Bajos y Finlandia enfrentarían el arancel, que se elevaría al 25% el 1 de junio si no se llega a un acuerdo para “la compra total y completa de Groenlandia” por parte de Estados Unidos.

-“Luego de la destrucción de la República y el ataque por la resistencia a la estación espacial la Estrella de la Muerte, el imperio lanza un contraataque para tratar de destruir a los rebeldes y retomar su hegemonía galáctica de dominación.

En el episodio III, cuando Sidious proclama en el Parlamento el comienzo de la era imperial y el final de la República lo hace según sus palabras para construir un universo “seguro y estable” amenazado por los separatistas y por los Jedi. La mayoría de senadores prorrumpe en ovaciones y apoya el cambio de legalidad. Entre los que se oponen está Padmé, que comenta: “Así es como muere la libertad, entre aplausos”. Defendió con tesón la democracia afirmado en el Parlamento: “El día que dejemos de creer en la democracia, la perderemos”.

El Consejo imperial reunido parece un gabinete administrativo, en el que solo el general Tarkin tiene voz política. Explica que la estación espacial fue construida tras la guerra civil para acabar con las viejas instituciones republicanas: “El Senado ya no será necesario, el miedo a nuestra fuerza destructiva asegurará el orden. Podemos dejar el resto en manos de los gobiernos locales”.-

Trump se enfrenta a unos comicios en los que se va a poner a examen su gestión y ha afirmado que «ni siquiera deberían celebrar las elecciones de medio mandato” en una amenaza clara al sistema democrático americano.

Sabe que corre el riesgo de un cambio en la correlación de fuerzas dentro del Congreso que podría limitarlo en sus acciones autoritarias. Sus asesores desprecian profundamente la democracia porque ven en ella un freno para sus planes de expansión y agresión hacia determinados territorios estratégicos en esta nueva contraofensiva del Imperio por consolidar su hegemonía frente a su rival principal: China.

En la ficción vemos que a los felices habitantes del planeta Tatooine han sido sustituidos de un lado por capitalistas feroces dispuestos a cualquier genocidio por aumentar sus beneficios, y de otro por fundamentalistas religiosos enfrentados a muerte con los herejes por la conquista del poder. La mezcla de capitalismo salvaje y fanatismo religioso ha acabado con el orden democrático y puede borrarlo de la historia para siempre. Lo vemos hoy en sectores evangelistas que sostienen que Trump es un enviado de Dios. También lo dicen de Milei y de otros tantos. Son muchos los enviados de Dios. Pero lo más importante a señalar es que el conflicto se instala en el terreno moral y no en el terreno político social. Ese hecho permite justificar cualquier acción. Si Dios lo quiere.

Es tal que hay en la actualidad, nuevos adoradores del capitalismo y de la tecnología como Peter Thiel manifiestan que “la democracia y la libertad se han convertido en incompatibles”.

Este señor de origen alemán es un empresario y administrador de fondos de inversión libre y capitalista de riesgo. Cofundador de PayPal, junto a Elon Musk. Actualmente forma parte de la compañía Clarium Capital, un fondo macroglobal de inversión libre que administra más de dos mil millones de dólares, y es socio administrador de The Founders Fund, un fondo de capital de riesgo de 275 millones de dólares, fundado con Ken Howery y Lucas Nosek en 2004. Fue uno de los primeros inversores de Facebook y forma parte de su consejo de administración.

Thiel vuelve a convertir la geopolítica en Revelación. La Tierra se divide entre un espacio de resistencia al Apocalipsis —específicamente la frontera libertaria de Silicon Valley respaldada por Estados Unidos como retrasador del fin del mundo— y una red global de excesos burocráticos que hace el trabajo del Anticristo.

Esta visión presenta a las instituciones seculares de la modernidad como agentes apocalípticos, mientras que el capital y la tecnología aparecen como fuerzas redentoras. En Thiel, la decadencia del capitalismo, y la inevitable tendencia de la caída de la tasa de ganancias se transforman en un campo de batalla espiritual donde el Anticristo se identifica con la tributación, el multilateralismo, la regulación económica y la gobernanza ambiental, poniendo nuevamente el conflicto inherente del sistema en el terreno metafísico como forma de ocultar la verdadera esencia del capitalismo y la lucha de clases.

En el film “Avatar” vemos una relación directa a lo que vivimos hoy. Los acontecimientos que se narran en la historia se refieren a la invasión por parte de los humanos a Pandora, una luna del planeta Polifemo, con la intención de apoderarse de un mineral estratégico que supondría la solución a los problemas energéticos de la Tierra. Para eso debe destruir a su población que resiste la agresión. Uno de los personajes por medio de la tecnología puede ingresar a ese mundo y transformarse como los humanoides que habitan Pandora. Una especie de infiltrado, agente de la CIA, que haciéndose pasar por uno de ellos quiere convencer a ese pueblo de lo beneficioso que es para ellos que los humanos exploten ese mineral.

El parecido con la invasión a Venezuela es total. Donald Trump explicó que la razón por la cual invadió Venezuela y secuestró a su presidente y por las que Estados Unidos “gobernará” a Venezuela y controlará “indefinidamente” sus ventas de petróleo es porque “hace años nos quitaron el petróleo” y “robaron nuestros activos”. Sabemos que Venezuela cuenta con la reserva de petróleo más grande del mundo, un recurso estratégico para EEUU como respaldo del dólar y como activo energético.

La primera venta estadounidense de crudo venezolano fue a Vitol, una compañía con sede en Houston y cuyo socio donó alrededor de 6 millones de dólares a la campaña de reelección de Donald Trump.

El empresario petrolero John Addison participó en los esfuerzos de su compañía para asegurar un acuerdo de 250 millones de dólares para el crudo venezolano.

Como vemos, nada nuevo. La preocupación no era la democracia o la libertad del pueblo venezolano, nada de eso. Se trata simplemente de robar el petróleo venezolano y vendérselo a sus amigos.

“2001, odisea del espacio” de Stanley Kubrick fue estrenada el 3 de abril de 1968. En ella se anuncia la posibilidad del sometimiento de los humanos por parte de la tecnología inteligente. Tuvieron que transcurrir 58 años para que el tema propuesto en el film de Kurbrick sea hoy parte del debate y de la vida cotidiana, a nivel de los países y gobiernos en donde surgen interrogantes sobre los límites y consecuencias de la aplicación de la inteligencia artificial en la sociedades, etc.

Hoy la capacidad de imaginar un futuro diferente prácticamente ha desaparecido.
Cada vez la ficción se parece más a la realidad.

El arte siempre fue un campo de confrontación con la realidad y a su vez fue espacio para imaginar el futuro. Pero hoy la distancia entre la imaginación de un futuro determinado a la realidad actual prácticamente no existe, por el contrario la realidad termina superando a la ficción. Ir a ver “Avatar 3” en el actual contexto de genocidio Palestino, invasión a Venezuela, guerra en Ucrania, genocidio en Sudán, hambrunas, trompetas guerreristas que anuncian una posible guerra global es meramente un entretenimiento visual ya que lo que sucede en ese mundo imaginario hoy está sucediendo en la realidad.

Podemos declarar que algo se ha roto y ese algo es nuestra relación con el tiempo.

El futuro ha dejado de vivirse como una promesa de “esperanza” para ser vivido como una “amenaza” o algo peor; directamente su inexistencia. Esta sensación o experiencia sin “ese mañana” se vincula estrechamente a que desapareció la capacidad colectiva de imaginar un futuro distinto que no sea sucumbir en el infierno del capitalismo.

Esa falta de utopía, esperanza, sueño de un mundo diferente hace que se profundice el individualismo; “hacé la tuya”, vivir al día sin importar lo que le sucede al resto de la humanidad. Sin una proyecto colectivo, sin un nuevo horizonte que confronte el actual modelo de vida y la única razón que mueve al mundo siga siendo acumular riquezas; cuando las vidas son como hojas sin rumbo arrastradas por el viento, sin ninguna esperanza; entonces la necesidad de cambiar deja de existir.

Ante este calvario en que se ha transformado el mundo, la izquierda tiene un mandato que hace a su razón de ser; luchar contra la resignación y construir nuevamente el futuro y la esperanza de que se puede vivir en un mundo diferente.

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