Fuente: Publico.es / El Pais.com /Yahoo
Desde América Latina podemos decir: bienvenido a la realidad Primer Ministro Carney, desde todo el Sur Global recibimos con entusiasmo sus palabras que llaman a la unidad para defenderse de la bestia herida. De sus palabras se desprende que vivió décadas de comodidad, aliado a todo occidente, gracias a la explotación de las riquezas naturales y el trabajo semiesclavo de los países del tercer mundo.
Ahora recibe su propia medicina y reacciona, por suerte con más fuerza que la vieja Europa, pero llama a «las potencias medias… a actuar juntas” para defenderse.
Una vez más se olvida de nosotros, los del sur.
¿Será porque quiere seguir “estando en la mesa”, y que nosotros sigamos “en el menú»?
Esperemos que reflexione un poco más, la coyuntura es muy difícil dada la debilidad y decadencia del imperio, pero no solo, es todo el sistema que él sigue defendiendo el que está en una profunda crisis terminal, de la que Trump es el síntoma más evidente. No es la locura de un individuo, sino la reacción violenta y descarnada de un sistema imperial en decadencia. Así como cayó Roma, caerá el actual Imperio que solo sabe amenazar, reprimir, robar y matar, a sus enemigos, a sus aliados y a su propio y doliente pueblo, hundido en la desesperación, pero que ya se levanta resistiendo a esa Oligarquía que los somete, y triunfarán sobre El Talón de Hierro, como lo adelantara Jack London en su premonitora novela que escrita en 1907.
Como lo explicaba Ernesto Everhard, protagonista de El Talón de Hierro:
“Explicó la existencia de un millón y medio de revolucionarios en los Estados Unidos, acusando a la clase capitalista de haber gobernado mal a la sociedad. el poder productor del individuo civilizado es mil veces superior al del salvaje.
«Cinco hombres bastan ahora para producir pan para mil personas. Un solo hombre puede producir tela de algodón para doscientas cincuenta personas, tricotas para trescientas y calzado para mil. Uno se sentiría inclinado a concluir que con buena administración de la sociedad (hoy se) debería estar mucho más cómodamente que el hombre prehistórico. ¿Ocurre así?
«Si el poder de producción del hombre moderno es mil veces superior al del hombre de las cavernas, ¿por qué, pues, hay actualmente en los Estados Unidos quince millones de habitantes que no están alimentados ni alojados convenientemente y tres millones de niños que trabajan?
La clase capitalista se ha hecho pasible del delito de mala administración.
..el hombre moderno vive más miserablemente que su antepasado salvaje, en tanto que su poder productor es mil veces superior-
.. sois malos administradores, malos amos y vuestra mala gestión es imputable a vuestro egoísmo.”
El Triunfo de la clase obrera y el pueblo es inevitable, repetía constantemente.
El Chasque 221
23/01/2026
Desplantes, aranceles, presiones, intentos de interferir en elecciones, ataques a otros países, amenazas de apoderarse de Groenlandia por la fuerza… Lo de Donald Trump hace tiempo que está fuera de control y parece que la estrategia de agachar la cabeza no da resultados, por lo que sea. Tampoco en Europa, donde aún está por ver si hay capacidad y decisión para enfrentarse al bully de patio de colegio y buscar un lugar propio en el nuevo orden mundial del más fuerte.
Entre tanto, empiezan a surgir algunas voces que claman reacciones ante este nuevo estado de las cosas que se está imponiendo tan rápidamente.
Ahora la que ha provocado una gran reacción es la del primer ministro de Canadá, Mark Carney, con un potente discurso en un foro de líderes en Davos que no ha dejado indiferente a nadie. Una que llega justo después de que Trump haya publicado en sus redes una imagen en la que sale él junto a un mapa de Canadá con la bandera estadounidense.
Al inicio, Carney avanzó el tema de su discurso sin ambages:
«Hoy hablaré de la ruptura del orden mundial, del fin de la grata ficción y del amanecer de una realidad brutal en la que la geopolítica de las grandes potencias no tiene freno».
«Las potencias medias deben actuar juntas porque si no estás en la mesa estás en el
menú»
En los 16 minutos que duró, dejó algunas reflexiones contundentes que han sido muy comentadas en las redes en las últimas horas.
«El viejo orden no va a volver. No deberíamos lamentarlo. La nostalgia no es una estrategia», aseguró. También reconoció que «sabíamos que la historia del orden internacional basado en normas era parcialmente falsa». Y continuó: «El poder de los sin poder empieza con la honestidad», aseguró tomando como referencia las famosas palabras de Václav Havel.
Carney también dejó algunas pistas de por dónde cree que hay que empezar a transitar:
«Hay una tendencia a apaciguar, a evitar problemas. Es un error».
«Las potencias medias deben actuar juntas porque si no estás en la mesa estás en el menú«, añadió.
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Antes de llegar a Davos Donald Trump, en pleno pulso con medio planeta. El primer ministro de Canadá, Mark Carney, interrumpió con un potente y aplaudido discurso que sonó a advertencia directa contra el trumpismo.
- En su intervención alertó de que evitar el conflicto con las grandes potencias es un error.
- Y defendió que, cuando las reglas dejan de proteger, los países deben responder con más cooperación, alianzas y una defensa común frente a la ley del más fuerte.
Groenlandia como línea roja. Carney rechazó de forma tajante los aranceles que Trump amenaza con imponer a los países que defienden la soberanía de Groenlandia y reiteró el compromiso de Canadá con el Artículo 5 de la OTAN.
Trump llega sin intención de ceder. Mientras Carney hablaba de cooperación y resistencia, Trump viajaba a Davos más envalentonado que nunca.
- En las horas previas ha publicado imágenes manipuladas con inteligencia artificial en las que se atribuye la conquista de Groenlandia, Canadá y hasta Venezuela.
- También ha difundido mensajes privados de líderes aliados y ha usado amenazas arancelarias como herramienta de presión.
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Carney cuestionó sin rodeos el poder de las grandes potencias y advirtió que el actual esquema global dejó de funcionar para los países de tamaño intermedio.
«La ruptura del orden mundial» fue la definición que eligió para describir el momento histórico. No habló de transición ni de ajustes graduales. En su mirada, el sistema que rigió durante décadas ya no ofrece previsibilidad ni resguardo. Y en ese escenario lanzó una frase que recorrió el mundo en cuestión de minutos:
«Debemos actuar juntas, porque si no estamos en la mesa, estamos en el menú».
La intervención ocurrió mientras el tablero global mostraba señales de máxima tensión: la presión de Donald Trump sobre Groenlandia, las revueltas en Irán, la guerra en Ucrania, la captura de Nicolás Maduro en Venezuela y crisis profundas en distintos países de África. Con ese telón de fondo, Carney eligió interpelar a las potencias intermedias y plantear un camino alternativo frente a la lógica del poder sin límites.
Una advertencia directa sobre el poder de las grandes potencias.Canadá
En ese marco, Carney sostuvo que los países intermedios no son actores pasivos ni condenados a aceptar ese rol. En una de las primeras definiciones fuertes de su exposición, afirmó: «Los otros países, especialmente las potencias intermedias como Canadá, no son impotentes; tienen la capacidad de construir un nuevo orden que abarque nuestros valores, como el respeto por los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la solidaridad, la soberanía y la integridad territorial de los distintos Estados».
El mensaje tuvo un destinatario claro: las naciones que durante décadas confiaron en un esquema de reglas que hoy, según Carney, se aplica de forma selectiva. Para el primer ministro, ese sistema permitió prosperidad y estabilidad durante un tiempo, pero ya no garantiza protección frente a la presión de los más poderosos.
También alertó sobre una tendencia que considera peligrosa: la de acomodarse para evitar conflictos.
«Existe una fuerte tendencia de los países a seguir la corriente para llevarse bien, a acomodarse, a evitar problemas, a esperar que el cumplimiento compre seguridad. Pues bien, no lo hará», advirtió, antes de lanzar la pregunta que ordenó buena parte del discurso: «Entonces, ¿cuáles son nuestras opciones?».
Havel, la mentira y el fin de los rituales vacíos
Uno de los pasajes más citados de la exposición llegó cuando Carney apeló a la figura del ex presidente checo Václav Havel y a su ensayo El poder de los sin poder. El primer ministro recordó la metáfora del verdulero que colocaba un cartel ideológico en su vidriera sin creer en él, solo para evitar problemas.
«Havel llamó a esto ‘vivir dentro de una mentira’», explicó Carney ante un auditorio colmado. Y agregó que el poder de los sistemas no surge de su verdad, sino de la disposición colectiva a actuar como si fueran verdaderos. En esa línea, sostuvo que la fragilidad de esos esquemas aparece cuando alguien deja de cumplir el ritual.
«Amigos, ha llegado el momento de que empresas y países bajen sus carteles», lanzó, en una frase que generó una de las ovaciones más prolongadas de la jornada. Para el primer ministro, durante décadas países como Canadá prosperaron bajo lo que se llamó el orden internacional basado en reglas, aun sabiendo que esa historia era solo parcialmente cierta.
Carney enumeró las contradicciones que, según dijo, muchos prefirieron no señalar: reglas comerciales aplicadas de manera asimétrica, derecho internacional con distinto rigor según quién fuera el acusado y una hegemonía que se eximía de cumplir normas cuando le resultaba conveniente. «Esta ficción era útil» , reconoció, y destacó que Estados Unidos proveyó bienes públicos como rutas marítimas abiertas, estabilidad financiera y marcos de resolución de disputas.
Sin embargo, fue categórico al marcar un quiebre : «Este acuerdo ya no funciona» . En su visión, seguir invocando ese orden equivale a mantener un cartel que ya nadie cree.
La ruptura global y la economía como arma
Lejos de suavizar el diagnóstico, Carney profundizó su análisis y afirmó:
«Permítanme ser directo: estamos en medio de una ruptura, no de una transición».
Para el primer ministro, las crisis de las últimas dos décadas expusieron los riesgos de una integración global extrema, pero el problema se agravó cuando las grandes potencias comenzaron a usar esa integración como arma.
Aranceles, infraestructura financiera y cadenas de suministro aparecieron en su discurso como instrumentos de coerción. «No se puede vivir dentro de la mentira del beneficio mutuo a través de la integración cuando la integración se convierte en la fuente de tu subordinación», afirmó.
También puso bajo la lupa a las instituciones multilaterales tradicionales. Según señaló, organismos como la OMC, la ONU y las cumbres climáticas atraviesan una etapa de debilidad que deja a muchos países sin resguardo efectivo. En ese contexto, explicó por qué crece la búsqueda de autonomía estratégica en energía, alimentos, minerales críticos, finanzas y logística.
Carney no negó que ese impulso resulte comprensible, pero advirtió sobre sus consecuencias. «Un mundo de fortalezas será más pobre, más frágil y menos sostenible», afirmó, al tiempo que remarcó que la gestión de riesgos tiene costos altos cuando cada país actúa en soledad.
En otro tramo central del discurso, sostuvo que las grandes potencias pueden permitirse actuar solas por ahora, gracias a su tamaño de mercado y capacidad militar. Las potencias intermedias, en cambio, enfrentan un dilema: competir entre sí por el favor de los hegemones o coordinarse para construir un tercer camino con impacto real.
El giro estratégico de Canadá y el realismo basado en valores.
Carney dedicó una parte sustancial de su exposición a detallar el cambio de rumbo de Canadá. Afirmó que el país escuchó la llamada de atención antes que otros y modificó su postura estratégica de manera profunda. «Las viejas y cómodas suposiciones ya no son válidas», señaló, en referencia a la idea de que la geografía y las alianzas garantizaban prosperidad y seguridad.
El primer ministro definió el nuevo camino como un «realismo basado en valores», una expresión que atribuyó al presidente de Finlandia, Alexander Stubb. Según explicó, esa mirada combina principios firmes con pragmatismo. Canadá, dijo, mantiene su compromiso con la soberanía, la integridad territorial, los derechos humanos y la prohibición del uso de la fuerza fuera del marco de la ONU, pero reconoce que los intereses no siempre coinciden y que el progreso suele ser gradual.
«Ya no nos basamos solo en la fuerza de nuestros valores, sino también en el valor de nuestra fortaleza», afirmó. En ese punto, enumeró medidas concretas: reducción de impuestos sobre ingresos y ganancias de capital, eliminación de barreras federales al comercio interno y aceleración de inversiones por US$ 1 billón en energía, inteligencia artificial, minerales críticos y nuevos corredores comerciales.
También anunció que Canadá duplicará su gasto en defensa antes de que termine la década y que esas inversiones fortalecerán industrias nacionales. En política exterior, destacó la diversificación acelerada, con acuerdos estratégicos con la Unión Europea, China y Qatar, además de negociaciones de libre comercio con India, ASEAN, Tailandia, Filipinas y Mercosur.
Coaliciones flexibles, soberanía y una advertencia final
En el tramo final, Carney explicó la estrategia de «geometría variable», basada en coaliciones distintas para cada tema. Citó el caso de Ucrania, donde Canadá integra la coalición de países que apoyan su defensa, y la postura firme junto a Groenlandia y Dinamarca en materia de soberanía en el Ártico.
También reafirmó el compromiso con la OTAN y detalló inversiones sin precedentes en radares, submarinos, aeronaves y tropas. En comercio, habló del impulso para tender puentes entre el Acuerdo Transpacífico y la Unión Europea, con la creación de un bloque de 1.500 millones de personas. En minerales críticos, mencionó clubes de compradores anclados en el G7, y en inteligencia artificial, la cooperación entre democracias para evitar dependencias extremas.
La frase que condensó ese razonamiento volvió a escucharse cerca del cierre: «Las potencias intermedias deben actuar juntas porque, si no estamos en la mesa, estamos en el menú» . Para Carney, negociar de forma bilateral con un hegemón implica aceptar la debilidad y competir por complacencia, una situación que definió como una representación de la soberanía mientras se acepta la subordinación.
En la sesión de preguntas y respuestas, un entrevistador le consultó sobre la vulnerabilidad de Canadá frente a la presión comercial. Carney respondió sin rodeos: «No, eso no es así, hay bolsillos de presión extrema sin duda en Canadá, pero en términos generales estamos reaccionando». Y agregó que el país puede darse mucho más a sí mismo de lo que cualquier actor externo puede quitarle.
Consultado sobre si esperaba un regreso al mundo previo, fue claro: «El mundo antiguo no va a volver». Según explicó, Canadá no se quedará lamentando esa pérdida, sino que actúa para construir, junto con otros, un sistema nuevo, imperfecto y gradual, pero funcional.
Hacia el cierre, Carney enumeró los activos que, a su entender, posicionan a Canadá en este escenario: potencia energética, reservas de minerales críticos, población altamente educada, fondos de pensión de peso global y capacidad fiscal para actuar. A eso sumó un sistema democrático pluralista y un compromiso sostenido con la sostenibilidad.
«Estamos sacando el cartel de la vidriera», afirmó. Y dejó una definición que sintetizó el espíritu de su discurso en Davos: la nostalgia no es una estrategia, pero la honestidad y la acción colectiva pueden abrir un camino distinto en un mundo atravesado por la ruptura.
