Trabajadores de la pesca: los grandes olvidados por los derechos laborales

¿No sería urgente que el país aborde el cambio de matriz productiva con políticas industriales y cooperativas que sumen valor agregado a sus materias primas?

Tebas, la de las Siete Puertas, ¿quién la construyó?
En los libros figuran los nombres de los reyes.
¿Arrastraron los reyes los grandes bloques de piedra?
Y Babilonia, destruida tantas veces,
¿quién la volvió a construir otras tantas? ¿En qué casas
de la dorada Lima vivían los obreros que la construyeron?
La noche en que fue terminada la Muralla china,
¿adónde fueron los albañiles? Roma la Grande
está llena de arcos de triunfo. ¿Quién los erigió?
Una pregunta para cada historia.
«Preguntas de un obrero ante un libro» (fragmento)
Bertolt Brecht

Rosana Porteiro
El Chasque

10/02/2026

La jornada laboral de un trabajador del mar embarcado en un barco pesquero, frecuentemente no se acota a las 8 horas establecidas por la reglamentación laboral, ni siquiera a las 24 horas de un día, sino que puede extenderse a 36 o 40 horas de trabajo ininterrumpido, sin descanso.

Todas sus tareas, en general pesadas, se realizan en la cubierta de la embarcación y van desde barrer, levantar las tablas, reparar roturas, acondicionar de la forma establecida el pescado en cajas, agregarle hielo y bajarlas al llegar al puerto. Este trabajo lo realiza generalmente “una persona cansada, con el cuerpo extenuado, con frío, fatigada, a menudo bajo condiciones climáticas que no son los adecuadas, en un ambiente inhóspito o con el mar que arrasa en situaciones de temporal”, explicó Alex Pintos, dirigente del Sindicato Único de Trabajadores del Mar y Afines (SUNTMA).

Sin dejar de reconocer los avances fundamentales en materia de legislación laboral en Uruguay conquistados por la clase obrera, nos parece relevante reflexionar acerca de cuánto del contenido de estas leyes se plasma en la realidad cotidiana de todos los trabajadores y trabajadoras. Con esa interrogante, dialogamos con César Silvera, Harley Ferreira y Alex Pintos, tres integrantes del SUNTMA, sindicato que nuclea a marineros, cocineros y tripulación de cubierta en buques pesqueros de media altura, costeros y de gran porte (congeladores), así como a otros trabajadores vinculados a la actividad marítima, personal de mantenimiento, serenos, los que se ocupan de la carga y descarga, trabajadores de plantas pesqueras, procesadoras, granjas marítimas y de la pesca artesanal.

Pintos señaló que los trabajadores del mar no cuentan con un salario mínimo, sino que este es proporcional al volumen de la pesca y al valor del producto, “si la pesca de un barco escasea o se compone de peces de muy poco valor en el mercado puedes volver a tu casa de trabajar hasta con deudas”, explicó. A esto se suman irregularidades en el accionar de las empresas, “es frecuente que no paguen a los trabajadores lo que les corresponde, quieran liquidarle en cuotas el salario, una licencia o los haberes por la desvinculación de un barco y los obliguen a pelear para poder cobrar, asimismo que les quieran dar comida de mala calidad cuando están embarcados”. Con respecto a la región las condiciones laborales del sector pesquero nacional también están muy atrasadas, los trabajadores uruguayos son los únicos que tienen jornada ilimitada, están todos los días en el puerto esperando a que surjan viajes,

no hay trabajo genuino, estable, lo compañeros viven durante mucho tiempo en una changa continua, una eventualidad permanente, esa realidad nuestra abarca también a los trabajadores de descarga y mucho más a los de planta”.

Esta precariedad laboral afecta todos los aspectos de la vida de los trabajadores, no solo el económico sino también el familiar y emocional y se vincula asimismo con el derecho a la salud y a la seguridad laboral. Pintos explicó que en la actualidad no existe en la tripulación un trabajador que oficie de relevo del patrón de pesca, responsable de la labor específica de pescar, por lo que en las jornadas largas y extenuantes este tendría que cumplir su tarea sin descanso, sin posibilidad de dormir a veces durante 30 o 40 horas, con los riesgos en su salud así como de lesiones y accidentes que esto implica.

En la práctica los trabajadores de cubierta han venido cumpliendo en las jornadas extensas las tareas del patrón de pesca durante su descanso, tarea que la normativa y la descripción de cargo detallada en la libreta de embarque que se les entrega al comenzar a trabajar, no establece dentro de sus labores.

El SUNTMA reclama desde hace muchísimos años un tripulante más en base a que, “en el período de zafra o cuando se produce alguna rotura, el trabajador de cubierta tampoco descansa durante muchas horas porque mientras hay pescado no se duerme y cuando suplanta al patrón de pesca también sufre los riesgos que conlleva la doble tarea”, añadió. En ese sentido en 2025 los trabajadores del mar llevaron adelante un conflicto con esta reivindicación, en reclamo por salud y seguridad laboral, pedían que se sumara a la tripulación un trabajador más para cumplir la tarea de guardia y suplantara al patrón de pesca u otros trabajadores en descansos o imprevistos, reclamo que fue rechazado por las empresas.

Además en medio de las negociaciones con los trabajadores abrieron una convocatoria laboral a nuevos empleados con el único requisito de la cédula de identidad y con salarios de hasta 10.000 pesos diarios. “Este llamado además de ser engañoso porque ni iban a pagar ese salario ni se puede afirmar con esa liviandad que este trabajo se puede realizar solo con la cédula, sin un período de aprendizaje y sin la libreta de embarque o permiso para navegar, en un país donde 550 000 personas, casi la mitad de la población activa, está sumergida, cobra un salario de menos de 30.000 pesos mensuales, tuvo el único objetivo la destrucción del gremio”, sostuvo Pintos.

Señaló que con este fin también se alimentan prejuicios falsos acerca de los ambientes que generan los trabajadores del mar, se difunde la idea “que para embarcarnos nos batimos a duelo y andamos armados y la realidad dista mucho de eso”. Un ejemplo claro de esto es el traslado de los trabajadores de la pesca del puerto de Montevideo al puerto Capurro, “y desde que se inauguró hasta ahora, en Capurro no hubo ningún problema, en cambio en el puerto de Montevideo siguen habiendo robos, drogas, alcohol, lo único que no hay son pescadores”, apuntó Pintos.

A esta situación laboral de los trabajadores de la pesca se suman lo que llaman los «lock out patronales», suspensiones de actividad de los barcos por voluntad de las empresas, la mayoría capitales nacionales. “Las patronales siempre plantean que la causa de estos ceses de actividad es la imposibilidad de funcionar, amenazan con el cierre y manifiestan su preocupación porque va a quedar un montón de gente sin trabajo, pero en realidad usan a los trabajadores como rehenes con un objetivo meramente económico, son crisis artificiales creadas en ciertos momentos para que el Estado les rebaje impuestos, o el precio de los permisos de pesca”, resaltó Pintos. El último de estos eventos se produjo desde noviembre de 2023 cuando las empresas pararon la flota costera y parte también de la flota merlucera, y mantuvieron la suspensión durante 8 meses.

El último consejo de salario encontró a los trabajadores a un año de esta desocupación y aún sufriendo sus impactos. Inmediatamente después que los trabajadores levantaron las medidas gremiales llevadas adelante en 2025, las empresas generaron “un contrato leonino” en el que desaparecen todos los derechos sindicales y establecen la obligación de anotarse a una agencia de trabajo que les presta ese servicio, “obligan a la gente a firmarlo para poder trabajar”. No obstante, esta instancia tripartita no significó mejoras, “los empresarios se levantaron de la mesa de negociación del consejo de salario y manifestaron que iban a otorgar a los trabajadores solamente los lineamientos pautados por el Estado”.

Hoy los trabajadores continúan sin contar con un ingreso mínimo fijo que les permita suplir su subsistencia diaria en períodos de escasez de pesca y sin el tripulante extra de guardia, explicó Pintos. “Para nosotros obviamente este contrato no tiene ninguna validez porque lo que vale es lo que establece el convenio”, señaló. En este sentido resaltó que aunque sin medidas en el momento, el sindicato continúa en conflicto, “estamos trabajando con abogados y con técnicos prevencionistas, se generaron documentos que se presentaron al Ministerio y a la Inspección de Trabajo, y a todos los ministerios involucrados con la pesca y estamos esperando la respuesta para decidir cómo seguimos, porque entendemos que los acuerdos políticos de salida no se lograron”.

En lo que se refiere a los pescadores artesanales, Pintos apuntó que “están marginados del sistema, no se jubilan, no tienen aportes y ni ellos ni su familia tienen derecho a cobertura de salud a través del FONASA”. Sin embargo abastecen la industria pesquera, tanto en Montevideo como en el interior del país y por tanto alimentan las exportaciones”. Recordó que la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos (DINARA) admite que el 30% del pescado que se exporta, sale de la pesca artesanal, “tiene que haber una responsabilidad empresarial sobre este tipo de pesca”, afirmó.

Otro tema que les preocupa son las actividades de prospección sísmica en mares uruguayos (bombas de aire comprimido que emiten sonido cada 7 segundos a 263 decibeles, las 24 horas del día, durante un año con el objetivo de detectar yacimientos de petróleo), que se encuentran en vías de inicio a partir de la aprobación del Ministerio de Ambiente en 2025. Los trabajadores del SUNTMA recordaron que en 2012 se desarrolló una experiencia similar a la que se quiere llevar adelante actualmente pero de mucha menor extensión e intensidad. Más allá de que esta experiencia fue infructuosa por no encontrar yacimientos petrolíferos, provocó daños en la fauna marítima y se produjo una baja de la pesca cercana a un 45% que duró cuatro años, lo que acarreó la pérdida de numerosos puestos de trabajo del sector e impactó en forma negativa en las condiciones laborales tanto de los pescadores industriales como de los artesanales, destacaron.

Esta situación de la actividad pesquera y sus trabajadores, eslabón más vulnerado de la cadena pero no el más débil ya que sin él no sería posible la continuidad de la producción, nos genera numerosas interrogantes.

¿Qué cambios debería realizar el Estado para llevar adelante los monitoreos que le corresponden para garantizar los derechos humanos y laborales de los trabajadores de la pesca?

Datos del Instituto Nacional de Estadística revelan que a 2024 en Uruguay el 17,3 % de la población se encuentra en situación de pobreza y el 1,5 % de indigencia y que el 32 % de los menores de 6 años son pobres, existen pues cientos de miles de personas, en su mayoría mujeres, niños, niñas y adolescentes, en contextos de hambre o sin garantías de una alimentación adecuada para su desarrollo,

¿no sería pertinente que el Estado diseñara políticas públicas que articularan la producción pesquera con planes de alimentación para estas poblaciones?

Teniendo en cuenta el bajo nivel de consumo de pescado en Uruguay, un país de cara al mar y un alimento con grandes beneficios nutricionales, ¿no podría el Estado desarrollar planes de educación alimentaría dirigidos a la sociedad en general para mejorar el nivel de consumo interno de pescado y por ende la calidad de la alimentación?

“El 97, 98% de la pesca se exporta y lo que le queda al país de esta exportación son solo trabajos precarios”, señalaron los trabajadores del SUNTMA.

¿No sería urgente ya que el país aborde el tan postergado cambio de matriz productiva instrumentando políticas industriales y cooperativas que sumen valor agregado a sus materias primas, en este caso el pescado, garanticen salarios dignos y reviertan los recursos que la exportación deja en Uruguay?

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