Julio Castillo
El Chasque
10/02/2026
Robert Duvall, en su papel como el teniente coronel Bill Kilgore en Apocalypse Now pronuncia la frase «me encanta el olor a napalm por la mañana» sintetizando de manera clara dos aspectos centrales en el espíritu del imperialismo yanqui: el placer de la crueldad.
Generalmente el placer se asocia a momentos de felicidad, como ser el aroma a pan recién horneado, al olor de un bebé, el olor a pasto recién cortado o de la lluvia en la tierra reseca. Difícilmente podríamos encontrar placer y felicidad en el olor a fósforo blanco que en contacto con el oxígeno se transforma en una bomba de napalm. Un método utilizado en forma recurrente en la guerra de Vietnam para tratar de destruir lo inevitable; el triunfo del pueblo vietnamita.
Pero es evidente que el imperialismo lo único que conoce es la violencia, por lo tanto educa a millones en la violencia destructiva transformándola en un placer único que implica disfrutar hacerle daño a otras personas o a países.
Formaron en La Escuela de las América a cientos de oficiales de los ejércitos latinoamericanos en las prácticas contrainsurgentes, entre ellas los métodos de tortura. Todos vimos durante la guerra de Irak las imágenes que se hicieron públicas donde testimoniaban el disfrute de los torturadores al realizar su “trabajo”. Hollywood por medio de cientos de films ha tratado de naturalizar la tortura y la crueldad sobre la base de justificar la lucha contra un mal mayor.
Y de alguna forma se ha ido incorporando por parte de las sociedades la crueldad como sinónimo de placer.
Todavía tenemos capacidad de asombro cuando leemos los archivos que fueron liberados del caso Epstein. No entendemos como estas personas pueden llegar a ese nivel de crueldad. La base de ese comportamiento se encuentra en la impunidad del poderoso que cree que puede hacer lo que quiera. A Epstein lo suicidaron en la cárcel (para que no hablara) o de lo contrario Trump lo habría sobreseído como hizo con el narco expresidente de Honduras Juan Orlando Hernández.
Nada de esto en nuevo. La historia de EEUU se encuentra estrechamente ligada al placer de la crueldad.
EEUU construyó su economía sobre la base del comercio más brutal de la historia. Entre 1619 y 1865 más de 12 millones de africanos fueron arrancados de sus hogares. Solo 10 millones sobrevivieron el viaje. En 1787 la constitución estadounidense estableció que cada persona esclavizada equivalía a 3/5 de un ser humano para el propósito de la representación y hacer valer el peso del poder esclavista. Los campos de algodón producían unos 80 millones de dólares , equivalentes hoy a 2000 millones. Sobre esa riqueza se industrializó el norte, se crearon universidad como Yale y Harvard. Pero lo más oscuro no fue el látigo, ni las cadenas, ni las subastas de cuerpos bajo un sol indiferente. Lo más oscuro fue la capacidad humana de convertir el horror en rutina, de justificarlo, celebrarlo y heredarlo como si fuera un legado legítimo. J.P.Morgan Banck aseguraba a los esclavizados. Si morían, los dueños recibían compensación.
Como vemos esa conducta de sentir placer por la crueldad viene de lejos, no como simple comportamiento psicótico sino como método consciente de dominación. Hoy se expresa en el objetivo de Trump y Marco Rubio (el mafioso cubano) de ahogar lentamente a Cuba y a su gente por el simple goce y placer que le despierta la venganza por haberse atrevido a sacudirse la dictadura de Batista aliada de EEUU.
El bloqueo sobre Cuba es totalmente criminal. Son 64 años continuos, pero estos últimos se han extremado al máximo con la idea de provocar una explosión social y quebrar la dignidad cubana. Es muy difícil suponer lo que significa vivir, para una isla, un bloqueo total. Para los EEUU, Cuba no significa un peligro militar, como sí lo fue en el 62 con la presencia de misiles soviéticos. Hoy lo que molesta a los yanqui es la dignidad de ese pueblo que se transforma en ejemplo de resistencia contra la gran potencia.
Cuba se encuentra sola, más allá de las muestras de solidaridad de los pueblos. No hay un solo país que actúe concretamente para romper el bloqueo.
EEUU pretende ahogarla; sin medicamentos, sin energía eléctrica y sin petróleo.
Es real que una revolución comete sus errores y probablemente se seguirán cometiendo cada vez que se intente algo nuevo. Por lo menos los cubanos se animaron a sacudirse el imperialismo de arriba y tratar de construir un destino independiente. Aquí, desde el país de la corrección democrática republicana y liberal, donde la pobreza infantil es una verdadera vergüenza, donde la riqueza se acumula en pocas manos, donde hay personas que viven de la basura, y sin embargo nos creemos geniales porque entendemos que esto es la libertad; desde la comodidad aparente de nuestros hogares, desplegamos opiniones sobre lo que tendrían que hacer o no los cubanos en este momento o determinados análisis referidos a las posibles deformaciones del proceso revolucionario. Por supuesto que el que quiera dar las explicaciones del caso está en todo su derecho.
La invasión a Venezuela y ahora Cuba me trajo a la memoria una reunión de segundo año en el Liceo 29 donde cursaba mi hija. Un psicólogo, no recuerdo el nombre, repartió a los padres un texto que en forma resumida describía un hecho en el cual una muchacha vestida de forma “provocativa” se internaba por el bosque y un hombre que se encontraba ahí, impulsado por esa visión, la agredía y la violaba. El psicólogo preguntaba al final del texto de quién era la culpa de que eso sucediera. La mayoría dijo que era de la chica por ir vestida de forma provocativa.
Parece ser que el derecho de EEUU a invadir Venezuela, al igual que llevar adelante un bloqueo cruel sobre Cuba, se deba a la “provocación de haber hecho la revolución a solamente 90 millas y en el otro caso, a la nacionalización del petróleo.
En lo personal no tengo la estatura moral para decirle a los cubanos lo que tienen que hacer. Creo tener claro de que lado debo ponerme en este momento histórico. Cuando la guerra de las Malvinas impulsada por el aventurerismo de una dictadura argentina decadente nuestra posición fue apoyar a Argentina – no por provocar la guerra- sino porque históricamente las Malvinas pertenecen a los argentinos y el imperio británico se las robó. Apoyamos a Argentina contra Inglaterra y EEUU que le dio todo el soporte logístico durante ese conflicto bélico. Vale para los acontecimientos recientes con relación a Venezuela. No apoyamos la invasión y secuestro de Maduro y Cilia Flores por parte de los yanquis, inclusive si se instala como resultado de esa invasión una hermosa democracia liberal republicana, porque los temas de Venezuela lo deben resolver los venezolanos.
Tenemos opinión del proceso venezolano, del cubano y con más razón del uruguayo, pero a la hora de los hornos nos ubicamos del lado de los pueblos que luchan contra el imperialismo. Y no escupimos para arriba, ya escuchamos que a EEUU le preocupa este viaje y acuerdos firmados con China por parte del gobierno uruguayo.
Bajo la defensa de los valores democráticos en Uruguay, en Chile y Argentina se instalaron las dictaduras con ayuda de los EEUU y sabemos el grado de crueldad y maldad con que actuaron los personeros y esbirros de la oligarquía y del imperialismo yanqui.
Tenemos una mirada crítica sobre todo lo que sucede en el movimiento histórico internacional que lucha por alcanzar la libertad y el pleno goce de los beneficios del desarrollo de la humanidad, pero no olvidamos quién lo impide y quién es el enemigo de los pueblos latinoamericanos y del propio pueblo norteamericano.
A las pruebas me remito.
Construir un país digno y verdaderamente libre se une hoy, más que nunca, con la lucha contra el imperialismo yanqui y su crueldad.
