¿Representatividad? ¿Para qué?
Socióloga Liliana Pertuy
El Chasque 224
13/02/2026
En artículos anteriores he planteado tres preguntas claves para el accionar de un sector —o grupo— de izquierda. Aunque estas preguntas son más universales.
En una discusión política suele aparecer esta cuestión, no así en el sentido común. Sin embargo, considero que es una obligación de quienes quieren dedicarse a esta noble actividad no solo responderlas, sino además explicitarlas.
Vi una partecita de un conjunto de carnaval, que es un buen ejercicio de espejo de la actualidad, ademas de cultura y diversión. Un personaje dice que quiere ser político porque aportará parte de su sueldo, de su dinero. El “dueño” del grupo le dice: adelante. Otro personaje dice que no tiene dinero, pero entonces se le ocurre decir que tiene 100 mil likes. Ahí sí, lo aceptan.
El “dueño” del grupo argumenta que han cambiado los tiempos y que lo que importa ahora son los números.
Y me trajo esta reflexión.
Bauman, el sociólogo polaco, nos advertía sobre esto en su concepto, La modernidad líquida: la fragilidad de los vínculos, de los compromisos y la falta de empeño en la palabra dada.
Decir que “el mundo cambió” así, sin más, de forma superficial y como una cuestión dada metafísicamente, santifica y clausura la posibilidad de discusión y de confrontación de ideas.
Construye una pared: un adentro y un afuera. Si aceptás el “cambio de época” y la banalización licuada de la realidad, de la vida y de la política, estás adentro; si no, estás fuera, o en contra.
Nunca fue más necesario tratar de entender que la historia se mueve dialécticamente, que el mundo, la materia, está en movimiento, y que en ese movimiento está la transformación y la posibilidad de la superación.
Analizar el “¿para qué?” es una pregunta simple, pero cargada de futuro.
Sin duda, algunos resolverán su “para qué” en términos de poder, de ganar un buen sueldo, de darle bienestar a su familia. Otros lo harán por prestigio, por sentirse importantes, etc. No estoy haciendo aquí un juicio de valor.
Pero si se pretende ser de izquierda, es una condición moral y ética explicitar el para qué.
Ahí está la cuestión.
Eso se llama contenido, ideas, ideología: es la dimensión cualitativa de esta historia.
¿Y qué son la moral y la ética desde los principios del mundo? Son los valores esenciales para construir comunidad. Los valores éticos establecen unas formas de ser, y la moral son las normas y costumbres para vivir en comunidad.
Desde las religiones se plantean estos valores: justicia, protección, integridad, respeto, libertad, solidaridad con otros. Nada nuevo. Es lo que necesitamos para vivir en grupos.
Los sectores de izquierda también planteamos esto: defienden a los desposeídos, luchan por la justicia, están en contra de las desigualdades, son solidarios, no someten ni castigan a otros, tratan de ser buena gente.
Nada de estos valores nos es ajeno como humanos. Son parte de nuestra necesaria construcción situada.
Ahora bien, cuando se justifican diciendo que “no se puede”, cuando invocan a Max Weber y afirman que los guía la ética de la responsabilidad. La verdad es que la primera responsabilidad debiera ser con los principios, luego en acuerdo común, dada la explicitación de las situaciones a resolver y los recursos de todo tipo, con que se cuenta, se convendrá que medidas se adoptan, eso es la construcción del consenso. El consenso se refiere a un acuerdo general o a un entendimiento compartido entre los miembros de un grupo respecto de una decisión u opinión. Desempeña un papel crucial en la toma de decisiones colectivas, ya que ayuda a garantizar que todas las voces sean escuchadas y consideradas, promoviendo la cooperación y reduciendo los conflictos.
Y cuando los menos letrados justifican su poder únicamente en los números de la “representatividad”, cabe preguntarse:
¿ la representatividad en el siglo XXI es solamente numérica?
¿será la adecuada para una sociedad, como refirió el dueño del conjunto, “ahora lo que importan son los números”?
¿en la política del siglo XXI la ética, los valores y los principios son irrelevantes?
¿no será que nos alejamos de aquello que pretendimos ser?
¿O acaso cambió el “para qué”?
Claro que 1 millón son muchos mas que 300 mil, pero mi reflexión final de acuerdo a mi historia es que para que hubiera 300 mil y luego un millón, hubo un puñado que se jugó la vida por principios y valores, que aguantó, resistió y construyó. Y muchos murieron. Esa es también parte de la historia, de la ética, de la moral.
