Rosana Porteiro
El Chasque 225
20/02/2026
No me gaste las palabras
no cambie el significado
mire que lo que yo quiero
lo tengo bastante claro
No me ensucie las palabras
no les quite su sabor
y límpiese bien la boca
si dice revolución.
Mario Benedetti Las Palabras (fragmento)
En un momento histórico en que los discursos políticos y mediáticos parecen hacer lo posible por despojar a las palabras de su contenido, algunos procesos llevados adelante por movimientos sociales organizados en Uruguay, como la Coordinadora de ollas populares, que encarnan o profundizan el significado de las palabras solidaridad y política, son un bastión de resistencia a este despojo. Las ollas y merenderos organizadas en 2020, algunas de las cuales funcionan hasta hoy, fueron llevadas adelante por comisiones de fomento, colectivos de vecinos, grupos familiares, religiosos, centros sociales y clubes deportivos, con el fin de afrontar la emergencia sanitaria por la pandemia de Covid-19 y sus consecuencias, que impactaron especialmente en poblaciones de menores recursos,
Encarnar la palabra solidaridad
Datos emanados del primer relevamiento de ollas y merenderos realizado en diciembre de 2020 por un equipo integrado por docentes y estudiantes de la Facultad de Ciencias Sociales de la Udelar junto con la Asociación de Empleados Bancarios del Uruguay (AEBU), reveló que funcionaron ese año alrededor de 700 iniciativas, 40 % en Montevideo y 60 % en el interior del país, organizadas por unas 6100 personas, como respuesta a las necesidades alimentarias básicas de una 55 mil personas. Desde la segunda mitad de marzo hasta finales de julio de 2020 estas iniciativas alcanzaron su pico máximo y sirvieron 5.919.000 porciones.

Dialogamos acerca de este proceso colectivo con Brenda Bogliaccini, integrante de la Organización de Usuarias y Usuarios de Salud del Oeste ubicada en el barrio Cerro y de la Coordinadora Popular y Solidaria “Ollas por vida digna” (CPS) que nuclea ollas, merenderos y otras iniciativas que nacen de la emergencia alimentaria.
Bogliaccini recordó que en 2020, cuando se decreta la emergencia sanitaria a causa de la pandemia, en un contexto de cierre de instituciones entre ellas las policlínicas de ASSE, comienzan a surgir ollas por distintos barrios de Montevideo y el interior del país. Referentes territoriales, en su caso del barrio Cerro, se contactaron con estas iniciativas y se reunieron para discutir qué hacían para apoyarlas. “En una primera etapa, el trabajo fundamental fue el de construir redes para responder a la situación de emergencia que en ese momento era aguda, porque no se contaba con más insumos que los que proporcionaban en forma solidaria los entornos, ese año no hubo aportes de ningún tipo por parte del Estado”. En agosto de 2020, a partir de un encuentro entre referentes de las ollas y merenderos, surgió la “Coordinadora Popular y Solidaria Ollas por Vida Digna” (CPS) que continúa funcionando en la actualidad. Bogliaccini resaltó que esa primera etapa fue muy dura, “había mucha gente que no tenía trabajo, la mayoría son trabajadores informales que en el periodo de pandemia quedaron sin la posibilidad de traer el sustento a su casa, llegaban a la olla padres llorando porque no tenían con qué alimentar a sus hijos”.
“Lo central era juntarse, reunir la comida, repartirla, en un momento de aislamiento estar atentos a lo que le pasaba a la gente, se daba una cuestión de contacto, de vínculo, los vecinos te contaban sus problemas y se armaban redes de apoyo y estrategias autogestionadas por los mismos referentes de las ollas, algunos brindaban talleres acerca de temas salud, adicciones, etc. de acuerdo a sus conocimientos y a las problemáticas del territorio”, añadió. El proceso de construcción de las redes de ollas y merenderos estuvo marcado desde el inicio por demostraciones de solidaridad de vecinos y comerciantes y fuertes vínculos con organizaciones comunitarias y con los sindicatos, muchos de los que “se acercaron a dar una mano y a charlar con los vecinos”.
Resignificación de la palabra política
Bogliaccini explicó que las ollas y merenderos tuvieron que enfrentarse a una idea errónea muy instalada y generalizada en los sectores medios en Uruguay: que no existe el hambre en el país. “En ese sentido las ollas son actores fundamentales, uno de los grandes logros de la Coordinadora Popular y Solidaria, de las ollas y de sus luchas organizadas, ha sido instalar el tema del hambre en la agenda pública en tanto hablamos, mostramos, pusimos sobre la mesa que el hambre no se originó con la pandemia y tenía su origen en una gran desigualdad estructural, articulamos con la Escuela de Nutrición y con el equipo de la Facultad de Ciencias Sociales de la Udelar, además en un contexto de emergencia sanitaria”, sostuvo.
La CPS durante tres años se reunió dos veces por semana, una vez para el plenario donde los referentes de las ollas discutían, compartían los acuerdos y planteaban los problemas y preocupaciones que se les presentaban y otro día a la semana se reunían para la distribución de los insumos y vincularse con los vecinos. Llevaron adelante esta tarea en el marco de un Estado “que trató de desprestigiar todo el tiempo a las ollas populares acusando a algunas de ellas de falsas irregularidades, ofreciéndoles insumos a cambio de dejar de nuclearse en la CPS para quebrar la organización y totalmente omiso, tanto que apenas finalizó la emergencia sanitaria, a través del Ministro de Desarrollo Social (MIDES), en ese momento Martín Lema, declaró que el hambre había terminado y por tanto también el escaso apoyo que se brindaba a las ollas”. “Era necesario luchar, salir a la calle, denunciar, hablar del hambre, reclamar una respuesta y así lo hicimos, salimos con en nuestra consigna, “trabajo, pan y techo” para hacer visible que, “el hambre sigue”, apuntó.
Desde el inicio el objetivo de las redes de ollas no se restingió a asistir la necesidad alimentaria de las personas sino que apuntó también a que la militancia y el esfuerzo solidario que se desplegaba, generaran una experiencia organizativa que perdurara, que contribuyera a la construcción de comunidad. Este propósito tuvo un impulso en 2023 cuando a través de la firma de un acuerdo con la Intendencia de Montevideo se creó “Fondo Por Más” para apoyar a las Redes de Ollas y Merenderos Populares en la puesta en funcionamiento de proyectos comunitarios que estuvieran dirigidos a mejorar las oportunidades de inserción laboral de quienes sostienen y asisten a estos espacios.
Hoy la CPS mantiene la perspectiva interesante de pensar otras propuestas además de la elaboración de alimentos y estas varían ya que surgen de las inquietudes y necesidades de los barrios, que son diferentes entre sí, en el Cerro, una olla suma a la preparación y entrega de alimentos, un curso de costura y resina y otra una huerta. “Además de la olla, muchos hicimos cursos de panadería, peluquería, manicura y se generaron emprendimientos como “Chivipueblo” que elabora y vende chivitos saludables y la panadería “Vida digna”.
“No sabremos exactamente la acumulación de experiencia de vida que dejó este proceso en el territorio, pero para muchas personas era la primera vez que participaban en una construcción colectiva, horizontal como esta y que demandó generar vínculos con múltiples actores sociales e institucionales como la Intendencia de Montevideo”, explicó Bogliaccini. Actualmente la CPS se propone por un lado trabajar con la Escuela de Nutrición y con la Institución Nacional los Derechos Humanos, el tema del hambre y luchar para que sea un objetivo en Uruguay erradicarla. Para ello plantean que el Estado brinde alimentación no solo en educación Primaria, sino también en Secundaria y UTU. Por otro lado, continúan con el trabajo de generar emprendimientos, “tenemos una propuesta de que integrantes de la red de ollas del Cerro accedan a un trabajo con derechos y una labor comunitaria, vinculada a comedores comunitarios”.
“Cuando comenzamos a funcionar en 2020 todo el mundo miraba con desconfianza al de al lado y si se llevaba un poco más de una cosa o la otra”, recordó. En ese contexto comenzaron a generar conversaciones, intercambios y discusiones acerca de temas como, si el Estado tenía que responder al problema del hambre; la alimentación como un derecho; ¿Qué es hacer política?; ¿Qué no es hacer política?; y si la red tenía que abordar temas políticos o no. “Tuvimos que desarrollar muchas instancias en común para poder construir una confianza y un nosotros”, concluyó Bogliaccini.
A modo de reflexión final
Este gobierno se ha planteado el objetivo de “la revolución de las cosas simples”,
¿no entraría en esa categoría revolucionaria comenzar a pensar las problemáticas desde la perspectiva de quienes las sufren en vez de desde las que son funcionales al sistema?
¿No implicaría darse cuenta que en lo que se refiere a políticas públicas si hay recetas que se han aplicado por décadas y no funcionan para erradicar las problemáticas que apuntan a atender, es hora de cambiar las estrategias?
Y viceversa, ¿si hay experiencias que demuestran que funcionan para mejorar la vida de las personas y construirlas en colectivo como un actor crítico e imprescindible para su propia transformación social, no sería hora de estimularlas y potenciar su desarrollo y su reproducción en otros territorios para abordar las diversas problemática que los afectan?
