Nº2 – 23/2/2026
Corré la voz!
En Uruguay, mientras la pobreza infantil creció 3 puntos entre 2019 y 2024, el país tuvo 363 nuevos millonarios, según datos de UBS, un banco suizo que elabora el índice de riqueza global.
Hay muchos temas para abordar que requieren nuestra atención, pero hay uno en particular y es si los uruguayos entendemos la necesidad de aplicar una sobretasa al Impuesto al Patrimonio de las Personas Físicas al 1% más rico de Uruguay, unas 25,000 personas con un patrimonio igual o superior a un millón de dólares en inmuebles, tierras y capital financiero. La medida busca combatir como objetivo principal la pobreza infantil.
En el marco de la aprobación final del presupuesto, la senadora del Frente Amplio Liliam Kechichian señaló con satisfacción la labor del equipo económico del gobierno por haber logrado recursos “superiores” a los que se obtendrían a través de la propuesta del PIT-CNT sobre la base de un ajuste impositivo al 1% más rico de Uruguay, señalando además su preocupación de que el Frente Amplio se distraiga con este tema.
Nosotros creemos que vale el debate en torno a este asunto ya que descorre el telón y muestra que la existencia de la pobreza estructural se debe al sistema capitalista como único responsable ya que genera por un lado, la concentración de la riqueza en forma obscena y por otro, la desigualdad y la miseria a escala inhumana. Esta discusión permite ir más allá de señalamientos pecaminosos o moral sobre “la codicia de los multimillonarios”, ayuda a mostrar los verdaderos procesos a través de los cuales se produce la riqueza y su concentración y por lo tanto la necesidad del cambio del sistema.

El propósito de la producción capitalista no es la creación de mercancías para el bienestar humano, sino la apropiación del trabajo ajeno y la acumulación sin fin de la plusvalía creada por la clase trabajadora. Debatir sobre aplicar el 1% al 1% más rico, implica desnudar y mostrar a la economía dominante tal cual es y desmantelar su capacidad para legitimar la explotación y acumulación de la riqueza, ocultando los intereses capitalistas tras supuestas leyes naturales y objetivas de la economía. “Siempre fue así”. El reformismo acepta esa premisa y por lo tanto propone acciones para atenuar la brecha por medio de una distribución más equitativa o medidas fiscales. Se trata de “corregir la desviaciones que impulsa su ambición natural”. El capitalismo provoca las crisis porque necesita de ellas para seguir viviendo, reproduciéndose y acumulando riquezas en menos manos, por lo tanto, es de un gran oportunismo y falacia ideológica proponer “corregirlo” o “arreglarlo”; en realidad no hay nada a corregir; él funciona así.
De hecho, la esencia del capital siempre se ha basado en la subordinación de las necesidades humanas al imperativo del beneficio económico. Y hasta ahora ese ha sido el comportamiento del sistema capitalista en Uruguay y en el mundo. Basta ver que el crecimiento económico por sí solo no ha resuelto las desigualdades y la pobreza existente. Durante el gobierno de Luis Lacalle Pou la economía nacional creció casi seis puntos, y a pesar de eso el problema de la pobreza infantil no solo que no se resolvió, sino que se recrudeció, hoy hay más niños, niñas pobres. En 2019 había un 17% de niños y niñas menores de 6 años por debajo de la línea de pobreza; a fines de 2024, cuando culminó el gobierno de Lacalle Pou, la pobreza infantil superó el 20%.
En El Chasque del 15 de diciembre de 2025 señalábamos:

“El gráfico adjunto —que condensa casi setenta años de historia económica— muestra una verdad incontestable:
– Entre 1957 y 1984: el salario real se desploma en un contexto de estancamiento económico y leve crecimiento poblacional.
– De 1985 a 2024: el PBI crece (con un salto notable desde 2005), mientras el salario real se recupera débilmente, siempre a la zaga del producto. La población aumenta moderadamente.
La síntesis es elocuente:
1. La riqueza generada en un año se multiplicó por cuatro.
2. La población aumentó un 44%.
3. El poder adquisitivo del salario cayó fuertemente en términos reales.
La pregunta es obligada: si la torta nacional es cuatro veces más grande y solo hay un 44% más de comensales, ¿por qué la porción de los trabajadores es cada vez menor? ¿A dónde fue a parar ese excedente económico año tras año?
La respuesta es clara: fue apropiado por los dueños del capital. Es la plusvalía: la parte del valor creado por el trabajo, que no se retribuye a quienes lo generan.
Es cierto que la masiva incorporación de la mujer al mercado laboral aumentó la masa salarial total, pero este dato oculta una realidad más dura: revela el aumento de la tasa de explotación.
Hoy, dos salarios no alcanzan para lo que hace sesenta años cubría uno solo.
La conclusión es inevitable: ¿por qué ese millón adicional de uruguayos (un 44% más) no vive significativamente mejor, si la riqueza nacional se cuadruplicó?”
¿Cómo va a desarrollarse una sociedad que condena al 30% de sus niños a la pobreza, mientras el 1% más rico concentra el 40% de la riqueza nacional?
Descartar un instrumento de justicia distributiva, con argumentos inexactos y desde la soberbia tecnocrática, no es solo un error de política económica. Es una negación al mandato democrático y renunciar a construir un país para todos.
Si bien, aplicar una sobretasa al Impuesto al Patrimonio de las Personas Físicas, al 1% más rico de Uruguay no implica abolir el sistema capitalista, lo que sí se logra a través de esta medida es (además de atender la situación que encierra la pobreza infantil) hacerlo visible y ponerlo en la silla de los acusados como responsable directo de tanta desgracia. Como señalara Rosa Luxemburgo: “las Reformas son el medio, la Revolución es el fin”. Por lo tanto, discutir esta propuesta y explicarle al pueblo en su conjunto que el enemigo número uno de la humanidad es el capitalismo, permite elevar la batalla política e ideológica, confrontando a los sectores que defienden como un derecho divino, como ley natural la explotación y la acumulación de riquezas, elevando así la consciencia en la necesidad del cambio.
No creemos que los frenteamplistas se distraigan debatiendo en torno a esta propuesta. Por el contrario, hacemos un llamado a impulsar la iniciativa lanzada por el PIT-CNT y promover el debate con la comunidad.
En realidad queremos señalarle a la senadora Liliam Kechichian que la lucha contra la concentración de la riqueza y la desigualdad debe ser siempre el centro de toda preocupación de los militantes frenteamplistas, por aquello de que “los más infelices sean los más privilegiados”.
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Nº 1 -Un paso más para dar la batalla de ideas
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