LAS COSAS EN SU LUGAR…

Dramática bajante del Río Cebollatí

Fuente: De las redes

El Chasque
10/03/2026

Las lluvias van a llegar. Siempre llegan. La naturaleza tiene sus ciclos y no le pide permiso a nadie. Pero lo que estamos viendo hoy no es solo una sequía. No es simplemente “no ha llovido”. Es algo más incómodo. Más estructural. Más irresponsable.

La dramática bajante del Río Cebollatí, como la de tantos otros cursos de agua de nuestro departamento, no puede explicarse únicamente por el cielo seco. Hay una extracción sistemática, intensiva y muchas veces despiadada por parte de grandes productores que succionan el recurso como si fuera infinito. Como si el agua no fuera un bien común, sino una extensión privada de sus predios.

El resultado es previsible: déficit hídrico, ecosistemas alterados, poblaciones afectadas, pequeños productores asfixiados y comunidades enteras mirando un cauce que ya no parece un río, sino su cicatriz.

Y lo verdaderamente obsceno viene después.

Cuando la sequía arrecia, la misma que ayudaron a profundizar, esos mismos actores aparecen con la mano extendida reclamando asistencia estatal. Subsidios. Exoneraciones. Créditos blandos. Declaratorias de emergencia.

En tiempos de bonanza no invierten en sistemas alternativos de riego, en reservorios eficientes, en tecnologías de reutilización o en planificación hídrica responsable. ¿Para qué asumir costos si, cuando el agua falta, papá Estado está listo para amortiguar el golpe? El riesgo es colectivo; la rentabilidad, estrictamente privada.

Así se construye una ecuación perversa: se explota sin límites cuando hay abundancia y se reclama solidaridad cuando llega la escasez. Y en el medio, el río se vacía.

El Río Cebollatí no se está secando solo. Se está vaciando de responsabilidad.

Y eso, señores, no lo arregla la lluvia.

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