Corré la Voz
N.º 8 – 6/04/2026
¿Es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo?
Existe en el terreno subjetivo, en el sentido común, la sensación generalizada de que el capitalismo es el único sistema viable económicamente. “No hay alternativa”, sentenció Margaret Thatcher. Este es el verdadero triunfo de la ideología hegemónica generada por el propio sistema para sostenerse en el tiempo. Ya no pretenden convencer a millones de seres humanos de que el capitalismo es lo mejor, sino de que no es posible el cambio.
En ese contexto hemos perdimos la capacidad de imaginar el futuro y vivimos consumiendo y reciclando el pasado. Como un bucle en el tiempo vamos a “la noche de la nostalgia”, música retro, remakes, añoramos el pasado porque según el refrán “todo tiempo pasado fue mejor”. El futuro deja de existir en la medida de que no hay nada más allá de lo que ofrece el propio sistema capitalista. Esta idea construye la inmediatez, vivir el presente sin preocuparnos por lo que vendrá.
Sabemos que las cosas están mal, que este mundo está “loco, pero sentimos que no podemos hacer absolutamente nada para cambiarlo, por lo tanto, toda reflexión conduce a la impotencia, a la depresión y ansiedad. Estos cuadros emocionales no son producto de una mala racha, por el contrario son síntomas políticos provocados por un sistema que nos agota y del cual creemos no poder escapar.
En el actual contexto se fortalece la cultura y el comportamiento individualista, ya que al no ver la posibilidad del cambio, desemboca en negar la acción colectiva para lograrlo. En definitiva todo se resume en sobrevivir y mantenerse a flote, y el que no sabe nadar se ahoga. En pocas palabras, esto es lo que predomina en el pensamiento actual en nuestra sociedad.
Por lo tanto, inmersos en esa subjetividad, la política pierde el verdadero sentido y deja de tener validez como herramienta de cambio, para ser simplemente una forma más para alcanzar determinados beneficios personales.
Para el Partido Nacional y el Partido Colorado esa ha sido su característica histórica en como concebir la política con su práctica clientelar y los acomodos en la estructura de las instituciones.
Pero un tiempo a esta parte, ha ido permeando al propio Frente Amplio esa forma de entender la política. Vemos que existe un comportamiento oportunista y arribista en muchos integrantes del FA, donde el único objetivo es hacer carrera política en procura de obtener beneficios personales.
El hecho de alejarnos cada vez más del objetivo de la revolución termina consolidando un comportamiento funcional de la organización política al propio sistema. En la medida que la izquierda acepta un rol exclusivamente reformista y abandona la idea del cambio, entonces no existe la necesidad de crear y desarrollar una organización política para la revolución.
A la luz de los acontecimientos ¿cuál es la sensación que hay respecto al actual gobierno del Frente Amplio? Inclusive teniendo en cuenta los resultados del año 2025, con los incrementos salariales y de jubilación, las mejoras en la salud pública, la tasa de empleo y desocupación, es definitivamente de que aquí no pasa nada. Las últimas encuestas muestran un importante nivel de desaprobación del gobierno y en la imagen del Presidente
¿Puede ser un problema de comunicación o es resultado de una concepción ideológica? ¿Es el resultado de la revolución de las cosas simples?
El grueso de las políticas sociales son de carácter asistencialista. ¿Nos preguntamos, en que cambió para mejor la vida de los uruguayos con las acciones que se han instrumentado? Nos dicen que las personas en situación de calle es un problema mundial y con ese diagnóstico justificamos el fenómeno y nos conformamos. Nadie explica ni habla políticamente claro de cual es la raíz de esa desgracia, como se constituye y se genera. Se lo vacía de contenido político, pasando a ser un fenómeno aséptico, sin padre ni madre y la solución es meramente instrumental y técnica. También la pobreza y el hambre es un problema mundial. La derecha actualmente nos lleva la delantera; por lo menos trata de argumentar de que eso sucede porque son unos vagos, no les gusta trabajar, son unos inútiles que viven del Estado, etc. Para el FA es un “fenómeno sociocultural sistémico” y lo mejor que podemos hacer es mitigarlo y patearlo “pa delante”. Se hace lo que se puede.
Los acontecimientos no cambiarán de curso en tanto no actuemos sobre esa realidad. El mundo en que vivimos es resultado de una construcción material y cultural creada por el desarrollo de la humanidad. No es algo dado y de origen eterno. Depende de nosotros cambiar el rumbo de los acontecimientos y para eso es determinante contar con una organización política capaz de luchar y derrotar a la dictadura del capital con todo su poder.
Hay quienes huyen de esta idea, «la gente ve con desconfianza todo lo que aluda a movimiento, partido, estructura partidaria”, etc.
La organización política se convierte en un lugar donde dirigen unos pocos, no hay democracia, solo preocupados por los cargos, más cuando se accede al gobierno.
Con esta negación, «cedemos», aceptamos que “la política” no es el camino para los cambios, creemos que hay una «clase política» por encima de las clases sociales, por lo tanto “políticos” de derecha y de izquierda pasan a ser lo mismo, todos preocupados por su beneficio personal.
Digamos que desde el punto de vista ideológico, cultural, es una gran victoria del pensamiento dominante, pues le quita a las clases subalternas la única posibilidad, la herramienta para producir las transformaciones.
Sin una fuerte organización política con un rumbo de cambios revolucionarios será imposible doblegar el poder económico, político, el Estado al servicio de la clase dominante y “poner el pueblo a gobernar”
Nosotros afirmamos que es imprescindible construir una fuerza política organizada para la revolución como planteara Gramsci, preparada para los momentos de definición que seguramente se presentarán en el futuro. Ya lo vivimos en la lucha contra la dictadura, sin esa fuerza “preparada para los momentos de definición” no hubiese sido posible la resistencia y su derrota final.
Junto a la necesidad de construir una organización política revolucionaria se presenta también – como la otra cara de la moneda – la necesidad de desarrollar la teoría revolucionaria frente a los nuevos tiempos históricos en que vivimos, de lo cual destacamos la reflexión del Dr. Ioannis Ninos profesor en el Departamento de Filosofía de la Universidad Nacional y Kapodistria de Atenas, donde enseña idealismo alemán y filosofía francesa:
“…En este marco, y a la luz de los desafíos contemporáneos, he señalado cuestiones relativas a la lucha de clases que requieren una elaboración teórica.”
“… para ello es fundamental el desarrollo de una teoría marxista contemporánea de las clases. En relación con este tema se encuentra la cuestión del sujeto político. En estas condiciones, enfaticé que la teoría marxista debe profundizar en la problemática del sujeto político a la luz de los cambios contemporáneos en el capitalismo global.”
“En la medida en que, en el capitalismo contemporáneo, nos enfrentamos a cambios fundamentales en el carácter del trabajo —como el rápido aumento del trabajo intelectual—, así como a transformaciones esenciales en la esfera de la cultura (y, por ende, en las subjetividades de la clase obrera), esto inevitablemente redefine la cuestión de la organización política y los modos de participación en ella.
Por lo tanto, la organización política revolucionaria debe comprenderse en su historicidad. Esto significa que las estructuras, instituciones y procedimientos que constituyen el sujeto político revolucionario deben ser adecuados al carácter particular de la composición social históricamente específica de la clase obrera.
Aquí cabe destacar un punto adicional. En mi opinión, el factor más importante que determina la estructura y la forma del sujeto político revolucionario son los desafíos reales y prácticos que enfrentan la lucha de clases y el movimiento revolucionario. Por lo tanto, la estructura y la forma del sujeto político deben ser las más adecuadas para resolverlos.
Sin embargo, si bien este es el aspecto esencial, está vinculado a cómo los individuos históricos reales de la clase obrera y de las clases subalternas en general se activan colectivamente en el proceso de transformación social revolucionaria.
En consecuencia, el sujeto político revolucionario debe, en cierta medida, corresponder a su carácter histórico y social particular. Por lo tanto, una teoría contemporánea del sujeto político es indispensable para las perspectivas del movimiento revolucionario.”
Por lo tanto, si entendemos que el sistema capitalista es creación y producto del desarrollo de la humanidad, entonces podemos establecer que la teoría que sostienen la perdurabilidad del capitalismo hasta el fin de los tiempos – hasta agotar todas las reservas del planeta- no es cierta, y podrá ser derrotado siempre y cuando exista una organización política con perspectiva revolucionaria capaz de influir en el rumbo de los acontecimientos.
Corré la Voz Nº 7
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