Cuba: la espina del imperialismo

Rosana Porteiro
El Chasque 232
10/04/2026

En el marco de un intercambio acerca de la revolución cubana y el rol de la mujer que se realizó el 20 de marzo en el comité de base del Frente Amplio Fernando Otorgués, participaron el Ministro Consejero para Asuntos Políticos de la Embajada, Freddy González, la Primera Secretaria encargada de los Asuntos Consulares de la Embajada de Cuba, Rachel Maury y el representante de la Comisión de Asuntos y Relaciones Internacionales del Frente Amplio (Carifa), Nicolás Pons.

González habló del difícil momento que atraviesa el pueblo cubano hoy a causa del recrudecimiento del bloqueo impuesto por EEUU que lleva más de 60 años pero que en los últimos tres meses ha impedido que llegue combustible a la isla, destacó: “los cubanos tenemos ese legado histórico que viene de nuestros indígenas cuando prefirieron que los quemaran antes que ser explotados o cambiados por el colonialismo español. Hoy tenemos herencia de lucha”.

Reflexionó: “¿Qué hace una sociedad capitalista, cuando está en un momento como el de la pandemia, sin recursos? Salva los bancos, despide trabajadores, relocaliza las empresas en otros países donde puedan seguir explotando al obrero, donde encuentren la materia prima para seguir, no les importa dejar a toda esa gente cesante”. “En Cuba en cambio lo que se hizo fue que los poquitos recursos que teníamos los manejamos para que el pueblo estuviera alimentado dignamente y sano y por eso, no solo fuimos el único país que produjo vacunas, sino que hicimos cinco y todo fue gratuito», afirmó. Añadió que las otras vacunas las hicieron laboratorios transnacionales que tenían el respaldo del capital de varios países y que además, en Europa, le pidieron dinero a los estados para producirlas y después se las vendieron, o sea, le cobraron doble.

González señaló que los críticos de Cuba alegan que el 70% de la población cubana no apoya a la revolución. Considera que este argumento es extraño porque hace muy poco tiempo, en 2019, fue la última vez que cambiaron la Constitución en el país, “un ejercicio democrático como no se hace en casi ningún lugar del mundo”, destacó. Explicó que las principales leyes en Cuba se elaboran a partir de la propuesta de un grupo de expertos legales y después miles de asambleas en centros de trabajo, obreros, sindicatos, organizaciones sociales y los vecinos los barrios la analizan y proponen cambios. “Nuestra última constitución se cambió en un 76% más o menos del texto original en respuesta a lo que pidió la gente, y una de las cosas que la población respaldó fue el artículo 1 que establece el carácter socialista de la revolución”, afirmó.

Pero además, en Cuba no se dispone dinero para campaña electoral ni para el partido porque este no participa ni postula para las elecciones de quienes hacen las leyes. “Una persona que sea militante del partido puede ser electa, pero no es por eso que es elegida sino por su prestigio en la zona, en su centro de trabajo”, apuntó. En Cuba en los barrios la gente puede proponer como candidato a un vecino o este se puede autoproponer y se vota en asamblea a mano alzada. “En la mayoría de los países de este mundo las elecciones no se ganan por partido sino por dinero, el que más tiene, es el que es más visible, el que más lobby hace y gana las elecciones, por eso es que los fascistas que tienen mucho dinero, están volviendo a ganar elecciones en muchas partes, es preocupante”, manifestó. “Pero si tenemos nuestra propia democracia, la que decidimos la mayoría de los cubanos. ¿Por qué tendríamos que adoptar la democracia burguesa?”, reflexionó.

Fernández cerró su exposición con un fragmento del discurso de Camilo Cienfuegos al pueblo cubano del 26 de enero de 1959 en la terraza norte del actual Palacio de la Revolución: “De rodillas nos pondremos una vez, y una vez inclinaremos nuestras frentes, y será el día que lle­guemos a la tierra cubana que guarda veinte mil cu­banos, para decirles: ¡Her­manos, la Revolución está hecha, vuestra sangre no corrió en vano!”.  

Pons por su parte señaló que el modelo que se trazó el pueblo cubano “fue un escándalo en el 59 cuando triunfó la revolución y sigue siéndolo hoy desde el punto de vista teórico y práctico para el sistema capitalista actual que pone en riesgo hasta la propia supervivencia de los seres humanos en el globo en aras de una explotación exacerbada del medio ambiente intentando transformar grandes volúmenes de mercadería en bienes de consumo sin importar la esencia de lo más humano que tiene la raza que es justamente poder apostar a la convivencia pacífica, a la formación cultural y a la dignidad humana”. “Y eso se ha planteado la Revolución Cubana, el problema es que tiene enfrente al imperialismo norteamericano que promueve absolutamente todo lo contrario”, añadió. Entiende que el problema de Cuba para Estados Unidos es ideológico, “porque que una islita pequeña le pruebe al mundo que es posible encontrar otras lógicas de relacionamiento y convivencia, donde lo que se pondere sea la dignidad humana de todos y de todas y no solamente de los que más tienen o de los que más pueden, es un modelo escandaloso para el que nos toca vivir en clave mundial que es el capitalismo”.

Planteó que a partir del 3 de enero el mundo entró en una nueva etapa que cuestiona de manera profunda el sistema de Naciones Unidas que los países luego de la Segunda Guerra Mundial se dieron para buscar mecanismos de entendimiento, “el sistema que ya venía fracasando ese día cuando Estados Unidos invadió el  territorio venezolano, de alguna manera tocó fondo”, afirmó. Recordó que en los últimos 250 años de la historia de Estados Unidos, solamente en 20 años perlados, o sea discontinuos, Estados Unidos no tuvo una actitud beligerante o estuvo en conflicto con algún otro país. La primera señal de alerta acerca de la intervención de Norteamérica en el Sur la dio Simón Bolívar en1829 al coronel Patricio Campbell diciendo que “los Estados Unidos parecen destinados por la providencia a plagar la vida de miserias en nombre de la libertad”. A partir de ese momento, a través de la doctrina Monroe que tenía como consigna “América para los americanos”, la lista de intervenciones de Estados Unidos en Latinoamérica es numerosa, incluyendo su colaboración con las dictaduras militares de Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Chile en los años 70 y 80 a través del Plan Cóndor, coordinación represiva entre las inteligencias militares de los países de la región y la Escuela de las Américas que formaba a los militares en técnicas de tortura.

Pons señaló que hoy las acciones de Estados Unidos en el mundo y en especial en América y el Caribe, en países como Venezuela y Cuba marcan un cambio de época, que tiene algunas diferencias peculiares con todos los antecedentes de 200 años de historia de intervencionismo directo. Destacó seis afirmaciones que caracterizan para la Carifa la nueva etapa de Estados Unidos y su vínculo con América Latina y el Caribe. «La primera, lo que sucede en Latinoamérica es producto de una planificación del gobierno norteamericano; lo segundo, hay que definir con precisión cuando hablamos con los vecinos y con las vecinas, cuando salimos a tratar estos temas entre nosotros y en la calle, que lo que estamos viviendo es una calculada, planificada agenda de dominación; tercero, aunque la dinámica global muestre que Estados Unidos, sí, efectivamente va perdiendo hegemonía por el crecimiento exponencial de China, el imperio está dispuesto a tomar cualquier tipo de medida política y militar para evitarlo, entre ellas, utilizar efectivamente cualquier rincón de América Latina como patio trasero para apropiarse de los recursos naturales que tiene nuestro continente», indicó.

En cuarto lugar destacó que América y el Caribe son el resguardo de Estados Unidos y por ende «su histórica reacción de control y sostenimiento seguirá más vigente que nunca, las señales que está dando el imperio son peores»; en quinto lugar, la estrategia de intimidación, cerco y ultimátum que busca redimensionar esta nueva etapa de la doctrina Monroe, bajo la noción renovada de áreas de influencia natural en Estados Unidos, es reactivar la idea de la seguridad hemisférica y recrear el concepto de narcoterrorismo. Por último, en sexto lugar, el listado distingue a los países intervenidos como patrocinadores del terrorismo, como han catalogado también a Cuba.

Pons entiende que todo esto tiene que ver con algo que es el sustento imprescindible para el modelo capitalista que Estados Unidos promueve a escala mundial, la riqueza, la necesidad de tener energía, petróleo a disposición. “Tenemos que tener en cuenta que el 25% de todos los recursos que consume Estados Unidos son de América Latina y del Caribe, una región que tiene las reservas planetarias esenciales: el 35% de la potencia hidroenergética, el 27% de carbón, el 24% del petróleo, el 8% del gas, el 5% de uranio, además del hierro y de importantes yacimientos minerales estratégicos fundamentales todos para la tecnología de punta y para la industria militar. «Nuestra región tiene asimismo millones de hectáreas para que no haya ningún ser humano en la tierra que le falte alimento, entonces, nada de esto que sucede hace más de 200 años con Estados Unidos es casual, hay una planificación muy pensada de qué hacer con los países de América Latina en el Caribe”, afirmó.

Añadió que el objetivo del imperio es por sobre todas las cosas que no haya ningún modelo que cuestione la voracidad del sistema que ha creado para poder garantizarse los niveles de vida que tiene una porción de Estados Unidos. Señaló que se silencia también la cantidad de estadounidenses que están fuera del sistema, que no tienen cobertura de salud, ni posibilidades de acceder a la educación, y que por lo tanto quedan excluidos del propio sistema, “la panacea de la libertad y la democracia a decir de los propios norteamericanos”. Necesitamos organizar al pueblo con cuatro premisas: “primero, manifestarnos claramente y luchar contra la guerra, contra las invasiones y los bloqueos desde una concepción antiimperialista y latinoamericanista; segundo, reivindicar que América Latina es un continente de paz; tercero, reclamar que el gobierno uruguayo de izquierda, del Frente Amplio, repare el debe que mantiene con el gobierno cubano por no haber activado los mecanismos gubernamentales, de solidaridad y ayuda humanitaria ya para Cuba.

«Los cubanos y las cubanas no tienen por qué esperar ni dos, ni cinco ni 10 días. Las situaciones de urgencia se atienden con urgencia. No se puede esperar más. No compartimos el concepto de ayuda simbólica expresado por el canciller Lubetkin», expresó. «Estamos en desacuerdo con esa posición. Esto no es un problema de simbolismo sino que tiene que ver con la solidaridad que no se agradece, se retribuye. Y los cubanos y las cubanas han sido históricamente solidarios con todos los pueblos del mundo, también con el nuestro», añadió.

En cuarto lugar, destacó la necesidad de reconstruir una plataforma política de la izquierda continental «que sirva de instrumento para reagrupar nuestras fuerzas en el espacio gubernamental, partidista, sindical, de las organizaciones sociales con el objetivo de relanzar los procesos de integración latinoamericana que tienen en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) su expresión más genuina y donde su consolidación debe ser uno de nuestros objetivos estratégicos”, expresó Pons. Uruguay asumió recientemente la presidencia pro témpore de la CELAC a través del presidente Orsi que será el responsable de liderar el grupo durante el año 2026, lo que configura para Pons una oportunidad y un reto fundamental en el contexto mundial actual. “Aquí queda, compañeros y compañeras, latente el enorme desafío de Uruguay. Seguramente en una correlación de fuerza de gobiernos latinoamericanos que no son como los del comienzo de la década del 2000, pero donde no podemos quedarnos callados, porque hacerlo, en última instancia también es una forma de ser cómplices con lo que no estamos de acuerdo”, concluyó.

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