Ruben López
El Chasque 240
05/06/2026
Los procesos revolucionarios del siglo XX, las experiencias de la Socialdemocracia en Europa, los gobiernos progresistas en América Latina, han tenido un denominador común: su desprecio por la masa, la ausencia del pueblo una vez en el Poder o el Gobierno, en las muy variadas formas que se presentaron en la historia.
Formulo esta hipótesis, sabiendo que hay muchos más elementos a considerar, pero parece necesario abrir un debate que analice este fenómeno, que se dio, y se da hoy en el conjunto de la izquierda y el movimiento popular.
Podemos constatar que en esos procesos faltó la participación del pueblo en la toma de decisiones, tanto a nivel de masas, como en las Organizaciones Políticas.
Y, es un fenómeno llamativo, dado que el materialismo histórico afirma que la historia la hacen los pueblos. Son las clases sociales en lucha por sus intereses, lo que explican el curso de los acontecimientos.
Por tanto, la superación definitiva del sistema capitalista, de la última sociedad dividida en clases, va a ser producto de la lucha de las más amplias masas, en especial de la clase obrera, no solo por la fortaleza que significa la unidad, frente a un enemigo muy poderoso, sino también porque esa propia unidad, es el resultado de la toma de conciencia.
Pero no basta (no bastó) expropiar a los expropiadores, es necesaria la comprensión por parte de las clases subalternas de destruir las bases del capitalismo y construir un nuevo orden social basado en el trabajo colectivo, la justicia, la solidaridad que sustituya el afán de lucro, de ganancias, de acumular riqueza, el individualismo, del actual sistema dominante.
Una nueva manera de pensar las relaciones sociales, nuevas formas de poder popular, una expansión de las formas democráticas, salir de los estrechos marcos de la democracia representativa -funcional a los intereses de la burguesía- hacia una más amplia y democrática participación en la toma de decisiones, que impida la concentración del poder político, económico.
La historia muestra -que ceder espacios de decisión y poder- no es algo que se pueda dejar librado a las direcciones de los partidos o de cualquier organización. El argumento que, “la gente no quiere”, “no tienen suficientes conocimientos, no entienden”, “los jóvenes no vienen”, “no hay tiempo”, es la excusa -en la izquierda-.
La experiencia pasada (y presente) nos marca un fenómeno complejo, donde la “falta de interés”, la ausencia en el debate, en la toma de decisiones, van a ser decisivas para la vida, al dejar que otros -unos pocos- decidan por nosotros.
De ese modo se deja de lado un objetivo estratégico esencial: fortalecer la organización política. Y «fortalecerla» pasa por PROFUNDIZAR LA DEMOCRACIA.
¿Que explicación tiene este comportamiento en la sociedad?
Comencemos por lo primero, la Clase dominante, te quiere afuera. Desea “liberar” a los trabajadores de la engorrosa tarea de gobernar. Esa es una tarea para quienes estás preparados, acostumbrados a mandar, tienen más tiempo, dinero, conocimientos, información. Tengamos presente, hoy votas cada 5 años, pero no fue siempre así, -en la antigüedad la «democracia» no contaba a los esclavos-, en el siglo XIX la burguesía le negó la ciudadanía a quienes no tenían propiedad, solo después de duras batallas se reconoció el sufragio universal (primero solo para los hombres). Cada paso en las conquistas democráticas no ha sido gratis, ni una graciosa concesión de la burguesía, sino fruto de la lucha. No debemos olvidarlo, porque las ideas dominantes, entre cuyos trucos está hacernos creer que todo nos ha sido concedido, que todo se lo debemos a ellos, y por tanto, tú a lo tuyo, a trabajar -que tienes suerte-. Ellos nos dan trabajo, ellos nos representan, esta es su democracia, la que les permite preservar su riqueza, sus privilegios. HAY QUE DESCOLONIZAR LAS MENTES
Lo segundo, hay una parte de verdad en ese razonamiento, cuanto más tiempo dediques a trabajar para vivir, si es posible cada día mejor, no ves como necesario, sino como una carga tu participación en la lucha social y política, ya sean por salario, condiciones de trabajo, defender derechos como salud, educación, vivienda, el ambiente, etc. o los más generales, cambios económicos y políticos, la propiedad, la producción, la distribución. También te brindan otras opciones para distraerte de la acción social, que tu vida no vale nada si no consumes, ¿qué? Todo lo que es capaz de producir el capital y su habilidad al decirte que lo necesitas para ser, o sentirte mejor (que los otros). Como consecuencia debes trabajar más, para consumir más, para sostener al capital (pues si no se realiza, se hunde). Cuando no te alcance el salario, ya está inventado el crédito, las tarjetas, así que te endeudas, y harás horas extras o conseguirás otra changa, para pagar la deuda (que engendra el consumo de objetos que no necesitas). HAY QUE REIVINDICAR EL DERECHO AL OCIO
Tercero. Estos dos elementos se unen, el ideológico – NO ES MI PROBLEMA, que se hagan cargo otros-y la escasez de tiempo (aturdido, o por la falta de recursos para una vida digna, o el afán de consumo inducido por el sistema), que provocan las largas jornadas de trabajo. Y dan lugar a la apatía, a ceder la representación, donde después se van a ir generando los espacios de poder, pequeños, medios o grandes, desde la Comisión de un edificio, en el sindicato, la cooperativa, el club del barrio o las distintas instancias en los Partidos, desde el comité más modesto a la dirección máxima y los cargos de gobierno. Comodidad, falta de tiempo, desconocimiento, egoísmo. POR COMODIDAD, DESIDIA, CEDISTE EL PODER SOBRE TU VIDA
Cuarto. Así como están los que no quieren ninguna responsabilidad, ni pensar siquiera en las necesidades colectivas, están los que si se interesan, participan activamente y al final asumen responsabilidades. Seria muy injusto y deleznable pensar que todos ellos buscan un beneficio personal. Por suerte es una gran mayoría que opta el otro camino, aquí se encuentran las grandes reservas de la sociedad, aquellos que lo dan todo por ese proceso de transformación hacia un nuevo orden social. Allí está lo mejor del ser humano. Pero también sería muy inocente dejar de ver que junto a quienes son capaces de darlo todo, incluso la vida (y más aun, cada minuto de su vida), existe un conjunto de seres que solo piensan en su interés particular, aprovechados, oportunistas que utilizan el menor hueco para obtener un beneficio. Solidarios y aprovechados. Militantes. REVOLUCIONARIOS U OPORTUNISTAS
Quinto. A partir de aquí, analizar y buscar soluciones, en el proceso de acumulación de fuerzas populares, en este particular y concreto período de transición del capitalismo hacia un nuevo y superior orden social más justo, solidario, libre de explotación. ¿Cuales son los elementos que impidieron, en los procesos precedentes, la consolidación y el avance de los cambios?
¿Cuales, de acuerdo a las distintas faces y grado de desarrollo, actuaron de freno a los diferentes procesos?
Obviamente fueron muchos, diversas causas. Hay que analizarlo, hay material muy diverso, muchos puntos de vista.
De acuerdo a las diversas experiencias, en el caso de la izquierda, apreciamos un elemento común: el desprecio a las masas.
Una vez llegados al Poder o al Gobierno se deja de lado el papel protagónico de los trabajadores y el pueblo, que si lo tuvo en el proceso de acumulación de fuerzas, en el período revolucionario previo. Un pequeño núcleo dirigente sustituye al propio partido y a las masas, del debate y la toma de decisiones, de la dirección y el control. LOS TRABAJADORES PIERDEN SU PAPEL PROTAGÓNICO EN EL PROCESO REVOLUCIONARIO.
Sexto. Una consecuencia de estos hechos es la negación, renegar de la política, los políticos, de los Partidos, del Poder. El Partido y el acceso al gobierno se ven como la escalera para acceder a posiciones de poder y privilegio personal, no para beneficio de la sociedad.
Una corriente de pensamiento plantea sustituirlos por los movimientos sociales, supuestamente libres de esos apetitos por el lucro y el poder, más horizontales, democráticos, cercanos al pueblo, que a través de su organización y movilización puedan influir en los poderes constituidos, en esencia el Poder económico privado y el Poder político (el Estado). Es decir, se renuncia al ejercicio del poder, a disputar directamente en el plano material, por la propiedad social y su administración publica, y se opta por la lucha reivindicativa, solicitar, reclamar en vez de tomar. Se opta por la lucha ideológica, la disputa de la hegemonía cultural y se renuncia a la lucha política. Esta estrategia, estas formas de lucha, lo único que hacen, al final del camino es afirmar el statu quo, perpetuar el dominio de la clase poseedora, dejarles el camino libre hacia el poder absoluto, ya que la lucha reivindicativa, las organizaciones sociales no amenazan el poder, solo pellizcan migajas aquí o allá y traban, impiden fortalecer la organización política de los sectores subalternos para la disputa del Poder. Mientras, a pesar de la crisis del sistema, a la debilidad del imperio de turno, el gran capital se prepara para la guerra total y destruir a todo lo que le impide realizar su ganancia o amenaza sus privilegios.
Por otro lado, se piensa que el materialismo histórico, por su carácter científico, determina la caída del poder burgués por su propio peso, que las crisis, que se agudizan, en su acumulación cuantitativa dejarán paso naturalmente al socialismo y al comunismo, por tanto no hay necesidad de organizarse para tirarlo abajo. Basta con administrar el capitalismo hasta que la acumulación de contradicciones deje el camino abierto hacia una nueva sociedad con una cesión de la riqueza acumulada. Es otra utopía, es también la negación de la política, de la necesidad de la organización política como factor estratégico para la superación del capitalismo, renegando de la fuerza preparada para el momento que maduren las contradicciones. Como la otra, también coadyuva a fortalecer al enemigo de clase, a afirmar su dominio, su poder para aplastar las rebeliones espontáneas y por tanto débiles de las clases subalternas.
Ambas concepciones, aparentemente opuestas, conducen al mismo resultado, robustecer el poder de la clase dominante, al debilitar el avance en conciencia, unidad y organización de las fuerzas populares. La primera plantea la disputa ideológica, mientras niega la necesidad de la política, del partido y la lucha por el poder, la segunda, deja de lado la lucha ideológica al no cuestionar la acumulación de capital, por el contrario la promueve y reduce la lucha política a la disputa por el gobierno, para limar los rasgos más brutales del sistema, por tanto también renuncia a la lucha por el poder económico y político.
La cuestión no es renegar de la política, de los Partidos, ni de la lucha ideológica. La tarea es esclarecer ante las masas la verdadera contradicción que vive la sociedad, entre propietarios de los medios de producción y no propietarios que tienen que vender su fuerza de trabajo para sobrevivir.
Buscar las formas, medios, métodos de lucha más adecuados, donde los protagonistas, trabajadores y pueblo, se organizan como fuerza política independiente.
NUEVAS FORMAS DE PODER POPULAR PARA UN NUEVO ORDEN SOCIAL
