EL MAPA DEL DSA
Jaime Caro
Réplica a «¿Un fantasma recorre EEUU?», de Mario Aguiriano
El Chasque
16/07/2026
Este texto es una réplica a “¿Un fantasma recorre EEUU?«, publicado por el compañero Mario Aguiriano en el Diario Socialista el pasado 9 de julio. EL DSA realmente existente es bastante más interesante que el que aparece en aquel texto.
1. Lo que Aguiriano acierta
Empecemos por reconocer lo que el artículo hace bien, que no es poco y es un esfuerzo honesto por dar a conocer un fenómeno muy importante y es que el socialismo avanza en los Estados Unidos.
Las cifras son correctas: los 120.000 afiliados y el sorpasso simbólico al Partido Socialista de Debs son reales. Las encuestas de autoidentificación de la militancia (2013, 2016, 2021) existen y dicen lo que dice que dicen: caída de las etiquetas “sanderista”, “socialdemócrata” y “demócrata”, auge de “socialista”, “marxista” y “comunista”. Los puntos programáticos que cita —abolición del Senado, del Supremo y de la presidencia, desfinanciación militar, amnistía migratoria, expropiación de las grandes corporaciones— están en el programa. Su crítica al modelo estadounidense de partido candidate-centered, donde el electo se debe a sus donantes y «sus votantes» antes que a la organización, es exactamente la que formulan desde dentro Bread & Roses, el Marxist Unity Group y Red Star. Y su antitriunfalismo (no confundir semillas con flores, recordar que el DSA sigue organizativamente y porcentualmente por debajo del partido de Debs) es honesto y necesario.
El problema del artículo no son los datos. Es la rejilla interpretativa con la que se leen: personalmente interpreto una plantilla de 1919 aplicada a una organización de 2026 que no funciona así, y cuyos propios comunistas, los de verdad, los que militan dentro, tampoco la leen así.
2. El cisma que nadie está librando
La tesis central del artículo es que no hay un DSA sino dos, que “las dos alas no pueden conciliarse” y que el desenlace deseable pasa por desterrar a los reformistas. El primer problema de esta tesis es que ninguno de los caucus revolucionarios que el propio autor celebra la sostiene.
Red Star, el caucus marxista-leninista por antonomasia, escribe en sus Points of Unity que su objetivo es tener un partido de vanguardia y que DSA es, de todas las organizaciones socialistas existentes en Estados Unidos, la mejor incubadora para ello, por sus recursos, su membresía amplia y sus procesos democráticos. En sus materiales de presentación lo dicen sin rodeos: “DSA es nuestro hogar político”. El Marxist Unity Group sostiene en su resolución de principios de partido (hoy política oficial del DSA, sobre esto volveremos) que la organización ya cumple en buena medida las funciones de un partido obrero y que lo que le falta es una ballot line, no una escisión. Por ponerlo claro, diferencia entre la estrategia de independencia política (en la que se está trabajando y consiguiendo) y la táctica electoralista (que el MUG apoya sin rodeos). La crónica más detallada de la convención de 2025, publicada precisamente en Cosmonaut, describe lo contrario de una guerra a muerte: ningún caucus logró definir en solitario la dirección de la organización; cada uno aseguró sus prioridades y perdió las batallas ajenas. El Comité Político Nacional funciona, de hecho, como un parlamento de caucus donde formar mayorías exige negociar, exige vida democrática.
Y el estado de ánimo interno es el inverso al que el artículo proyecta. El debate posterior a la convención en Democratic Left (la publicación oficial de la organización)— giraba explícitamente en torno a evitar escisiones y expulsiones, recordando que en más de cuatro décadas DSA no ha sufrido ninguna ruptura mayor y que las reformas internas de la Comisión de Democracia se aprobaron de forma abrumadora con apoyo de todas las tendencias. En el DSA de 2026 hay conflicto faccional permanente, institucionalizado y a menudo áspero. Lo que no hay es una situación pre-escisión al estilo del SPD de 1917 o del SPA de 1919. El único que teoriza la ruptura como horizonte deseable por motivos políticos totalmente legítimos es el autor. Los revolucionarios realmente existentes apuestan por ganar el DSA, no por partirlo ni expulsar a nadie.
3. La prueba del algodón: Mamdani y la R18
Si las dos alas fueran inconciliables, se notaría donde más duele: en la estrategia electoral. Ocurre exactamente lo contrario. Pero en el DSA no confunden la estrategia de independencia política de la clase trabajadora de la táctica electoralista.
En la convención de Chicago, ni siquiera los delegados del MUG plantearon objeciones sustantivas al apoyo cerrado a la campaña de Mamdani; se trató como una posición obvia por todo el pleno. No lo digo yo: lo documenta, con evidente fastidio, una crítica trotskista publicada en Cosmonaut que lamentaba justamente esa unanimidad. La resolución R18 (redactada por el Socialist Majority Caucus, el ala “reformista”) comprometió a la organización con una ofensiva electoral en las midterms de 2026 a través de las primarias demócratas y creó un comité exploratorio para presentar un candidato presidencial en las primarias demócratas de 2028, tras derrotar en el debate la opción tercerpartidista. Se aprobó, según la crónica del WSWS (una fuente todo menos complaciente con el DSA), por unanimidad (WSWS por dar fuentes, por ser miembro del DSA tengo acceso a los debates internos y votaciones).
Y la práctica de 2026 confirma el cuadro: las cuatro victorias socialistas en primarias al Congreso de este ciclo (Chris Rabb en Filadelfia, Darializa Avila Chevalier y Claire Valdez en Nueva York, Melat Kiros en Denver) se han construido en coalición con Justice Democrats y Sunrise, con militantes de todos los caucus haciendo puerta a puerta en las mismas campañas. Emerge, el ala más izquierdista de la sección neoyorquina, hizo canvassing con entusiasmo por Mamdani mientras firmaba la carta exigiéndole el cese de la comisaria de policía. Eso es exactamente lo que parece: competencia faccional dura dentro de un consenso estratégico compartido. La bronca real (que existe y es seria) versa sobre disciplina de los cargos, endorsements, red lines y ritmos. No sobre si compartir organización.
4. ¿Quién dicta la “política oficial”?
Aquí el artículo incurre en su incoherencia más flagrante. Afirma que el ala reformista es dominante y determina la política oficial del DSA; dos párrafos después, reconoce que los grupos radicales componen “de facto” la mitad de la dirección; y cita como prueba del giro a la izquierda un programa (abolición del Senado, del Supremo, de la presidencia) que es, precisamente, la política oficial aprobada por resolución presentada por el MUG. No pueden ser ciertas las tres cosas a la vez. Los co-chairs del DSA son actualmente una marxista leninista de Red Star, Megan Romer, y un ecosocialista del GroundWork, Ashik Sidiqque.
Los datos y un mapa amplio de todos los caucus existentes, sin obviar a los que no siguen hipótesis predeterminadas, ayudan a ordenarlo. La coalición de caucus de izquierda (Red Star, MUG, Bread & Roses) ganó la mayoría del NPC en 2023, desplazando al bloque SMC–Groundwork, y la retuvo en 2025. En el reparto actual, según el recuento de City & State de enero de 2026, SMC tiene 4 de 27 asientos y Groundwork 5, frente a los 3 del MUG, los 4 de Springs of Revolution y los 3 de Bread & Roses, más los de Red Star. La resolución que fija la doctrina de partido de la organización (la R07, Principles of Party Building) es literalmente una resolución del MUG, aprobada por un 55% frente a un 45%. Y los puntos programáticos que Aguiriano cita como evidencia del giro izquierdista son victorias del ala izquierda inscritas en el programa oficial.
La conclusión correcta es menos dramática y más interesante: la política oficial del DSA no la dicta un ala. Es un híbrido negociado (los principios de partido del MUG, la ofensiva electoral de SMC, las red lines antisionistas de Springs, la estrategia rank-and-file de Bread & Roses) que es exactamente lo que cabe esperar de un parlamento de caucus, y exactamente lo que el esquema bipolar del artículo no puede ver.
5. Lo que el MUG dice de verdad
El artículo atribuye al MUG la posición de “romper con el Partido Demócrata para construir un partido marxista unificado en base a un programa revolucionario”. La R07 dice otra cosa; en un punto decisivo, casi la contraria. Su enfoque es el party surrogate: actuar como partido sin ballot line propia. Y sostiene expresamente que la ballot line no es el indicador principal de la independencia política: lo decisivo es concurrir con organización y programa propios, sea en línea demócrata, independiente o de tercer partido. En Taking Democracy Seriously, el MUG asume por escrito que se verá forzado a usar el sistema de primarias y la ballot line demócrata para hacer llegar su mensaje, distinguiendo la independencia ideológica de la táctica electoral. Su modelo de cargo electo es el tribuno: oposición de principios en las legislaturas, sin pactos de investidura ni carteras, y rechazo a asumir responsabilidades de gobierno sin capacidad de ejecutar el programa mínimo completo.
Dicho de otro modo: la posición que Aguiriano adjudica al MUG es el clean break que el MUG combate expresamente como fetichismo de la papeleta. Para saberlo bastaba leer Cosmonaut, la revista que el propio artículo identifica (correctamente) como cuna del caucus.
6. El problema es el mapa dibujado
Los errores de detalle del mapa apuntan todos en la misma dirección. Springs of Revolution no es un caucus marxista-leninista: es una red (ni siquiera un caucus formal) articulada en torno al antisionismo militante y las red lines para miembros y cargos electos, de composición heterogénea. Agruparla con Red Star bajo la etiqueta “m-l” es un error.
Más grave es la omisión de Bread & Roses, que no es un caucus cualquiera: es el voto bisagra de la organización, el caucus de la estrategia rank-and-file y uno de los principales elaboradores del concepto de party surrogate. Sin B&R en el mapa, el binario reformistas/revolucionarios funciona; con B&R, se cae. (Y B&R está ahora mismo librando la batalla que el esquema del artículo no puede registrar: la de endurecer la aplicación de los criterios socialistas de endorsement, denunciando que de las 21 campañas endosadas nacionalmente en lo que va de 2026, varias no cumplen los estándares aprobados en la convención.) Tampoco aparecen Groundwork (ecosocialista, distinto de SMC), Emerge o el Libertarian Socialist Caucus, el único polo genuinamente escéptico con el electoralismo.
Y una última precisión: el “ala revolucionaria” no es un bloque. Está partida, entre otras cosas, por el eje campista: Red Star sostiene que no existe tercer campo posible frente al imperialismo estadounidense, mientras Bread & Roses y los trotskistas de Reform & Revolution representan la posición tercercampista.
7. El tema del realignment totalmente muerto que lo revive
El decir que hay facciones que tienen poder de facto que buscan “empujar al Partido Demócrata hacia la izquierda” es deshonesto. El realignment está muerto también a la derecha del DSA. La propia SMC formula su estrategia como el uso de la ballot line demócrata para construir un partido socialista, y los criterios nacionales de endorsement aprobados en 2025 exigen candidatos-cuadro: historial demostrado de liderazgo en su chapter, participación en la vida interna y compromiso con el programa Workers Deserve More. La dependencia táctica de las primarias demócrata y el proyecto de reformar al Partido Demócrata son cosas distintas. Confundirlas era perdonable en 2018 cuando habia un debate real y que se cerró; en 2026 es no haber mirado o deshonestidad.
8. El verdadero tema del artículo es España
El contraste entre el DSA y el populismo de izquierda europeo tiene un núcleo cierto que no voy a regatear porque lo defiendo como modelo: el pluralismo de caucus, la prensa faccional libre y las convenciones de un-miembro-un-voto no tienen nada que ver con la falta de democracia interna en los partidos del populismo y de la izquierda tradicional europea.
El dardo dedicado a Sumar delata el género del texto: el DSA funciona aquí como atrezzo de una polémica española. Y por eso el artículo necesita que haya dos DSA irreconciliables. Porque si el DSA realmente existente demuestra que una organización socialista multi-tendencia puede sostener durante años a comunistas organizados en fracción abierta, con prensa propia, programa radicalizado y mayoría en la dirección nacional, sin romperse y sin expulsar a nadie por serlo, entonces el contraejemplo con el que se pretende aleccionar al espacio de la izquierda española se desmonta solo.
Y vuelvo a insistir, en lo que se refiere a mi persona, defiendo el modelo de democracia interna del DSA donde los comunistas puedan crecer, organizarse y luchar por la independencia politica de la clase trabajadora igual que en otros espacios políticos más allá de la vida “del partido”.
9. Coda
Aguiriano pide, con toda la razón, no confundir las semillas con las flores. Cabe pedirle lo simétrico: no confundir el mapa con el territorio, ni la plantilla con el movimiento. Una lectura comunista del DSA empieza por tomarse en serio sus documentos —la R07, los Points of Unity de Red Star, The Call, la propia Cosmonaut— en lugar de importarle una profecía escrita para el ciclo 1914-1921. Lo que esos documentos describen es algo más raro y más valioso que un cisma anunciado: el intento, todavía abierto y perfectamente falible, de construir independencia política de clase en el terreno más hostil del capitalismo mundial, con los comunistas dentro de una organización politica de masas y fundamentalmente democrática.
