El narco ocupa los vacíos que deja el Estado

Luis Cesar ̈LULA ̈ Ibarra flores
El Chasque
11/12/2025

En Uruguay insistimos en hablar del narcotráfico como si fuera un fenómeno ajeno, un monstruo importado, una tormenta que cayó del cielo sin aviso.
Pero el narco no entra donde quiere: entra donde lo dejan.
Entra donde el Estado se retira, donde las políticas públicas fallan, donde la juventud queda a la intemperie.
Y eso es exactamente lo que ha pasado en este país mientras un gobierno que se declara “progresista” mira hacia otro lado.

La raíz del problema no es el tráfico: es la demanda.
Y la demanda no se alimenta de maldad, sino de vacío.
Soledad, presión social, vidas sin horizonte, falta de oportunidades reales… todo eso que las autoridades prefieren ignorar porque enfrentarlo cuesta más que pronunciar discursos.

Criminalizar el consumo fue siempre un error disfrazado de moral.
Nunca se hizo para proteger al ciudadano: se hizo para abrir la puerta a un negocio multimillonario que hoy corrompe policías, jueces, políticos y hasta instituciones religiosas que predican virtud mientras negocian poder.

La prohibición convirtió una enfermedad en una industria.
Transformó a enfermos en delincuentes y a funcionarios públicos en cómplices involuntarios —o voluntarios— del sistema que juraron combatir.

La izquierda oficial, que debería liderar un enfoque humano, sanitario y preventivo, eligió repetir el libreto conservador: guerra, represión, estadísticas maquilladas y silencio donde debería haber coraje.
Nada más cómodo que culpar a los jóvenes de “conductas riesgosas” mientras se ignora la falta de futuro que este mismo gobierno profundizó.

El narco no se derrota con patrulleros.
Se derrota con presencia estatal real: salud mental, educación que sirva, oportunidades concretas, barrios integrados, apoyo comunitario, proyectos de vida.

Pero eso exige un modelo político que ponga a la persona antes que el eslogan.
Y ese modelo, hoy, no lo tenemos.

Frenar el narcotráfico no es cuestión de mano dura:
es cuestión de reconocer que la adicción es un problema de salud pública y tratarla como tal.
Mientras sigamos actuando como si fuera un crimen, el negocio seguirá creciendo y la corrupción seguirá avanzando.
La realidad no pide discursos: pide valentía.

Rivera -Mandubi 
Saludos y gracias por dar voz 

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