EL TALON DE HIERRO
Jack London
“es inevitable, la desaparición, no sólo de los pequeños capitalistas, sino también de los grandes capitalistas y de los mismos trusts”
“…la ola de la evolución nunca vuelve hacia atrás..”
El Chasque
04/02/2026
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En esta increíble obra de anticipación, escrita en 1907 en Estados Unidos, Jack London, su autor, describe con gran lucidez el desprecio de la gran burguesía y sus representantes en el gobierno ante el sufrimiento de la clase obrera, trabajadores y pueblo en general.
En estos días que Trump impulsa una nueva escalada de agresión sobre Venezuela y el resto de América Latina, esta obra nos explica, de forma novelada, la esencia de los hechos que vivimos hoy. Explica el fenómeno del fascismo, describe como los monopolios, los trust y los cárteles generan una nueva etapa más salvaje aún, del capitalismo, el imperialismo, llevando a la quiebra a los pequeños y medianos empresarios o poniéndolos a su servicio.
En este capítulo se describe, en 1907, la incapacidad de la burguesía media para sobrevivir al poder del gran capital, a transformarse en lacayos, hoy tercerizados, simples eslabones al servicio del capital financiero, de la brutal concentración de capital, que los hunde y a su vez es causa de la multiplicación de la miseria en el mundo.
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Capitulo IX – Un sueño matemático
Pag 111-125
…. Continuación
…Ernesto continuó con la palabra: —Hay entre vosotros unas doce personas que aseguraron esta noche la imposibilidad del socialismo. Ya que habéis calificado algo de impracticable, permitidme que os demuestre ahora lo que es inevitable, es decir, la desaparición, no sólo de vosotros, los pequeños capitalistas, sino también de los grandes capitalistas y de los mismos trusts en determinado momento. Acordaos que la ola de la evolución nunca vuelve hacia atrás. Esta progresa sin reflujo de la rivalidad a la asociación, de la pequeña cooperación a la grande, de las vastas combinaciones a las organizaciones colosales, y de aquí al socialismo, la más gigantesca de todas.
Me decís que sueño. Perfectamente, voy a exponeros las matemáticas de mi sueño. Os desafío de antemano a demostrarme la falsedad de mis cálculos. Voy a desarrollar el proceso fatal del desmoronamiento del sistema capitalista y a deducir matemáticamente la causa de su caída. Veamos, y tened paciencia sí me salgo un poco del tema al comienzo.
..Tomemos, por ejemplo, una manufactura de calzado. Esta fábrica compra cuero y lo transforma en zapatos.
Tenemos aquí cuero por valor de cien dólares, que pasa por la fábrica y sale de ella en forma de calzado por valor de doscientos, digamos. ¿Qué ha ocurrido? Que un valor de cien dólares ha sido
agregado al del cuero. ¿Cómo ha sido eso?
Es que el capital y el trabajo han aumentado este valor. El capital ha conseguido la fábrica y las máquinas y ha pagado los gastos. La mano de obra proporcionó el trabajo. El esfuerzo combinado del capital y del trabajo ha incorporado un valor de cien dólares a la mercadería. ¿Estamos de acuerdo?
Las cabezas se inclinaron afirmativamente.
—Habiendo logrado esos cien dólares, el capital y el trabajo se disponen a proceder al reparto. Las estadísticas de las particiones de ese género contienen muchas fracciones, pero aquí, para mayor comodidad, nos conformaremos con una aproximación poco rigurosa, admitiendo que el capital toma una parte de cincuenta dólares y el trabajo una suma equivalente. No vamos a pelearnos por esta repartija; cualesquiera que sean los regateos, siempre se llega a una u otra cuota. Y no olvidéis que lo que digo de una industria es aplicable a todas. ¿Nos hemos puesto de
acuerdo?[60].
Los invitados manifestaron su conformidad.
—Pues bien, supongamos que el trabajo, habiendo recibido sus cincuenta dólares, quiera volver a comprar zapatos. No podría rescatar más que por valor de cincuenta dólares, ¿no es así?
Pasemos ahora de esta operación particular a la totalidad las que se cumplen en los Estados Unidos, no solamente con respecto al cuero, sino a las materias primas, a los transportes y al comercio en general. En cifras redondas, la producción anual total de la riqueza en los Estados Unidos es de cuatro mil millones de dólares. Por consiguiente, el trabajo recibe en salarios dos mil millones al año. De los cuatro mil millones producidos, el trabajo puede rescatar dos. Sobre esto no cabe discusión. Y todavía me he quedado largo, pues, gracias a toda suerte de añagazas capitalistas, el trabajo ni siquiera puede rescatar la mitad del producto total.
Pero pasemos por alto y admitamos que el trabajo rescata dos mil millones. En consecuencia, es evidente que el trabajo no puede consumir más que dos mil millones. Hay que rendir cuentas de los otros dos que el trabajo no puede rescatar ni consumir.
—El trabajo ni siquiera consume sus dos mil millones —declaró el señor Kowalt—. Si los agotase, no tendría sus depósitos en las cajas de ahorro.
Los depósitos en las cajas de ahorro no son más que una especie de fondo de reserva, que se gasta tan pronto como se forma. Son economías puestas a un lado para la vejez, las enfermedades, los accidentes y los gastos de entierro. Es el bocado de pan que se deja en el aparador para la comida de
mañana. No, el trabajo absorbe la totalidad del producto que puede rescatar con su salario.
Al capital se le dejan dos mil millones. ¿Consume éste el resto después de haber reembolsado sus gastos? ¿Devora el capital sus dos mil millones?
Ernesto se detuvo y planteó claramente la pregunta a varios individuos que se pusieron a menear la cabeza.
—No sé nada —dijo francamente uno de ellos.
—Sí que lo sabe —replicó Ernesto—. Reflexione un momento. Si el capital agotase su parte, la suma total del capital no podría crecer: permanecería constante. Pues bien, examine la historia
económica de los Estados Unidos y verá que el total del capital no ha cesado de crecer. Luego, el capital no se traga su parte. Recuerde la época en que Inglaterra poseía grandes cantidades de nuestras acciones ferroviarias. Al cabo de los años, se las hemos rescatado. ¿Qué debemos concluir de eso sino que la parte no empleada del capital ha permitido ese rescate? Hoy, los capitalistas de los Estados Unidos poseen centenares y centenares de millones de dólares en obligaciones mejicanas, rusas, italianas o griegas. ¿Qué representan esas obligaciones sino un poco de esa parte que el capital no ha engullido? Desde el comienzo mismo del sistema capitalista, el capital no ha podido tragar su parte.
Y ahora llegamos al nudo de la cuestión. En los Estados Unidos se producen cuatro mil millones de riqueza por año. El trabajo rescata y consume dos mil millones. El capital no consume los dos mil millones restantes: queda un fuerte excedente que no es destruido. ¿Qué puede hacerse? El trabajo no puede distraer nada, puesto que ya gastó todos sus salarios. El capital no puede equilibrar esta balanza, puesto que ya, y de acuerdo con su naturaleza, ha absorbido todo lo que podía. Y el excedente está ahí. ¿Qué se puede hacer? ¿Qué se hace?
Continuará.
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III- Los Mercenarios -El Talón de Hierro
IV – La lucha de Clases -EL TALON DE HIERRO
V – Esclavos de la máquina -El Talón De Hierro
VI- El capitalismo salvaje- El Talón de Hierro
VII- Las fuerzas de la Revolución
VIII – La clase capitalista se ha hecho pasible del delito de mala administración
IX -La lucha de clases: ¡El Poder! Verdaderamente, es la reina de las palabras, la última palabra
X – Así actúa la clase dominante: Si no puedes convencerlos, cómpralos… y si no…
