EL TALON DE HIERRO
Jack London
“Ya sabemos que el razonamiento de un hombre con el cual no se está de acuerdo nos parece siempre falso; desde ese momento, el espíritu de ese hombre está extraviado. ¿En dónde está la línea divisoria entre un espíritu falso y un espíritu loco? Nos resulta inconcebible que un individuo de sentido común pueda estar en desacuerdo radical con nuestras más sanas conclusiones.”
El Chasque
14/01/2026
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Mucho antes que Gramsci escribiera sobre la hegemonía, en esta ficción -que muestra descarnadamente la sociedad capitalista- se ve como la clase dominante se transfigura, dejando de lado lo humano, para solo preocuparse por la “Tasa de Ganancia”.
En esta increíble obra de anticipación, escrita en 1907 en Estados Unidos, Jack London, su autor, describe con gran lucidez el desprecio de la gran burguesía y sus representantes en el gobierno ante el sufrimiento de la clase obrera, trabajadores y pueblo en general.
En estos días que Trump impulsa una nueva escalada de agresión sobre Venezuela y el resto de América Latina, esta obra nos explica, de forma novelada, la esencia de los hechos que vivimos hoy. Explica el fenómeno del fascismo, describe como los monopolios, los trust y los cárteles generan una nueva etapa más salvaje aún, del capitalismo, el imperialismo, y cuando las herramientas de la disuasión o la compra de las conciencias no basta, impone “la dictadura terrorista y sangrienta del capital financiero” como definió Dimitrov al Fascismo.
En este capítulo vemos como se crucifican las buenas intenciones y el reclamo de justicia ante el doblez de la moral burguesa, que predica la bondad para los humildes, mientras defiende sus privilegios con mano de hierro.
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Capitulo VII – La visión del obispo
…. Continuación
El obispo Morehouse se levantó y comenzó por este abrupto exordio: Iba en coche por las calles. Era de noche. De tanto en tanto, miraba por las ventanillas. Súbitamente, mis ojos parecieron abrirse y vi las cosas tal cual son. Mi primer movimiento fue llevarme la mano a la frente para alejar la espantosa realidad y formularme en la oscuridad esta pregunta:
¿Qué hay que hacer? Instantes después la pregunta se presentó bajo esta forma: ¿Qué habría hecho mi Divino Maestro? Entonces una luz pareció llenar el espacio, y se me apareció mi deber con la claridad del sol, como Saúl había visto el suyo en el camino de Damasco.
«Detuve el coche, me apeé y, después de algunos minutos de conversación con dos mujeres públicas, las convencí para que subieran a mi coche conmigo. Si Jesús dijo la verdad, esas dos desgraciadas eran hermanas mías y su única esperanza de purificación fincaba en mi afecto y mi ternura».
Oh, hermanos y hermanas mías, en esta manera de obrar encuentro la solución a todas mis dificultades. No comprendía para qué podían servir los coches, pero ahora lo sé: están hechos para llevar a los débiles, a los enfermos y a los viejos; están hechos para devolver el honor a los que perdieron hasta el sentido de la vergüenza.
«Ignoraba para qué habían sido construidas las mansiones, pero hoy he descubierto su uso: las residencias eclesiásticas deberían ser convertidas en hospitales y asilos para aquellos que cayeron al borde del camino y van a morir».
…
Soy indigno, mis queridos hermanos, de deciros la menor cosa con respecto a la moralidad. He vivido demasiado tiempo en su hipocresía vergonzosa para poder ayudar a los demás;
…Declaro, pues, a los ricos que están entre vosotros, que su deber es hacer lo que hice, lo que hago.
…«No debemos dar solamente nuestro dinero; tenemos que darnos a nosotros mismos, como hizo Cristo. Tal es hoy el mensaje de la Iglesia. Nos hemos apartado mucho de las enseñanzas del Maestro.
…«Es por eso que digo a los ricos que están entre vosotros y a todos los ricos: Habéis oprimido cruelmente a las ovejas del Señor.
Habéis endurecido vuestros corazones. Habéis cerrado vuestros oídos a las voces que gritan en la comarca, voces de sufrimiento y de dolor que no queréis escuchar y que, empero, serán acogidas algún día. Es por eso que predico…».
Pero en ese instante los señores Jones y Ward, que desde hacía un momento se habían levantado de sus sillas, tomaron del brazo al obispo y lo arrastraron fuera del estrado, en tanto que el auditorio se quedaba pasmado de escándalo.
En cuanto estuvo en la calle, Ernesto estalló en una carcajada dura y salvaje que me crispó los nervios. Mi corazón parecía reventar bajo el esfuerzo de mis lágrimas contenidas.
—Les ha comunicado su mensaje —exclamó mi compañero—.
La fuerza de carácter y la ternura profundamente escondidas en la naturaleza de su obispo se han desbordado a los ojos de sus creyentes cristianos, que lo querían, pero que ahora lo creen con el espíritu trastornado. ¿Te fijaste con qué solicitud le hicieron abandonar el estrado? Verdaderamente, el infierno debe haberse reído de este espectáculo.
—Sin embargo, lo que el obispo les dijo ha de causarles una fuerte impresión esta noche —observé.
—¿Lo crees? —preguntó burlonamente.
—Será una verdadera sensación —afirmé—. Me fijé cómo borroneaban como locos los reporteros cuando hablaba.
—Mañana no se publicará una sola línea de lo que dijo.
—No puedo creerlo —exclamé.
—Espera y verás. ¡Ni una sola línea, ninguno de sus pensamientos! ¿La prensa diaria? ¡Bah!, es el escamoteo diario.
—¿Cómo? ¿Y los reporteros? Yo los he visto.
—Ni una palabra de lo que dijo será publicado. Tú no tienes en cuenta a los directores de diarios, cuyo salario depende de su línea de conducta, y su línea de conducta consiste en no publicar nada que sea una amenaza para el orden establecido. La declaración del obispo constituía un violento asalto contra la moral corriente. Era una herejía. Lo hicieron salir de la tribuna para impedirle que dijese más. Los diarios lo purgarán de su cisma por el silencio del olvido. ¿La prensa de los Estados Unidos? Una excrecencia parásita que crece y engorda con la clase capitalista. Su función es servir al estado de cosas modelando a la opinión pública y ella se desempeña a maravillas.
Déjame que te profetice lo que va a ocurrir. Los diarios de mañana contarán simplemente que la salud del prelado deja que desear, que se había agotado y que esta noche se sentía débil.
Dentro de unos días, otra gacetilla anunciará que está en un estado de postración nerviosa y que sus ovejas agradecidas han solicitado que se le acuerde una licencia. Después, ocurrirá una de estas dos cosas: o bien el obispo reconocerá el error que ha cometido al tomar la mala senda y regresará de sus vacaciones como un hombre perfectamente sano, que ya no tiene más visiones, o bien persistirá en su delirio, y en ese caso puedes esperar ver que los diarios nos informan en términos patéticos y simpáticos que se ha vuelto loco. Y en este último caso, le dejarán que cuente sus visiones a las paredes acolchadas.
—¡Oh, vas demasiado lejos! —exclamé.
—Para la sociedad, se tratará realmente de locura —prosiguió Ernesto—. Pues ¿qué hombre honrado, si estuviese en su juicio, recogería en su casa ladrones y prostitutas para que vivieran en ella como hermanos y hermanas?. Es cierto que Jesús murió entre dos ladrones, pero ésta es otra historia. ¿Locura? Ya sabemos que el razonamiento de un hombre con el cual no se está de acuerdo nos parece siempre falso; desde ese momento, el espíritu de ese hombre está extraviado. ¿En dónde está la línea divisoria entre un espíritu falso y un espíritu loco? Nos resulta inconcebible que un individuo de sentido común pueda estar en desacuerdo radical con nuestras más sanas conclusiones.
En los diarios de esta tarde encontrarás un buen ejemplo. El de Mary M’Kenna, una mujer que vive al sur de la calle Market y que, aunque pobre, es perfectamente honrada. Inclusive, es patriota.
Pero ocurre que se ha formado ideas falsas sobre la bandera estadounidense y de la supuesta protección que ella simboliza. Su marido, víctima de un accidente, estuvo internado tres meses en un hospital.
Entonces se metió a lavandera, y a pesar de su trabajo, se ha retrasado en el alquiler. Ayer la pusieron en la calle; pero antes había izado la bandera nacional en su puerta y, cobijándose en sus pliegues, había proclamado que en virtud de esa protección, no tenían derecho para arrojarla a la calle. ¿Qué hicieron entonces?
La detuvieron y la hicieron comparecer como insana. Hoy sufrió el examen médico de los peritos oficiales, los cuales la reconocieron loca, y ha sido internada en la Casa de Salud de Napa.
—Tu ejemplo ha sido traído por los cabellos. Imagínate que estuviera en desacuerdo con todos sobre el estilo de una obra literaria: no me iban a encerrar por eso en un asilo.
—¡Por Dios! —exclamó—. Esta diferencia de parecer no constituiría una amenaza para la sociedad. Ahí reside la diferencia.
Las opiniones anormales de Mary M’Kenna y del obispo son un peligro para el orden establecido. ¿Qué sucedería si todos los pobres se negasen a pagar su alquiler abrigándose en el pabellón estadounidense? Que la propiedad caería en pedazos. Las convicciones del obispo no son menos peligrosas para la sociedad actual. De modo, pues, que lo que le espera es el asilo.
Pero yo me negaba a creer.
—Ten paciencia y verás —dijo Ernesto. Y esperé.
A la mañana siguiente mandé comprar todos los diarios. No había una sola palabra de lo que había dicho el obispo Morehouse.
Uno o dos periódicos decían que se había dejado dominar por su emoción. En cambio, las necedades de los oradores que le habían sucedido estaban reproducidas in extenso.
Varios días después una breve gacetilla anunciaba que el prelado había salido con licencia para reponerse de su exceso de trabajo. Hasta aquí, Ernesto tenía razón. No se trataba, sin embargo, de fatiga cerebral ni de postración nerviosa. No sospechaba yo el camino doloroso que el dignatario de la Iglesia estaba destinado a recorrer, ese sendero del huerto de los Olivos al Calvario que Ernesto había previsto para él.
Continuará.
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III- Los Mercenarios -El Talón de Hierro
IV – La lucha de Clases -EL TALON DE HIERRO
V – Esclavos de la máquina -El Talón De Hierro
VI- El capitalismo salvaje- El Talón de Hierro
VII- Las fuerzas de la Revolución
VIII – La clase capitalista se ha hecho pasible del delito de mala administración
IX -La lucha de clases: ¡El Poder! Verdaderamente, es la reina de las palabras, la última palabra
X – Así actúa la clase dominante: Si no puedes convencerlos, cómpralos… y si no…
