Preparar a la organización política para la lucha.

Nº 3 – 2/03/2026
Corré la voz!

Los siglos XIX y XX fueron testigos de grandes transformaciones en medio de dos guerras mundiales que por su alcance e impacto en las relaciones económicas, sociales y culturales se proyectan hasta hoy. En el Siglo XVIII la Revolución Francesa con la Ilustración, marcó la irrupción de la burguesía como clase revolucionaria de su época, inspirando con sus ideas, nuevas revoluciones, expandiendo y consolidando de esa forma el sistema capitalista con su cultura e ideología y protagonizando los grandes cambios durante el Siglo XIX.


A esta revolución le continuó en los comienzos del siglo XX, la Revolución Rusa, la revolución de proletarios y campesinos que derrotaban al zarismo y a su vez se elevaba contra la burguesía y el capitalismo, eliminando la explotación y la propiedad privada de los medios de producción e inaugurando por primera vez en la Tierra un nuevo modo de relaciones sociales y económica: el socialismo.


En 74 años la URSS sacó de la miseria a 170 millones de personas, logró la transformación económica más grande de la historia de la humanidad y aplastó a la maquinaria nazi, transformándose en una potencia mundial luego de la 2ª Guerra Mundial. Bajo el hecho concreto de que era posible superar el capitalismo, se desarrollan amplios movimientos de liberación nacional derrotando el colonialismo en África, empujando a los procesos de liberación en América Latina y Asia. Había alumbrado la esperanza de un mundo nuevo.


Luego de la desaparición de la URSS, por causas que ahora no vienen al caso analizar, el mundo actual con sus avances y capacidades se enfrenta a una gran encrucijada entre la vida o la muerte.


Dos siglos convulsos han transcurridos, y el nuevo siglo XXI amanece con una profundización y agudización de las grandes tendencias negativas que promueve el sistema capitalista bajo un mundo cada vez más controlado por la dictadura del capital financiero. En esta lucha a muerte que se vive entre las dos grandes tendencias y fuerzas de la historia, también hoy, bajo los embates de la crisis estructural del sistema capitalista, las democracias liberales nacidas a la luz de la Ilustración ya no representan ni expresan las necesidades de reproducción del capital financiero, siendo cuestionadas y agredidas por el ingreso de fuerzas ultra reaccionarias en esta batalla, trayendo al presente el recuerdo de aquellas luchas contra el fascismo y el nazismo previos a la guerra.


Los Frentes Populares fueron una de las formas en que se organizaron las fuerzas antifascistas. Ante el avance de Hitler y Mussolini, las izquierdas europeas sellaron alianzas defensivas. Los frentes populares contuvieron al fascismo, pero también estrecharon el horizonte transformador y subordinaron la movilización obrera a una estrategia defensiva. Su lucha simplemente se centró en sostener la bandera de las libertades democráticas sin unirla con un programa transformador y de cambios radicales que permitiera abrir el camino hacia la superación del sistema capitalista.

Salvando la distancia y los tiempos históricos, el Frente Amplio nace como respuesta a un proceso de fascistización producto de la incapacidad de los partidos tradicionales en dar respuestas a la profunda crisis de un modelo económico agotado que golpeaba a los uruguayos. Su origen a su vez responde al objetivo de las clases dominantes de contener el avance del movimiento popular que comenzaba a disputarle el poder. La gran diferencia con los frentes populares europeos (inclusive la Unidad Popular chilena) fue que el Frente Amplio no se limitó a una unidad táctica electoral o una simple defensa de una democracia liberal agotada ante el avance del fascismo; sino que propuso una convocatoria de todos los orientales honestos para la defensa de las libertades – recordemos “paz para los cambios, cambios para la paz”- contra el autoritarismo institucional y violencia pachequista, levantando a su vez un programa artiguista, antimperialista y radical de cambios cuya premisa central era “desplazar a la oligarquía del poder y poner al pueblo a gobernar” como objetivo central para avanzar en las soluciones.


En el marco de un contexto diferente, hoy vuelve a estar en el tapete el debate acerca del papel del Frente Amplio y su mandato histórico. Es imprescindible levantar la bandera de la unidad más amplia ante los ataques de la derecha y de un imperialismo yanqui que busca recuperar su hegemonía (principalmente en América Latina) frente al avance de China y a la inminencia de un mundo multipolar. Con su nueva estrategia de seguridad pretende someter a Latinoamérica y liquidar las barreras existentes para el asalto final a los recursos del continente con la complicidad de los viejos partidos tradicionales defensores de una pequeña élite vinculada al capital financiero.


Basta escuchar al senador Da Silva sobre su interés de vender el Banco de Seguros del Estado (BSE) en el marco de “un próximo gobierno del Partido Nacional”. Afirmó que “muere” por concretar la privatización de la aseguradora estatal y cuestionó abiertamente la lógica detrás de su existencia: “¿Quién me tiene que convencer de que el Banco de Seguros es necesario para este país? ¿A quién se le ocurre?”. También ubicó al BSE dentro de un conjunto más amplio de empresas estatales que, a su juicio, podrían ser transferidas al sector privado para obtener lo que denominó “recursos genuinos”. A los herreristas les encanta vender bancos y ni hablar a las empresas públicas, campo de confrontación entre el entreguismo al capital financiero internacional y el desarrollo soberano.


Como vemos ellos siguen con el objetivo de desmantelar la propiedad pública, patrimonio de todos los uruguayos, para dar paso al neoliberalismo desenfrenado y por supuesto cobrando sus grandes comisiones. Pero eso no es todo. Ellos se miran en el ejemplo de Argentina en todo lo que tiene que ver con la reforma laboral y el ajuste sobre los trabajadores para lograr un saqueo y explotación mayor. Debemos saber que de prosperar un gobierno de los malla oro van a tratar de ir más a fondo en las reformas regresivas y antipopulares a favor del capital financiero.


Frente a esta nueva realidad radicalizada por parte de los sectores reaccionarios en el campo de la lucha política, debemos ir más allá de la defensa de un sistema obsoleto que mantiene y profundiza la desigualdad y la miseria. Es necesario proponer un nuevo futuro, un programa que dispute a las clases dominantes el poder económico y cultural y ponga en el centro de todos los males la unidad existente entre una casta minoritaria, multimillonaria, con el imperialismo yanqui, enemigos históricos de la liberación de los pueblos. Por lo tanto se requiere un programa que impulse una democracia más amplia y profunda, construir comunidad, abriendo las puertas a la participación popular en los asuntos del país y preparar a la organización política para la lucha.

Un comentario sobre “Preparar a la organización política para la lucha.”

  1. Apoyo total éste artículo. En ésta fase criminal del fascismo, con un irracional que impunemente viola la organización de su propio país, para imponer su fuerza, Trump, apoyado por economías que pierden peso constantemente, y desatan guerras y masacres por doquier tratando de conservar su tasa de ganancia, deben los gobiernos y pueblos del mundo, dejar la contemplación de lado, ser más empáticos, comprometerse, o la guerra alcanzará con su devastación a todos.

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