El desesperado salto a rescatar al gobierno

Socióloga Liliana Pertuy
El Chasque 241
12/06/2026

En medio del asedio —obvio, de la derecha, porque son oposición y asediar y atacar es lo que hacen las oposiciones—. Aunque parezca una perogrullada, no es superfluo aclararlo, porque en esta época de licuados, de desvanecimientos de sólidos en el aire, se confunden y banalizan conceptos para tirios y troyanos.

La confusión entre plan, programa y orientación ideológica es muy profunda, incluso entre personas con muchos años de vida, de militancia y que han estado en las torres.

Creo que esta idea de elaborar un plan y de enderezarle un poco el rumbo al gobierno no está mal. Pero recuerdo que el problema es mucho más hondo y viene de lejos. Recuerdo siempre —y lo digo con frecuencia— aquello de que “no había que plantear lo esencial porque había que dejar gobernar”.

Cuando se confunde hacer política con hacer campaña electoral permanente; cuando se adopta la metodología de la derecha, clientelar y prebendaria —el popular “toma y daca”—, esperando alianzas y apoyos mientras se generan dudas a fuerza de silencios, la izquierda pierde siempre jugando con las reglas de la derecha. Ellos son capaces de hacerlo porque, además, cuentan con un estilo político forjado durante más de cien años. En la izquierda, en cambio, esto termina siendo pobre, ramplón y chabacano. Y lo peor es que se termina entrando en su propio terreno.

Si no se profundiza y no se actúa con una orientación de izquierda basada en nuestros principios; si no se forma a líderes y dirigentes en función de una orientación ideológica y estratégica, todo eso será apenas maquillaje. Quizás mejore alguna encuesta.

Ojo con seguir haciendo análisis pensados únicamente para la campaña electoral o para mejorar encuestas.

La izquierda, en todo su amplio abanico, tiene un mínimo común denominador: mejorar las condiciones de vida de la gente, aunque no todas sus corrientes aspiren a cambiar el sistema.

En este país todavía hay mucha gente con formación política y reservas morales. Por eso no alcanza con más de lo mismo. Fue el propio Frente Amplio el que aflojó las cinchas hace décadas. Lo vengo diciendo y escribiendo desde hace mucho tiempo.

Por ahora, todo lo que veo, escucho y leo es más de lo mismo, y pareciera ir en contra de lo que cientos de frenteamplistas hemos advertido. “Si no te gusta la sopa, dos platos”. O existen informaciones ocultas que los simples ciudadanos y militantes desconocemos, y eso tampoco sería una práctica de izquierda.

¿Cómo defenderse? ¿Cómo defender al gobierno que ayudamos a poner, si no conocemos toda la información? ¿Si existen ocultamientos?

Si se hace una parodia permanente de la escucha en formato de campaña —primero para ganar el gobierno y ahora para sostener una interna menguada y debilitada—, que no representa a los de a pie ni a los militantes, mientras algunos dirigentes salen a explicar lo mismo de siempre y la mayoría continúa en la torre, difícilmente se construya algo distinto.

Porque todos — fueron encantados—, como una serpiente, por el populismo y por la idea de que este país no soporta cambios profundos, porque somos una penillanura suavemente ondulada. Por la idea de que la alternancia es mejor que la alternativa.

Seguir apelando a quienes han hecho de esto su práctica política, su modo de vida, sin salir de Troya y a costa de cientos de miles que ganan salarios miserables, no es ético ni responde a una moral de izquierda. Quienes hicieron alianzas transando principios, sensibilidades y convicciones por cargos tampoco expresan una ética de izquierda ni una ética de la responsabilidad. A las pruebas me remito.

También hay que saber que el capitalismo, cuando entra en crisis y genera montañas de desencantados, marginales y parias, suele apelar al fascismo y al autoritarismo para darles un rumbo a esas muchedumbres sin horizonte. Logra reunir sus frustraciones y transformarlas en masas alienadas, efervescentes y enfervorizadas, capaces de actuar contra sus propios intereses e incluso contra los de sus seres más cercanos. Basta mirar allende al río de La Plata. La historia está llena de episodios de este tipo, que nos han costado mucha deshumanización.

La tarea de la izquierda debería ser ofrecer no solo medidas economicistas, sino también una visión y un horizonte esperanzador, una perspectiva de cambio y de futuro posible. La utopía no es ingenuidad; es orientación.

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