La educación y la democracia avanzada

Líber Borroni Rinaldi *
El Chasque 258
23/10/2026

La educación pública ha sido fundamental en la construcción histórica del Uruguay. Su desarrollo, marcado por la contradicción entre oligarquía y pueblo, tiene que ver con la mejora de las condiciones de vida de la población, a nivel espiritual e incluso a nivel material.

La democracia avanzada, categoría elaborada por Rodney Arismendi como vía uruguaya al socialismo, es una etapa de democratización de los múltiples aspectos de la vida social, especialmente el económico, que implica la movilización de grandes masas obreras y populares, en lucha por avanzar y defender las transformaciones ante la contraofensiva antidemocrática de las clases dominantes. Para que la clase trabajadora y el pueblo afronten estos desafíos es necesaria la conciencia social y de clase, así como la formación técnica para asumir los desafíos de la transformación social. En ambos casos la educación es fundamental.

El proceso educativo se puede entender como la transmisión de la herencia cultural de la humanidad, del conocimiento acumulado a lo largo de la historia. La educación democrático avanzada implica centrar el proceso pedagógico en la enseñanza de lo mejor de la cultura universal, superando el adoctrinamiento al servicio del mantenimiento del orden capitalista establecido.

En el ‘Manifiesto del Partido Comunista’, Marx y Engels plantean que “la burguesía proporciona a los proletarios los elementos de su propia educación, es decir, armas contra ella misma.” Esa premisa, junto a la capacidad de lucha popular, permiten comprender algunos rasgos generales del desarrollo educativo en Uruguay, que supo encontrar en la lucha de masas a ‘obreros y estudiantes, unidos y adelante’.

Ya durante la revolución artiguista se fundaron las bases de la educación del pueblo oriental, inspiradas en el movimiento de la Ilustración. Dicho movimiento social y cultural, impulsado por la burguesía europea del siglo 18, proclamaba la necesidad del uso de la razón para la independencia del pensamiento del individuo, condición para un gobierno democrático de la sociedad.

La reforma vareliana también se inscribió en el proceso de democratización de la educación pública, siempre en el marco de las contradicciones sociales del Uruguay. En ‘La educación del pueblo’, desarrollando la filosofía de la Ilustración, Varela plantea la necesidad de la conciencia crítica ciudadana para que la democracia sea posible, evitando que las oligarquías engañen al pueblo y secuestren el gobierno de la sociedad. Para que dicha conciencia se desarrolle es fundamental la educación pública.

Buena parte del recorrido histórico de la educación, desde Artigas y Varela hasta la actualidad, es analizado por el profesor Jorge González Durán en su ensayo ‘El adn de la educación’. En este escrito, González estudia el rol de la militancia popular en la construcción programática y la defensa de la educación pública. Y desarrolla la crítica sobre la influencia (anti)educativa de la oligarquía uruguaya, ligada al imperialismo estadounidense.

Maestros y profesores comunistas han realizado aportes significativos, a nivel del pensamiento y de la acción, para que en lugar de ser una herramienta para la dominación, la educación uruguaya sea una herramienta para la liberación, inscribiéndola en la vía democrático-avanzada hacia el socialismo. En relación a esta vía, que implica el protagonismo de masas en la lucha programático-reivindicativa por profundizar la democracia, también hay que destacar el desarrollo educativo que existió en las propias organizaciones del movimiento obrero y popular desde fines del siglo 19.

Pero las clases dominantes no aceptaron pasivamente el desarrollo de la conciencia y la organización del pueblo, y respondieron con violencia. Así, la defensa de la educación y la democracia se tuvo que realizar incluso en condiciones de clandestinidad, enfrentando a las dictaduras, especialmente a la brutalidad de la última dictadura cívico-militar. El terrorismo de Estado también significó un terrible deterioro de la educación pública.

El autoritarismo del gobierno (blanqui-)colorado de Pacheco en 1968 provoca la muerte por balas policiales de Líber Arce, Hugo de los Santos y Susana Pintos, estudiantes comunistas caídos en defensa de la educación pública, los primeros mártires estudiantiles. Ante la creciente movilización estudiantil y docente, ese mismo gobierno resuelve suspender los cursos en agosto de 1970. Como respuesta a esta medida represiva antipedagógica, los sindicatos docentes junto al movimiento estudiantil y asambleas de padres desarrollaron la experiencia de los Liceos Populares. Los locales sindicales, los clubes sociales de barrio, e incluso algunas parroquias se transformaron en espacios educativos y de resistencia al autoritarismo.

Debido a los gobiernos dictatoriales, primero durante la dictadura del 33 y sobre todo en la del 73, muchos trabajadores de la educación tuvieron que enfrentar desde la destitución, la censura y el exilio, hasta la tortura y la muerte, como en el caso de la profesora de Literatura Nibia Sabalsagaray, asesinada en tortura en 1974; o del escribano y profesor universitario Fernando Miranda, detenido-desaparecido en 1975, en el marco de la Operación Morgan contra el Partido y la Juventud Comunista de Uruguay. Sus restos fueron hallados en 2005 en el Batallón de Infantería n°13 de Montevideo.

En esa historia del Partido de la Resistencia, que enfrentó organizadamente la última dictadura durante toda su extensión, también se ubica la figura del maestro Carlos Chassale, también detenido en 1975 frente a sus alumnos de la escuela de la Teja, y salvajemente torturado. Chassale fue un ejemplo del maestro comprometido con un proyecto educativo transformador.

En el pensamiento y la acción del maestro Jesualdo Sosa también se encuentra claramente la tarea del intelectual orgánico al servicio de las causas populares. Su filosofía de la educación desarrolló la crítica de la sociedad dividida en clases y explicó cómo se expresa esa contradicción social en la educación. Su proyecto educativo se planteaba articular el trabajo manual e intelectual, entendiendo a la educación como un instrumento para desarrollar las múltiples capacidades humanas.

Sus ideas pedagógicas y su obra de escuela nueva rural fueron reprimidas. Jesualdo Sosa fue destituido, censurado y su obra fue prohibida por las 2 dictaduras uruguayas del siglo 20. Incluso, tras convertirse en un referente latinoamericano a través del Comité de Unidad y Defensa del Magisterio Americano, sufrió la quema de sus libros por parte de la dictadura de Guatemala que, impulsada por el gobierno de Estados Unidos, derrocó en 1954 al gobierno democrático de Jacobo Arbenz.

En ‘Encuentros y desencuentros de la Universidad con la Revolución’, Rodney Arismendi destaca que la Universidad y la educación toda viven la tensión social entre la tendencia progresista a la divulgación del conocimiento, el desarrollo de la cultura y la formación integral del individuo, y la tendencia conservadora que, a través de la propaganda ideológica intenta limitar el estudio científico, tecnológico y artístico a los intereses de la dominación. Esta tendencia conservadora es la que estudia Louis Althusser en ‘Ideología y aparatos ideológicos del Estado’.

De esa manera, Arismendi explica cómo la contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y el freno que le imponen las relaciones de producción se expresa en la educación. Y si bien esta última, como institución del Estado, se mueve en la superestructura ideológica, los conocimientos que se investigan y transmiten, especialmente en el ámbito universitario, permiten superar la ignorancia y las limitaciones sociales.

Esta tarea de la Universidad de creación y socialización del conocimiento científico-técnico hace que la función universitaria trascienda la relativa autonomía superestructural y forme parte del desarrollo mismo de la estructura económica de la sociedad. Al hacer que buena parte del pueblo acceda a dicha formación, la educación se transforma en una herramienta para el cambio en la correlación de fuerzas sociales, y con ello para el cambio social.

Por un lado, esto explica que defender la educación pública es una tarea revolucionaria del presente. Lo cual implica la lucha por ampliar el acceso y la permanencia del pueblo en el ámbito educativo, la mejora de la infraestructura de la educación pública, la profesionalización docente, el desarrollo de planes y programas basados en un proyecto integral de ser humano, la incorporación de la tecnología y la inteligencia artificial para la formación crítica. Por otro lado, el estudio de Arismendi también permite entender que las contradicciones que encierra la educación y la limitan, sólo podrán superarse realmente con un cambio radical en la sociedad, que implique que la clase trabajadora y el pueblo conquisten el poder político y económico.

Los gobiernos del Frente Amplio, fruto de la acumulación de fuerzas y la lucha social y política unitaria de nuestro pueblo, han impulsado cambios democrático-avanzados en la educación. Desde el significativo aumento presupuestal que permitió dignificar la profesión docente y ampliar el acceso popular a la educación en todo el país y en todos los niveles, la elaboración de planes y programas basados en los derechos humanos y el fortalecimiento de la educación técnica, el trabajo sobre la memoria histórica y la búsqueda de los detenidos-desaparecidos, hasta la inclusión de trabajadores y estudiantes en el gobierno de la educación, y la convocatoria periódica al Congreso Nacional de Educación para que todo el pueblo sea parte de la construcción pedagógica.

La movilización que hoy se está generando en el marco del 4° Congreso Nacional de Educación ‘Misiones Sociopedagógicas’, también es parte fundamental de ese proceso de transformación de la educación y de la construcción de una democracia avanzada en Uruguay. El mismo nombre del Congreso expresa una de las acciones educativas que han llevado adelante intelectuales y estudiantes comprometidos con su tiempo, como el maestro Julio Castro, protagonista de aquella gesta sociopedagógica, quien luego fue detenido-desaparecido por la dictadura en 1977, y cuyos restos fueron hallados en 2011, en el Batallón de Infantería n°14 de Toledo.

La actualidad nos encuentra reafirmando el compromiso con la educación pública. El avance de la conciencia del pueblo, junto al fortalecimiento de su organización social y política, son condiciones de posibilidad para que nuestra sociedad continúe el camino de la cultura, avanzando en democracia, construyendo la democracia avanzada, vía uruguaya al socialismo.

* Profesor y Licenciado en Filosofía

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