Sirat, el puente sobre el infierno que debemos cruzar

Julio Castillo
El Chasque 227
06/3/2026

En medio del desierto marroquí se alzan torres de sonido preparando una fiesta “rave” o festival de música electrónica. En ese contexto, un padre, su hijo más chico y su perro buscan a su hermana que ha desaparecido, supuestamente siguiendo las fiestas electrónicas en diferentes lugares. Por un lado la inmensidad del desierto, por otro, la fiesta electrónica rodeada de una naturaleza que contempla ese ritual desde una soledad absoluta y un paisaje que lleva en pie cientos de miles de años. Mientras la erosión fluvial y eólica formaba su imponente muro escarpado ya iniciado el cuaternario, alguno de nuestros predecesores, en algún lugar de África, se esforzaba por sacarle rendimiento a una piedra afilada. Esas paredes han estado ahí mucho antes de que nuestra civilización dominara el planeta, pero han convivido con nosotros como especie. Más que un simple pasatiempo, parece una ceremonia para conectar con la roca. La electrónica inunda el lugar. Paradójicamente, el sonido procedente de los instrumentos más sofisticados del ser humano resulta extrañamente primitivo, como vibraciones telúricas procedentes de la misma era que vio nacer al barranco y al ser humano. Como si ese sonido llevara en nuestros genes desde el principio, y nuestros enormes equipos musicales solo lo hubieran despertado.

Los cuerpos se mueven de manera instintiva, desconectados de las convenciones sociales pero, al mismo tiempo, formando una comunidad tribal. No ejecutan bailes pautados con normas previstas. Se mueven como lo piden sus cuerpos, como lo necesitan. Asqueados de una sociedad con la que no conectan. Huyendo hacia lo esencial. Suena la música, la gente comienza a bailar sin parar quedando como en un trance. El padre y su hijo buscan mostrando una foto en medio de esa multitud absorta en su danza sin lograr noticias de ella. A la mañana siguiente se presenta un panorama similar. Nada importa más que realizar ese ritual de la danza hasta caer exhaustos. En un momento dado, esa multitud sonámbula, adormecida por el ritmo electrónico es interrumpida por el ejército. Sin entender que sucede se los obliga a marcharse aludiendo determinado riesgo el permanecer en ese lugar. Un grupo, entre ellos el padre y su hijo, se escapan en sus camiones y coches de la tutela militar en búsqueda de otra fiesta electrónica.

Durante el viaje escuchan por radio informes de una supuesta guerra que sucede en alguna parte. Llegan a un punto de su viaje en el que deben bajar hacia el valle por un desfiladero muy angosto, el sirat, un “puente más delgado que un cabello y más afilado que una espada”, situado sobre el infierno árido del desierto marroquí. Se detienen y el padre se baja para observar las dificultades del camino. El niño jugando con su mascota dentro de la camioneta desactiva el freno y se precipita hacia el vacío muriendo en el acto.

Destrozado por la pérdida de su hijo, el padre insiste en continuar el viaje para tratar de encontrar a su hija. Ya sin combustibles se encuentran en una zona desértica muy llana y decide continuar a pie. Camina toda la noche hasta caer rendido. Al día siguiente lo encuentra el grupo que viaja en un camión tipo casa rodante. Se detienen. Lo recuperan. Pero en un momento dado una de las personas del grupo se aleja y pisa una mina antipersonal y explota. Horrorizados se dan cuenta que se encuentran en medio de un campo minado.

Hoy el mundo es un campo minado.

EEUU e Israel decidieron nuevamente descargar el infierno sobre la tierra. Bajo la excusa de combatir el “mal”, del derecho a Israel a defenderse y una sarta de argumentos falsos y de convocatorias hipócritas al dios americano, lanzaron conjuntamente una escalada de bombardeos masivos sobre tierras persas. Irán había aceptado, horas antes, en el marco de las negociaciones, limitar el enriquecimiento de uranio para sostener su central de energía atómica. Sin pretexto alguno, EEUU lanzó su “Operación Furia Épica”. Con bombarderos de gran altitud descargó un ataque en todo el territorio de Irán apuntando principalmente a descabezar y eliminar a los principales líderes del régimen iraní y provocar el vacío político para promover el alzamiento de la oposición encabezada desde el exilio por el hijo mayor del sah, “el príncipe” Reza Pahlavi.

EEUU desenterró a una momia del viejo régimen dictatorial y monárquico encabezado por el padre, el último sah de Persia, Mohammad Reza Pahleví, quien se nombró Sahansah (rey de reyes) y que fuera derrocado por la revolución. Inmediatamente luego de la 2ª Guerra Mundial se inicia un proceso de nacionalización del petróleo por parte del primer ministro iraní, Mohammad Mosaddegh, que contaba con el apoyo del parlamento nacional para hacerlo. Este hecho terminó provocando su derrocamiento por un golpe de estado en 1953 con el apoyo de Inglaterra y EEUU.

A partir de ese momento se instaló una monarquía y dictadura absoluta de los Reza Palevi que casualmente volvieron a cederle a las compañías petroleras extranjeras los recursos petroleros del país. El 16 de enero de 1979 el último shah de Persia, Mohammad Reza Pahlavi, abandonó la nación para no volver, en dirección a Egipto. Dicha revolución eliminó el régimen monárquico gracias al apoyo popular y el petróleo volvió a manos del pueblo iraní.

Reza Pahlavi hijo, calificó este sábado de “intervención humanitaria” la ofensiva lanzada por Estados Unidos e Israel contra centros de poder y objetivos militares en territorio iraní. En un mensaje difundido en redes sociales, sostuvo que la ayuda prometida por el presidente estadounidense ya ha llegado y aseguró que la operación está dirigida “contra la República Islámica, su aparato de represión y su maquinaria de muerte, no contra el país ni la gran nación de Irán”.

Se ve que no funcionó. Al menos 153 personas, incluyendo decenas de niñas, murieron en una explosión en una escuela del sur de Irán, en la localidad de Minab.

A la luz de los objetivos estratégicos delineados en el documento sobre la “Seguridad Nacional de EEUU”, vuelve a plantearse el objetivo de instalar un gobierno afín a los intereses norteamericanos e israelitas para hacerse del control del petróleo iraní con la idea de cortar el suministro hacia China, debilitando su influencia económica y política al igual que atentar contra la consolidación de los BRICS.

Este accionar guerrerista donde prima la acción militar por sobre las relaciones diplomáticas y que parte de la idea de que para negociar hay que hacerlo desde posiciones de fuerza como bien lo explican en el documento sobre estrategia de seguridad nacional: “Paz a través de la fuerza: La fuerza es el mejor elemento disuasorio”, puede desembocar en una escalada global sin retorno.

Por otro lado lo preocupante es que vivimos adormecidos, mirando para el costado como si nada estuviese pasando. El mundo se encuentra al borde del precipicio y la gran mayoría de la humanidad sigue en su fiesta “rave” bailando como zombis música electrónica. A pesar de querer alejarnos del mundo, de escondernos en nuestras individualidad, repetir como un mantra los rituales del desayuno, ir a trabajar o estudiar, al final del camino el mundo te alcanza con todo sus horrores. El padre, el hijo, el perro, los danzantes de música electrónica huyeron de la guerra pero la guerra los alcanzó.

Hoy vivimos en un planeta minado al cual no podemos escapar. El único camino que le queda a la humanidad es cruzar el puente sobre el infierno y derrotar a quienes han desatado la guerra y la barbarie.

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