Entendiendo la agresión estadounidense contra Corea del Norte

Fuente: Red Flag
https://redflag.org.au/article/node-6486/

2018
Por Kim Bullimore – Activista, periodista y militante socialista australiana.
Traducción: Gonzalo Scarpa Landoni


El Chasque 258
23/10/2026

Frecuentemente llamada «la guerra olvidada», la Guerra de Corea (1950-53) tiene el dudoso honor de haber sido el primer conflicto armado de la Guerra Fría. Nació de la división impuesta a la península de Corea desde fuera; división que carecía de legitimidad a los ojos de la mayoría de los coreanos.

Estimaciones variadas señalan un número de muertos, heridos y desaparecidos de más de 4 millones de personas, incluidas 3,3 millones de coreanos (aproximadamente 1,3 millones en el sur y 2 millones en el norte).
El imperialismo estadounidense había intentado establecer acuerdos comerciales por la fuerza con la dinastía Joseon de Corea mediante la diplomacia de las cañoneras en 1871. Pero después de que Japón anexó la península de Corea en 1910, los sucesivos gobiernos de Estados Unidos habían mostrado poco interés en el país o en el destino de su gente.

No fue sino hasta 1943 que Estados Unidos expresó interés por «la esclavización de los coreanos» por parte de Japón, prometiendo apoyar a Corea para que se convirtiera en una nación libre e independiente «a su debido tiempo». Este repentino interés poco tenía que ver con facilitar la consolidación de una nación realmente independiente. En su lugar, la principal preocupación de Estados Unidos era tomar el control de las ex colonias japonesas y expandir su alcance imperial en Asia.
Cuando las tropas soviéticas entraron en Corea en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial, un mes antes que las tropas estadounidenses, Estados Unidos propuso la división de la península en el paralelo 38.

Evidentemente, esto era para supervisar la rendición de las fuerzas japonesas; Estados Unidos y la Unión Soviética facilitando conjuntamente la «descolonización» de Corea a ambos lados de esta frontera «temporal». Sin embargo, la elección del paralelo 38 no fue arbitraria.

En un memorándum de 1950, publicado 17 días después del comienzo de la Guerra de Corea, el futuro secretario de Estado estadounidense, Dean Rusk, explicó que se había elegido para «armonizar el deseo político de que las fuerzas estadounidenses recibieran la rendición [de las tropas japonesas] tan al norte como fuese posible dentro de la capacidad de las fuerzas estadounidenses para llegar a la zona».
En otras palabras, el paralelo 38 fue elegido para facilitar el control estadounidense de la mayor parte posible de territorio coreano.

La ocupación militar estadounidense de Corea, que duró casi cuatro años, comenzó formalmente el 8 de septiembre de 1945, cuando el general John Reed Hodge llegó al país. El historiador James Matray señaló que Hodge, al igual que los soldados bajo su comando, era «arrogante y despectivo de todo lo coreano».

Virulentamente anticomunista y considerando el territorio bajo control estadounidense como una «zona enemiga», Hodge estableció un régimen militar imperioso, autocrático, explotador y políticamente represivo. Según Matray, para muchos coreanos, Hodge y el Gobierno Militar del Ejército de Estados Unidos en Corea (USAMGIK – United States Army Military Government in Korea) simplemente había reemplazado al odiado gobernador general japonés en la cima de la «pirámide de poder represivo».

Dos días antes de q ue llegara Hodge, cientos de militantes coreanos independentistas que habían luchado contra el colonialismo japonés establecieron la República Popular Coreana (RPC). Entre los 55 elegidos para formar un nuevo gobierno coreano estaba Kim Il-Sung y Singman Rhee, quienes más tarde se volverían los respectivos líderes de la Corea dividida en norte y sur.

Aunque la RPC, con inclinación de izquierda, no era comunista, pedía reformas radicales. El mismo día en que Hodge llegó a Corea, el periódico de la RPC hizo un llamado «a la revolución social como segunda liberación», que incluía la completa emancipación de la mujer, la jornada laboral de ocho horas y el salario mínimo, la redistribución de la tierra, la nacionalización de las principales industrias y bancos, el control de la renta, la libertad de expresión, reunión y religión y el fin del
analfabetismo. La RPC también pro metió cooperar con Estados Unidos, la URSS y otras potencias.

La República Popular de Corea y las ideas que defendía fueron ampliamente apoyadas entre la población coreana. De acuerdo con George Katsiaficas, en su libro Unknown Uprisings, una encuesta realizada por Estados Unidos a 8.500 coreanos en agosto de 1946 reveló que el 70% apoyaba al socialismo, el 7% apoyaba al comunismo, el 14% apoyaba al capitalismo y el 8% no se pronunciaba.

En los últimos días de la Segunda Guerra Mundial, con Japón de rodillas, los coreanos establecieron comités de base alrededor del país. Para diciembre de 1945, más de 2.500 operaban como gobiernos de facto en aldeas, distritos, condados, ciudades y provincias. También se establecieron más de 1.000 nuevos sindicatos; el Consejo Nacional de Sindicatos Coreanos se formó en noviembre de 1945 representando a más de medio millón de trabajadores al sur del paralelo 38.
Sin embargo, la USAMGIK se negó a trabajar con la popularmente apoyada RPC y los comités de base, y en lugar de eso reclutó a empresarios y terratenientes de derecha, muchos de los cuales habían colaborado con los japoneses. Según el periodista John Gunther, Hodge y la USAMGIK instalaron «un variopinto surtido de expatriados, colaboradores, reaccionarios fascistas, asesinos profesionales e intelectuales confundidos».

El 12 de diciembre, apenas tres meses después de su llegada a Corea, Hodge proscribió a la RPC y a los comités de base, declarándolos «enemigos públicos», y sus líderes fueron arrestados. Cuatro días antes prohibió las huelgas y el 18 de diciembre creó una nueva comisaría de policía, más del 80% de sus reclutas eran antiguos colaboradores con los japoneses.

Bajo la protección de USAMGIK, Syngman Rhee, el candidato elegido por Estados Unidos como líder permanente de la nueva Corea del Sur, utilizó a la nueva fuerza policial para aplastar a la izquierda. Arrestos arbitrarios, extorsiones, tortura y represión de manifestaciones políticas se volvieron algo común.

En respuesta a la USAMGIK y a las acciones represivas de Rhee, el 1 de marzo de 1976 medio millón de coreanos tomaron las calles de Seúl. Siete meses después, los coreanos se levantaron contra la ocupación militar colonial estadounidense, empezando por una huelga general de los trabajadores ferroviarios en Busan. La huelga rápidamente se extendió a Daegu y a otras regiones.
Según el periodista Mark Gayn, fue «una revolución a gran escala, que debe haber involucrado a cientos de miles sino a millones de personas».
El ejército estadounidense declaró la ley marcial y abrió fuego contra las manifestaciones, asesinando a más de 1.000 protestantes (algunos informes señalan una cifra de hasta 7.000) y más de 20.000 heridos.

Entre 20.000 y 30.000 fueron arrestados y encarcelados. Estados Unidos facilitó la elección de Rhee en mayo de 1948, a pesar de las extendidas objeciones de los coreanos de que las elecciones fuesen llevadas adelante mientras la península permanecía dividida. Un mes antes de que la ONU sancionara las elecciones, los coreanos de la isla Jeju organizaron protestas en masa en oposición, atacando centros de encuestas y estaciones de policía. Rhee y la USAMGIK enviaron tropas a la isla para reprimir brutalmente el levantamiento, asesinando hasta 30.000 personas.

En octubre de 1949, horrorizados por la masacre de Jeju, hasta 2.000 soldados de izquierda, a quienes se les sumaron estudiantes y trabajadores, se levantaron contra Rhee y el USAMGIK en la provincia de Jeolla del Sur. Nuevamente respaldados por tropas estadounidenses, Rhee declaró la ley marcial y aplastó la rebelión.
Con su candidato elegido afirmado en el poder, Estados Unidos finalizó oficialmente su ocupación militar en junio de 1949. Sin embargo, un año después, estalló el primer conflicto armado de la Guerra Fría cuando Kim Il-Sung lanzó una ofensiva para reunir a las dos Coreas.

Estados Unidos respondió brutalmente, lanzando más napalm y bombas sobre las ciudades al norte del paralelo 38 de las que se habían lanzado durante la campaña del Pacífico en la Segunda Guerra Mundial. La guerra, que afectó a todas las familias coreanas tanto en el norte como en el sur, eventualmente quedó en pausa, con millones de muertos.

Aunque se firmó un armisticio en 1953, nunca hubo un tratado de paz, por lo que la guerra nunca terminó oficialmente. Sesenta y cinco años después, Estados Unidos continúa amenazando a Corea del Norte con invadirla o destruirla.

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