Lula y Brasil: la esperanza vuelve a levantarse y andar

#Pensarincomodar

Socióloga LilianaPertuy
El Chasque
26/10/2026


Estoy pensando que Lula, como en 2002, nos dio la admirable alarma. En aquel momento, en un sur destrozado por las políticas neoliberales, por la inviabilidad de las economías y por el hambre de millones, recuerdo que dije: Brasil manda, Brasil abre la esperanza. Y así se inició el proceso de los progresismos de izquierda, sobre todo en el sur de nuestro continente.

Lula ayer hizo su magia. Esa magia que tienen los hombres que han transitado su vida en la lucha verdadera: primero, para sobrevivir desde pequeños; después, para hacer sobrevivir a los de su clase, a los de su barrio.

Una magia aprendida en este continente, el más desigual del planeta. En ese país-continente donde conviven el desarrollo más avanzado de algunas industrias y, a tiro de flecha, la falta de todo o casi todo.

Lula es también ese Brasil que les dio una oportunidad a los nadies, a los negros, a los indígenas, a las mujeres; a la imaginación, al color y a la alegría inquebrantable de ese país-continente generoso.

Lula y Brasil vienen a salvarnos del oscurantismo, de esa negación de la posibilidad de construir un paraíso en la Tierra.

Lula y Brasil vienen a plantarle cara a la ultraderecha que, desde el Brexit, gana elecciones y consolida su base social.

Lula es, sin duda, uno de los líderes políticos más importantes que ha tenido el Sur periférico en los últimos tiempos.

Ese bicho político capaz de entender lo que no entiende y de darles vía libre a sus asesores jóvenes para llegar a quienes ni siquiera habían ido a votar, descreídos, sin horizonte ni proyecto personal, a través de las redes. Armó su ejército a medida. Y apeló también a su viejo electorado, que, con 80 años y más, salió de sus casas, de sus camas, y con sus bastones defendió una vez más la democracia y la libertad, no solo para Brasil, sino también para el mundo.

Lula nos enseña que es posible plantarse ante el poder descomunal de las oligarquías tecnológicas y ultraderechistas.

Lograron convertir en ejes centrales de la campaña temas tan caros a la gente como la democracia, la libertad, la soberanía, los derechos de los pueblos y la defensa de la Amazonia. Lula se hace cargo de cuestiones que van mucho más allá de su país, que comprometen al planeta y definen sus formas de existencia.

La gente iba a votar contra el imperialismo y por su nación. Lo decían en las colas. Y Lula logró convocar a esta lucha y a esta defensa a una clase media ilustrada, a los viejos amigos de la cultura.

Lula también nos enseña que no se trata de hacernos los bichos bolita para que no nos vea el imperialismo. Se trata de mostrar todo el arsenal que tienen nuestros pueblos: sus reservas éticas y morales, su historia sufrida, su capacidad de resistencia y su dignidad, forjadas en medio de la desigualdad.

Lula nos da el toque: hay que levantarse y andar.

Gracias, viejo y querido Lula, por poner, una vez más, toda tu humanidad al servicio de tu pueblo, de tu gente y de toda América.

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