Julio Castillo
El Chasque 220
16/01/2026
Elegí esta pintura magnífica realizada en 1564 por Pieter Bruegel el Viejo, artista renacentista holandés, titulada La Procesión al Calvario por su paralelismo simbólico con la actualidad.
La pintura es puro caos. Cientos de figuras y pequeñas escenas por todas partes. No hay nada a lo que aferrarse, y ese es exactamente el punto.
Bruegel deliberadamente esconde a Jesús entre la multitud. Él no es el foco de esta composición. Esta pintura es tanto sobre el sufrimiento de Cristo como sobre todos los demás. La gente que mira y la que chismorrea. La gente que sigue caminando, da la espalda a los atormentados. Se ríen y conversan sin dar importancia a lo que sucede. Es el sufrimiento como entretenimiento y espectáculo. Pintada en Flandes en el siglo XVI, bajo dominio español, esta historia bíblica también expresa dolorosamente su época. Bruegel le dio a los soldados romanos uniformes y armaduras española. La pintura es sobre la opresión, la barbarie y con qué facilidad las personas se acostumbran a ello.
Hoy sucede lo mismo frente al genocidio palestino. Ya dejó de asombrarnos los niveles de destrucción y barbarie. Miramos con indiferencia lo que sucede en Gaza donde la muerte es parte de la vida cotidiana. Es lo normal. Lo que ayer provocaba horror al ver las fotos de los campos de concentración nazis y tomar consciencia perdiendo definitivamente la inocencia al descubrir de lo que somos capaces de provocar como civilización, hoy ya nada nos sorprende y lo que es peor, no nos conmueve.
Es moneda corriente leer a quienes aplauden y justifican el hecho de ir con los amigos y unas cervezas a ver como bombardean Gaza, participar en safaris para cazar personas durante la guerra de los Balcanes, invadir un país y secuestrar a su presidente o mirar impávidos a través del celular como asesinan a una mujer a manos de la ICE (Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de los Estados Unidos. En inglés: United States Immigration and Customs Enforcement)
Y esta sensación de que estamos perdidos como civilización, de que nada podemos hacer para impedir el curso de los acontecimientos provoca el inmovilismo y nos empuja a refugiarnos en nuestros problemas tratando de aturdirnos para no ver ni oír tanta desgracia o creer, que lo que vivimos y sufrimos es por no ser suficientemente sumisos y no hacer caso a la voz de ¡alto!, y en consecuencia recibir tres disparos en el rostro como a Renee Nicole Good en Minéapolis.
Recordando la experiencia de la lucha contra la dictadura uruguaya, la mayoría de los Partidos Políticos decidieron “desensillar hasta aclarar”. No hacer ruido, no perturbar el sueño de los dictadores para evitar ser perseguidos. Sin embargo, hubieron otros sectores, entre ellos la central obrera (CNT) la propia FEUU y fuerzas políticas del FA que resistieron y combatieron hasta que fue derrotada. Inclusive hoy cundo se hace memoria de lo sucedido y de las vicisitudes personales el comentario es: “algo habrás hecho”. Efectivamente, si hubiéramos sido sumisos es probable que siguiéramos bajo un régimen autoritario. Y si miramos la historia de la civilización humana, llegamos hasta aquí porque hubieron personas en el pasado que enfrentaron las injusticias y lucharon por construir sociedades más libres y justas. Por lo tanto la sumisión y el quedarse callado no es el camino para frenar esta locura. Es necesario unir a todas las fuerzas democráticas y todas las voces en torno a la lucha por la paz, la libertad, la justicia social y el entendimiento entre los pueblos.
El ICE, institución dedicada a la caza y captura de cuanto inmigrante se encuentra “ilegal” en EEUU representan a la vieja SS y Gestapo alemana persiguiendo a cualquier sospechoso de ser o tener algún rasgo “judío”. Esta temporada de caza fascista que se sustenta en culpar a los inmigrantes de la crisis y situación social catastrófica que vive EEUU se sostiene en la mentira como bien explica y describe Hannah Arendt en sus incursiones filosóficas sobre la “Banalidad del Mal” durante el juicio a los cabecillas nazis en Núremberg.
“Mentir constantemente no tiene como objetivo hacer que la gente crea una mentira, sino garantizar que ya nadie crea en nada. Un pueblo que ya no puede distinguir entre la verdad y la mentira no puede distinguir entre el bien y el mal. Y un pueblo así, privado del poder de pensar y juzgar, está, sin saberlo ni quererlo, completamente sometido al imperio de la mentira. Con gente así, puedes hacer lo que quieras”
Trump declara que el único límite para su accionar son sus pautas morales.
Este personaje naranja fruto de la cama solar y pelo rubio ha resultado ser un pedófilo vinculado a las orgías realizadas por Epstein y que hoy se han dado a conocer miles de documentos que hacen evidente esa conducta de prostitución infantil y pedofilia a pesar de los intentos para ocultarlo.
Las pautas morales de Trump dejan mucho que desear y sería solamente eso, pero lo paradójico es que se sienta en la oficina oval de la Casa Blanca con todo el poder militar y la necesidad de recuperar el viejo estatus hegemónico de EEUU. Su prepotencia y violencia es la expresión de la versión más violenta del capital financiero que quiere gobernar, no en base a acuerdos y consensos, sino sobre lo que él entiende correcto moralmente y sentado en su trono de megatones como recordatorio a todos de que puede, si así lo amerita su moral y el interés del capital, barrer en minutos el mundo entero.
Por el poder que concentra, despectivo hacia toda institución que lo enfrente, ese accionar pornográfico, sin ocultamiento de las violaciones, mostrándose tal cual son, sin vergüenza en hacerlo públicamente y a la vista de todo el mundo conlleva a que la condena sea simplemente un gesto sin consecuencias.
Israel frente a Gaza acumula denuncias de genocidio sin efectos materiales sobre Netanyahu. El orden global no se rige por la norma sino por la capacidad de imponerla o ignorarla.
Es el ejemplo de Venezuela. Después de tres décadas de acoso político, sanciones económicas, confiscaciones de activos y golpes de Estado fallidos, Trump ha recurrido a la más vieja tradición de la política exterior de EEUU: la intervención militar directa. En paralelo amenaza al presidente de Colombia, explica que va a intervenir militarmente por tierra en México y anuncia que va a quedarse con Groenlandia por las buenas o por las malas. En su prepotencia cruzó una línea muy delicada, a pesar de las advertencia de Rusia, que fue la captura en aguas internacionales de un barco petrolero con bandera rusa. Jugar al borde de la guerra total muestra el nivel de irresponsabilidad que tiene o en su delirio de grandeza estar convencido de que dios protege a los EEUU y por esa razón puede sobrevivir a un choque nuclear.
Por ahora podemos dormir tranquilos ya que sus asesores guerreristas todavía no lo han convencido de esa posibilidad ya que si mínimamente creyeran que es posible ya lo hubieran hecho. Recordemos que EEUU fue el único país que utilizó la bomba atómica dos veces contra un país. Después de seis meses de intenso bombardeo sobre un conjunto de ciudades japonesas, el arma nuclear Little Boy fue soltada sobre Hiroshima el lunes 6 de agosto de 1945, seguida por la detonación de la bomba Fat Man el jueves 9 de agosto sobre Nagasaki.
Hoy nada indica que no lo puedan hacer nuevamente.
Lo grave es que la gente no esté preocupada por los cambios en la escena política internacional, donde la aplicación de la fuerza ya no es la excepción, sino la regla. Sin embargo esa indiferencia o ignorancia producto que ya no saben que creer hará que un día ya sea demasiado tarde para reaccionar y las trompetas del Apocalipsis anuncien el fin.
Sabemos que es difícil ver la luz al final del camino, pero también sabemos que esa luz será más fuerte si unimos fuerza y luchamos por la paz. Condenar claramente el genocidio en Gaza, como la intervención militar en Venezuela, el genocidio en Sudan o el intento de golpe en Burkina Faso, el fin de la guerra en Ucrania o la desigualdad y miseria que viven millones de personas condenadas por el actual sistema no es un acto meramente formal, sino que es un acto de denuncia y resistencia ante la injusticia y la barbarie.
Dejamos estas palabras del Che pronunciadas 1964 en la asamblea de las Naciones Unidas que describen con certera claridad el carácter bestial del imperialismo, ayer como hoy, en su forma de dominación.
«Ahora en ese Congo tan lejano de nosotros y, sin embargo, tan presente, hay una historia que nosotros debemos conocer y una experiencia que nos debe de servir. El otro día los paracaidistas belgas tomaron por asalto la ciudad de Stanleyville, masacraron una cantidad grande de ciudadanos y, como acto último, después de haberlos ultimado bajo la estatua del prócer Lumumba, volaron la estatua del expresidente del Congo. Eso nos indica a nosotros dos cosas: primero la bestialidad imperialista, bestialidad que no tiene una frontera determinada ni pertenece a un país determinado. Bestias fueron las hordas hitlerianas, como bestias son los norteamericanos hoy, como bestias son los paracaidistas belgas, como bestias fueron los imperialistas franceses en Argelia, porque es la naturaleza del imperialismo la que bestializa a los hombres, la que los convierte en fieras sedientas de sangre que están dispuestas a degollar, a asesinar, a destruir hasta la última imagen de un revolucionario, de un partidario de un régimen que haya caído bajo su bota o que luche por su libertad.
Y la estatua que recuerda a Lumumba —hoy destruida pero mañana reconstruida— nos recuerda también, en la historia trágica de ese mártir de la Revolución del mundo, que no se puede confiar en el imperialismo, pero ni un tantito así, nada».
