XV–Convicciones de un comunista-2- El Talón de Hierro

EL TALON DE HIERRO
Jack London

«Os he demostrado matemáticamente la inevitable ruptura del sistema capitalista.
Su posesión (de las máquinas) será la postura que estará en juego …Si el trabajo sale victorioso, Estados Unidos, y sin duda el mundo entero, entrarán en una era nueva y prodigiosa. Las máquinas, en lugar de aplastar a la vida, la tornarán más bella…
Si los Trusts ganan la batalla…vosotros, el trabajo y todos nosotros quedaremos aplastados bajo el talón de hierro de un despotismo más implacable y terrible que ninguno de los que mancharon las páginas de la historia humana.
¡El Talón de Hierro! Tal es el nombre que convendrá a esta horrible tiranía.»

El Chasque
11/02/2026
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En esta increíble obra de anticipación, escrita en 1907 en Estados Unidos, Jack London, su autor, describe con gran lucidez el desprecio de la gran burguesía y sus representantes en el gobierno ante el sufrimiento de la clase obrera, trabajadores y pueblo en general.

En estos días que Trump impulsa una nueva escalada de agresión sobre Venezuela y el resto de América Latina, esta obra nos explica, de forma novelada, la esencia de los hechos que vivimos hoy. Explica el fenómeno del fascismo, describe como los monopolios, los trust y los cárteles generan una nueva etapa más salvaje aún, del capitalismo, el imperialismo, llevando a la quiebra a los pequeños y medianos empresarios o poniéndolos a su servicio.

En este capítulo se describe, en 1907, la incapacidad de la burguesía media para sobrevivir al poder del gran capital, a transformarse en lacayos, hoy tercerizados, simples eslabones al servicio del capital financiero, de la brutal concentración de capital, que los hunde y a su vez es causa de la multiplicación de la miseria en el mundo.
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Capitulo IX – Un sueño matemático

…. Continuación
—Se lo vende al extranjero —declaró espontáneamente el señor Kowalt.

—Eso es —corroboró Ernesto—. De este remanente nace la necesidad de una salida al exterior. Se lo vende en el extranjero. Estamos obligados a venderlo en el extranjero. No hay otro medio

de desprenderse de él. Este excedente vendido al extranjero constituye lo que llamamos balanza comercial favorable. ¿Seguimos de acuerdo?

—Seguramente, estamos perdiendo el tiempo con esta elaboración del abecé del comercio —dijo el señor Calvin de mal humor. Todos lo sabemos de memoria.

—Si puse tanto cuidado en exponer este alfabeto —replicó Ernesto—, es porque gracias a él voy a confundiros. Ahí está lo picaresco del asunto. Voy a confundiros en menos que canta un gallo.

Los Estados Unidos es un país capitalista que ha desarrollado sus recursos. En virtud de su sistema industrial, posee un remanente del que debe deshacerse en el extranjero[61]. Lo que es cierto en los Estados Unidos, lo es igualmente para todos los países capitalistas cuyos recursos están desarrollados. Cada uno de esos países dispone de un excedente todavía intacto. No olvidéis que va uno y otros han comerciado y que, no obstante, esos excedentes continúan disponibles. En todos esos países el trabajo ha gastado sus jornales y no puede comprar nada; en todos ellos también el capital consumió ya todo lo que se lo permite su naturaleza. Y tienen en sus brazos esa sobrecarga, sin poder trocarla entre sí. ¿Cómo van a desembarazarse de ella?

—Vendiéndola a los países cuyos recursos no están desarrollados —sugirió Kowalt.

—Perfectamente; como veis, mi razonamiento es tan claro y tan simple que se desenvuelve solo en vuestro espíritu. Demos ahora un paso adelante. Supongamos que los Estados Unidos colocan su excedente en un país cuyos recursos no están desarrollados, en el Brasil, por ejemplo. Acordaos que esta balanza está fuera y por encima del comercio, pues los artículos comerciales ya han sido consumidos. ¿Qué dará en cambio el Brasil a los Estados Unidos?

—Oro —dijo el señor Kowalt.
—Pero en el mundo sólo hay una cantidad limitada de oro —objetó Ernesto.
—Oro bajo forma de fianzas, obligaciones y otras prendas por el estilo —rectificó el señor Kowalt.

—Ahora lo tengo. Los Estados Unidos recibirán del Brasil, a cambio de su excedente, obligaciones y garantías. ¿Qué significa eso sino que los Estados Unidos entrarán en posesión de los ferrocarriles, de las fábricas, de las minas y de las tierras del Brasil? ¿Y qué resultará de eso?
El señor Kowalt reflexionó y sacudió la cabeza.

—Os lo voy a decir —continuó Ernesto—. Resultará esto: que los recursos del Brasil van a desarrollarse. Bien, demos un paso más. Cuando, bajo el impulso del sistema capitalista, el Brasil haya desarrollado sus propios recursos, poseerá él también un excedente no consumido. ¿Podrá colocarlo en los Estados Unidos? No, porque éstos tienen ya su propio excedente. ¿Y los Estados Unidos podrán hacer como antes y colocar su excedente en el Brasil? No, puesto que este país tiene ahora el suyo propio.

¿Qué sucede? En adelante, los Estados Unidos y el Brasil deben buscar sus salidas en comarcas cuyas fuentes de riqueza no estén todavía explotadas. Pero por el hecho mismo de descargar allí su remanente, esas nuevas regiones verán crecer sus recursos y no tardarán en poseer, a su vez, excedentes: entonces se ponen a buscar nuevos países para aliviarse. Bien, señores, seguidme:
nuestro planeta no es tan grande; no hay más que un número limitado de regiones en la tierra. Cuando todos los países de la tierra, hasta el último y más insignificante, tengan una sobrecarga en sus brazos y estén ahí mirando a los demás igualmente sobrecargados, ¿qué va a pasar?

Hizo una pausa y observó a sus oyentes. Era divertido ver sus caras perplejas. En medio de abstracciones, Ernesto había evocado una visión clara. En esos momentos ellos la veían muy precisamente y tenían miedo.

—Hemos comenzado por el abecé, señor Calvin —dijo Ernesto con malicia—, pero ahora le di el resto del alfabeto. Es completamente sencillo: en eso reside su belleza. Seguramente, usted tiene lista la respuesta. Pues bien, ¿qué ocurrirá cuando todos los países del mundo teman su excedente no consumido? ¿Adónde irá a parar entonces vuestro sistema capitalista?

El señor Calvin bamboleaba preocupado su cabeza. Evidentemente buscaba una falla en el razonamiento que Ernesto acababa de exponer.

—Hagamos juntos un rápido repaso al terreno ya andado — resumió Ernesto—. Hemos comenzado por una operación industrial cualquiera, la de una fábrica de calzado, y henos establecido que la división del producto elaborado conjuntamente que allí se practicaba era similar a la división que se cumplía en la suma total de todas las operaciones industriales. Hemos descubierto que el trabajo no puede volver a comprar con su salario más que una parte del producto y que el capital no consume todo el resto. Hemos hallado que una vez que el trabajo había consumido todo lo que le permitían sus salarios y el capital todo lo que necesitaba, quedaba un excedente disponible. Hemos reconocido que no se podía disponer de esa balanza sino en el extranjero. Hemos convenido que el fluir de ese excedente a un país nuevo provocaba allí el desarrollo de los recursos, de suerte que en poco tiempo ese país, a su vez, se encontraba sobrecargado con un remanente. Hemos extendido este proceso a todas las regiones del planeta, hasta que cada una de ellas se atiborra, de año en año y de día en día, de un exceso del que no puede desembarazarse en ningún otro país. Y ahora os pregunto una vez más, ¿qué vamos a hacer con esos excedentes?

Tampoco esta vez nadie respondió.
—¿Y, señor Calvin? —lo provocó Ernesto.
—Eso está fuera de mi alcance —confesó el interpelado.
—Nunca había pensado en semejantes cosas —declaró el señor Asmunsen—. Y, sin embargo, está tan claro como si estuviera escrito.

Era la primera vez que escuchaba una exposición de la doctrina de Karl Marx[62] sobre la plusvalía. Ernesto lo había hecho tan simplemente que yo también me sentía pasmada e incapaz de responder.

Voy a proponeros un medio para desprenderos del excedente dijo Ernesto. Arrojadlo al mar. Tirad cada año los centenares de millones de dólares que valen los calzados, los vestidos, el trigo y todas las riquezas comerciales. ¿No se arreglaría así el asunto?

—Claro que lo sería —respondió el señor Calvin—. Pero es absurdo de su parte hablar de esa manera.
Ernesto repuso con la velocidad del rayo:
—¿Es usted menos absurdo, señor destructor de máquinas, cuándo aconseja la vuelta a los procedimientos antediluvianos de sus abuelos? ¿qué propone usted para librarse de la plusvalía?

Esquivar el problema cesando de producir, pues no otra cosa importa una vuelta a un método de producción tan primitivo e impreciso, tan desordenado y desatinado, que hace imposible producir el menor excedente.

El señor Calvin tragó saliva. La estocada había llegado al blanco. Tuvo un movimiento de deglución y luego tosió para aclararse la garganta.

—Tiene usted razón —dijo—. Estoy convencido. Es absurdo; pero tenemos que hacer algo. Para nosotros, los de la clase media, es una cuestión de vida o muerte. Nos negamos a morir. Preferimos ser absurdos y volver a los métodos de nuestros padres, por groseros y dispendiosos que sean. Romperemos las máquinas. ¿Y vosotros qué pensáis hacer?

—No podéis romper las máquinas —replicó Ernesto—. No podéis hacer refluir la ola de la evolución. Se os oponen dos grandes fuerzas, cada una de las cuales es más poderosa que la clase media. Los grandes capitalistas, los trusts, en una palabra, no os dejarán emprender la retirada. Ellos no quieren que las máquinas sean destruidas. Y, más fuerte aún que el poder de los trusts, está el del trabajo, que no os permitirá romper las máquinas. La propiedad del mundo (comprendiendo en él las máquinas) se encuentra en el campo de batalla, entre las líneas enemigas de los trusts y del trabajo. Ninguno de los dos ejércitos desea la destrucción de las máquinas, pero cada uno quiere su

posesión. En esta lucha no hay lugar para la clase media, pigmea entre dos titanes. ¿No sentís vosotros, pobre clase media, que estáis entre dos muelas que ya han comenzado a moler?

Os he demostrado matemáticamente la inevitable ruptura del sistema capitalista. Cuando cada país se encuentre excedido de una sobrecarga inconsumible e invendible, el andamiaje plutocrático cederá bajo el espantoso amontonamiento de beneficios levantado por él mismo. Pero ese día no habrá máquinas rotas. Su posesión será la postura que estará en juego en el combate. Si el trabajo sale victorioso, el camino estará expedito para vosotros. Los Estados Unidos, y sin duda el mundo entero, entrarán en una era nueva y prodigiosa. Las máquinas, en lugar de aplastar a la vida, la tornarán más bella, más feliz y más noble. Como miembros de la clase media abolida y de concierto con la clase trabajadora —la única que subsistirá—, participaréis en el equitativo reparto de los productos de esas máquinas prodigiosas. Y nosotros, unidos todos, construiremos otras más maravillosas aún. Y habrán desaparecido los excedentes no consumidos porque no existirán más los lucros.

—¿Y si los trusts ganan esta batalla por la posesión de las máquinas y del mundo? —preguntó el señor Kowalt.

—En ese caso —respondió Ernesto—, vosotros, el trabajo y todos nosotros quedaremos aplastados bajo el talón de hierro de un despotismo más implacable y terrible que ninguno de los que mancharon las páginas de la historia humana. ¡El Talón de Hierro! Tal es el nombre que convendrá a esta horrible tiranía.

Continuará.
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I- Los metafísicos

II – Los metafísicos

III- Los Mercenarios -El Talón de Hierro

IV – La lucha de Clases -EL TALON DE HIERRO

V – Esclavos de la máquina -El Talón De Hierro

VI- El capitalismo salvaje- El Talón de Hierro

VII- Las fuerzas de la Revolución

VIII – La clase capitalista se ha hecho pasible del delito de mala administración

IX -La lucha de clases: ¡El Poder! Verdaderamente, es la reina de las palabras, la última palabra

X – Así actúa la clase dominante: Si no puedes convencerlos, cómpralos… y si no…

XI- Para el sentido común, solo un loco puede “estar en desacuerdo radical con nuestras más sanas conclusiones.”

XII-Los destructores de máquinas -El Talón de Hierro

XIII-Los destructores de máquinas -2-El Talón de Hierro

XIV– La convicción de un comunista-El Talón de Hierro

3. El arte de la verdad manejable como un arma – Bertolt Brecht

Las cinco dificultades para escribir la verdad

El Chasque
01/02/2026

Hay que decir la verdad por las consecuencias que se desprenden de ella en cuanto a la conducta a seguir. Como ejemplo de una verdad de la cual no pueden sacarse consecuencias o tan sólo consecuencias falsas, nos servirá la opinión muy extendida de que las graves circunstancias imperantes en algunos países provienen de la barbarie. Según este modo de ver las cosas, el fascismo es una ola de barbarie que ha irrumpido en algunos países por fuerza natural.

Según esto, el fascismo es una tercera nueva fuerza junto a (y por encima de) el capitalismo y el socialismo; no solamente el movimiento socialista, sino también el capitalismo, no hubieran podido continuar existiendo, siempre según esta opinión, sin el fascismo, etc. Naturalmente se trata de una afirmación fascista, de una capitulación ante el fascismo. El fascismo es una fase histórica en la que el capitalismo ha intervenido en tanto que algo nuevo y a la vez viejo. El capitalismo existe en los países fascistas nada más que como fascismo, y el fascismo sólo puede ser combatido como capitalismo, como el más desnudo, insolente, contundente y falaz de los capitalismos.

En consecuencia, ¿cómo quiere alguien decir la verdad sobre el fascismo, contra el cual está, si no quiere decir nada en contra del capitalismo que lo engendra?

¿Cómo ha de resultar entonces practicable la verdad?

Aquellos que están en contra del fascismo, sin estar en contra del capitalismo, que se lamentan de la barbarie originada por la barbarie, se parecen a aquellas personas, que quieren comer su ración de ternera, pero sin que haya que degollar la ternera. Quieren comer la ternera pero no ver la sangre.

Se contentarán con que el carnicero se lave las manos antes de servirles la carne. No están en contra de la situación creada por la barbarie respecto de la propiedad, sólo en contra de la barbarie. Levantan su voz contra la barbarie, y lo hacen en países donde impera la misma situación económica, pero donde los carniceros todavía se lavan las manos antes de servirle la carne.

Las acusaciones públicas contra medidas barbaras pueden surtir efecto un tiempo corto, en tanto quienes escuchan crean que no viene al caso hablar de tales medidas en sus países. Ciertos países están en condiciones de mantener su situación respecto de la propiedad con medios menos violentos que en otros. La democracia les presta aún servicios que otros tienen que conseguir recurriendo a la fuerza, a saber, la garantía de la propiedad en los medios de producción. El monopolio sobre las fábricas, minas, tierras, crean en todas partes situaciones de barbarie; sin embargo, son menos visibles. La barbarie se hace visible tan pronto como el monopolio cínicamente puede ser protegido gracias al poder público.

Algunos países que, a causa del monopolio, no tienen aún necesidad de renunciar a las garantías formales del Estado constitucional, así como a comodidades tales como el arte, la filosofía, la literatura, escuchan con especial complacencia a los forasteros que recriminan a su patria por haber tenido que renunciar a ellas, por cuanto van a sacar provecho de ello en las guerras que se avecinan. ¿Puede decirse que han reconocido la verdad aquellos que piden a gritos guerra sin cuartel contra Alemania «porque es la verdadera patria de la maldad en esta época, la filial del infierno, la morada del Anticristo»? Más bien habría que decir que son gente necia, desorientada y perniciosa. Porque la consecuencia que se saca de su palabreo es que este país debe ser aniquilado. El país entero con todos sus habitantes, porque el gas tóxico no escoge a los culpables cuando mata.

El hombre despreocupado, que no sabe la verdad, se expresa de forma general, abstracta e imprecisa. Dice disparates de «los» alemanes, se lamenta «del» mal, y quien escucha no sabe qué hacer, en el mejor de los casos. ¿Ha de decidirse a no ser alemán? ¿Desaparecerá el infierno, si él es bueno? También la charlatanería sobre la barbarie que nace de la barbarie es de esta especie. A juzgar por lo que dicen, la barbarie proviene de la barbarie, y deja de existir por la civilización, que viene de la cultura. Esto viene expresado de una forma demasiado general, no de cara a las consecuencias para una conducta práctica, y en el fondo no va dirigido a nadie.

Tales declaraciones muestran muy pocos eslabones de la concatenación de causas y presentan determinadas fuerzas motrices como fuerzas indomables. Tales declaraciones entrañan mucha oscuridad, y esta oscuridad oculta las fuerzas que preparan las catástrofes. Un poco de luz y ¡aparecen en escena hombres como causantes de las catástrofes! Pues vivimos en un tiempo en que el destino del hombre es el hombre.

El fascismo no es una catástrofe natural que pueda comprenderse partiendo de la «naturaleza» del hombre. Pero incluso en el caso de las catástrofes naturales, hay maneras de describirlas que son dignas del hombre, porque apelan a su fuerza combativa.

Después de un gran terremoto, en muchas revistas americanas se podían ver fotografías que mostraban un campo de ruinas. Al pie se ponía steel stood (el acero resistió), y realmente, quien a primera vista sólo había visto ruinas, se daba cuenta ahora, atraída su atención por la leyenda, de que ¡algunos edificios altos habían quedado en pie! Entre las relaciones que se pueden dar de un terremoto, tienen una importancia imponderable las de los ingenieros, los cuales toman en cuenta el movimiento del suelo, la fuerza de los impactos, la temperatura que se desarrolla y cosas por el estilo, y conducen a la construcción de edificios que resistan a los seísmos. Quien quiera describir el fascismo y la guerra, las grandes catástrofes que no son catástrofes naturales, debe presentar una verdad practicable. Debe mostrar que son catástrofes preparadas a las enormes masas de trabajadores sin medios de producción propios por los poseedores de estos medios.

Quien quiera escribir con éxito la verdad sobre estado de cosas graves, deberá escribir de tal manera que se hagan reconocibles las causas evitables de aquéllos. Cuando se conocen las causas evitables, puede combatirse una situación grave.

La sumisión a la barbarie o la lucha por la paz

Julio Castillo
El Chasque
220
16/01/2026

Elegí esta pintura magnífica realizada en 1564 por Pieter Bruegel el Viejo, artista renacentista holandés, titulada La Procesión al Calvario por su paralelismo simbólico con la actualidad.

La pintura es puro caos. Cientos de figuras y pequeñas escenas por todas partes. No hay nada a lo que aferrarse, y ese es exactamente el punto.

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Cómo Trump ha convertido el ICE en su milicia particular

“Es lo más parecido a las SA del régimen nazi”

Javier Biosca Azcoiti / Juan Gabriel García
Fuente: ElDiario.es

El Chasque
13/01/2026

Hace meses que en Estados Unidos hombres encapuchados detienen a personas en medio de la calle y se las llevan dentro de furgones negros sin identificar.

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1. El valor de escribir la verdad -Bertolt Brecht

Las cinco dificultades para escribir la verdad
Bertolt Brecht
El Chasque
11/01/2026

Quien quiere hoy día combatir la mentira y la ignorancia y escribir la verdad, tiene que vencer por lo menos cinco dificultades. Deberá tener,
el valor de escribir la verdad, aun cuando sea reprimida por doquier;
la perspicacia de reconocerla, aun cuando sea solapada por doquier;
el arte de hacerla manejable como un arma;
criterio para escoger a aquellos en cuyas manos se haga eficaz;
astucia para propagarla entre éstos.

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El imperialismo yanqui con el culo al aire.

Julio Castillo
El Chasque 219
9/01/2026

Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miserias a nombre de la libertad» Simón Bolívar.

A pocos días de la agresión militar a Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y Cilia Flores por parte de los Estados Unidos señalamos algunos aspectos que caracterizan al imperialismo yanqui en la actualidad. Luego de exponer su nueva “Estrategia de Seguridad Nacional” queda más que claro la intención de recuperar su hegemonía en el mundo “occidental”, tanto militarmente como económicamente como forma de fortalecerse ante China, considerada por EEUU la enemiga número uno.

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X – Así actúa la clase dominante: Si no puedes convencerlos, cómpralos… y si no…

EL TALON DE HIERRO
Jack London

El Chasque
07/01/2026
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Mucho antes que Gramsci escribiera sobre la hegemonía, en esta ficción -que muestra descarnadamente la sociedad capitalista- se ve como la clase dominante se transfigura, dejando de lado lo humano, para solo preocuparse por la “Tasa de Ganancia”.

En esta increíble obra de anticipación, escrita en 1907 en Estados Unidos, Jack London, su autor, describe con gran lucidez el desprecio de la gran burguesía y sus representantes en el gobierno ante el sufrimiento de la clase obrera, trabajadores y pueblo en general.

En estos días que Trump impulsa una nueva escalada de agresión sobre Venezuela y el resto de América Latina, esta obra nos explica, de forma novelada, la esencia de los hechos que vivimos hoy. Explica el fenómeno del fascismo, describe como los monopolios, los trust y lo cárteles generan una nueva etapa más salvaje aún, del capitalismo, el imperialismo, y cuando las herramientas de la disuasión o la compra de las conciencias no basta, impone “la dictadura terrorista y sangrienta del capital financiero” como definió Dimitrov al Fascismo.

Se describe todo el horror que implica para los explotados y el más sombrío cinismo de los explotadores para justificar sus crímenes.

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EL NIÑO YUNTERO -Miguel Hernández

El Chasque
4/01/2026

Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

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Petro: «Ha muerto la democracia en el mundo, lo que reina es la barbarie»

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El presidente de Colombia, Gustavo Petro, criticó con fuerza el genocidio cometido por «Israel» contra el pueblo palestino y señaló la incapacidad de la ONU para detener las masacres, durante su intervención en la III Cumbre Social de los Pueblos de Latinoamérica y el Caribe, celebrada en Santa Marta. 

«Prefieren lanzar centenares de misiles, miles sobre los niños y las niñas de un pueblo pobre para mostrarle a los demás pueblos pobres que también eso pasará con sus niños y sus niñas”, alertó el mandatario.

El comunismo derrotó al fascismo hace 80 años y volverá a derrotarlo

Fuente: Tricontinental

El Chasque 214
5/12/2025

Una red de mentiras alaba el heroísmo de Occidente en la II Guerra Mundial (que llamamos Guerra Mundial Antifascista), pero la Alemania nazi y el militarista Japón fueron derrotados por el Ejército Rojo soviético y lxs comunistas y patriotas chinxs.

Queridas amigas y amigos:
Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social.

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