ORÍGENES Y FUNDAMENTOS DEL PROGRESISMO EN URUGUAY

Daniel Banina
6/06/2020

No descubrimos nada cuando decimos que todo comenzó con la implosión de la URSS y el Socialismo Real. En Uruguay a fines de los 80 y los primeros años de los 90 se suceden acontecimientos y pronunciamientos que representan los primeros proto-planteos de lo que luego será claramente la concepción progresista.

Nosotros nos proponemos analizar tres documentos que nos parecen significativos: El informe aprobado por el CC del Partido Comunista de Uruguay (PCU) y remitido al pleno del XXII Congreso, firmado por Jaime Perez, que tenía como título El Ocaso y la Esperanza; el llamado “Documento de los 24” que pretendió y logró, un corte horizontal del FA, con el planteo progresista, siempre planteado como una renovación necesaria e inevitable, en tanto “el mundo cambió”; y por último, un artículo de Álvaro Rico en el Estudios 109, “El Partido y la Política en el diseño de la Revolución Socialista en el Uruguay”.

Comenzamos con el artículo de Rico porque “se mete” y cuestiona el núcleo duro de la estrategia de la Revolución Uruguaya elaborada por el PCU desde 1955-57.

En los primeros párrafos del documento se esbozan las principales contradicciones que luego se van a desarrollar:

EL PCU:
#-antes privilegiaba la clase por sobre el ciudadano
#-la movilización social por sobre la legitimidad electoral
#-las prácticas corporativas por sobre las político institucionales
#-la forja de una conciencia revolucionaria mas que a la conformación de una opinión pública progresista
#-la realización de un proyecto revolucionario, fundante de una nueva sociedad, mas que sucesivas transformaciones democráticas dentro de la sociedad capitalista, que serán las bases de una revolución socialista democrática
#-avanzar en una revolución continental en lugar de aceptar las reglas de juego de la política internacional y tratar de modificarlas para lograr un orden mas justo

Leyendo estos planteos podemos afirmar que es un significativo resumen del pensamiento Progresista, que resumiremos con nuestras palabras en estos términos:

–El objetivo es generar sucesivas trasformaciones democráticas dentro del capitalismo; y en un prolongado proceso, aparecerá la revolución socialista democrática.

–El camino consistiría en actuar sobre los ciudadanos y lograr a través, fundamentalmente de políticas institucionales, lograr una opinión pública progresista que logre una legitimidad electoral. Que se esbozó en el 93/94 cundo se concreta FA-Encuentro Progresista-Nueva Mayoría y que se plasma en el 2005 con el 1er período de Tabaré.

Antes de profundizar y adjetivar consideramos de orden seguir relatando el análisis de Rico.

Lo primero que aborda es, sin decirlo, el análisis de los 3 círculos de la táctica; la clásica estrategia revolucionaria del PCU; metiéndose y siendo clase obrera, lograr su transformación político ideológica en clase para si, agitando como instrumento clave, determinante, su unidad. Operando desde las fuerzas motrices de la sociedad, lograr una síntesis política del pueblo en tanto expresión de la contradicción fundamental (oligarquía-pueblo). Por último la forja de un gran PCU como cuestión cardinal de dicha revolución.

Rico enfatiza que esa preocupación por la acumulación de fuerzas y por el asalto al poder, impidió ver al estado en su plena dimensión; se valoraba el parlamento como caja de resonancia, se medía el avance por la frecuencia y la profundidad de las luchas y se depositaba en un gran PCU vanguardia como garante del proceso. Ese partido tomaba las reglas del juego democrático con un sentido instrumental, como vía de aproximación.

Toda esta estrategia tenía un techo, sobre todo en el interior, no logrando trasmitir al resto de la opinión pública, del conjunto de la que ahora llamamos, sociedad civil; porque los objetivos, en definitiva revolucionarios, no serían transferibles de las fuerzas motrices al conjunto de la opinión pública, por eso los obreros votaban al dirigente comunista para el sindicato, pero no en la elección nacional. Teníamos una explicación, había un pueblo consciente y otro engañado.

Si la sociedad estaba así dividida, el partido sería la vanguardia clasista de la “sociedad consciente” que no puede superar los límites de las fuerzas motrices. El partido transformado en la “cuestión cardinal de la revolución” se auto-legitima conduciendo la generación de un proyecto social que en definitiva será su propio proyecto.

Y no solo como proyecto nacional sino como parte de un relato totalizador consolidado en el momento del “transito del capitalismo al socialismo”.

Como alternativa debemos facilitar que la sociedad toda, en un camino esencialmente plural y participativo (como ocurre con los centros comunales) (sic), logre generar el “bloque alternativo de los cambios”.

Se agregan tres caracteres significativos –a la opinión pública no le entra el militantismo, pudiendo resolverse con un “ciudadano activo” –el ciudadano activo no puede esperar un tiempo de sacrificio y militancia hasta concretar la utopía socialista –por último, esta nueva dinámica no se expresa con la lucha de clases antagónicas sino con “construcción recíproca de identidades” y todo culminaría, no en un estallido revolucionario sino que, luego de un largo proceso, surgiría un proyecto socialista autosustentable con un partido que participa colaborando en ese proyecto plural, que lejos está de referenciarse como un proyecto partidario.

Desde la propia fundación del FA y sobre todo desde la recuperación de la democracia se produce una valoración significativamente nueva de la Democracia que se reafirma con la estrategia de “consolidar y avanzar en democracia” que no se limita a determinadas conquistas sociales”, sino a un avance en el entramado político electoral, como lo muestra el resultado electoral del 89 conquistando la Intendencia de Montevideo y el apoyo sustantivo a Democracia Avanzada, poniendo las bases hacia un proyecto de socialismo democrático.

Implica defender la institucionalidad democrática, generar programas inclusivos para toda la sociedad, resignificar la figura del ciudadano activo y su participación; una izquierda integrada al sistema, requiriendo una discusión que defina el carácter de esa integración.

Hasta ese momento había una concepción de estado como aparato represivo de las clases dominantes; debíamos de destruirlo pero hasta llegar al asalto al poder, había que participar en ese mismo estado. El PCU lo asumía sin contradicción, en tanto integraba la etapa de acumulación de fuerzas.

Mas allá del objetivo de destruirlo, la práctica de participación en múltiples instancias: consejo de salarios, parlamento, intendencias, defensa del sistema democrático, ha generado lo que Rico denomina “camino transformista del proceso revolucionario”. Desde una integración negativa en los primeros años: llegar al parlamento para desenmascararlo desde adentro. Luego, desde los 60, la integración fue instrumental, en ella usábamos al estado para ayudar en la acumulación de fuerzas; y ahora, lo que sería una integración “crítico-alternativa” en donde mas que cambiar la democracia, debemos incorporarla al proyecto socialista. Revalorizar y remoralizar la política logrando integración plena de grandes mayorías para un proyecto nacional y MERCOSUR mediante, también regional.

Se agregan algunas consideraciones finales:

Nuestra clásica concepción del Estado no sólo es reduccionista, sino que supone nuclear en su seno todos los resortes del poder de la clase dominante –además lo transformamos en el objetivo, prácticamente único de la revolución –y también será la herramienta sobre la que se recreará la nueva sociedad.

El poder no estaría radicado en el estado, sino por el contrario, esta diluido en la sociedad y las luchas de la sociedad toda, las nuestras, incluidas y hasta las espontaneas tienen que promover esa dispersión del poder. Pero a veces el poder se cobija en conceptos como creencias, orden social, comunicación, legalidad, educación y otros “micro-poderes” (confieso que no logré descifrarlo).

Además Rico reclama la necesidad de profundizar en las particulares características del Estado uruguayo y no remitirse a las apreciaciones clásicas. Una revisión histórica desde el período artiguista, hasta nuestros días

Nuestra concepción del proceso revolucionario, (que todos conocemos), es cuestionado desde 4 hechos:

#- La paradoja descrita por Norberto Bobbio. Nunca el socialismo se desarrolló en una democracia desarrollada y al mismo tiempo, nunca se desarrolló democracia en el SR.

#-El eslabón mas débil. Implico un fracaso en tanto, ya lo planteaba Lenin, se hace mas fácil de acceder al poder y mucho mas difícil concretar una nueva sociedad. El fracaso del SR avala la necesidad de generar el socialismo democrático, apoyando y apoyándose en la revolución Científico-Técnica, la reconversión industrial, la inserción regional, la cultura.

#-El Neoliberalismo tiende a un estado mínimo y la internalización provoca la pérdida de protagonismo de los estados nacionales. Y es en esta dimensión nacional que se prefiguró nuestra estrategia revolucionaria; se revive la polémica de la revolución en un solo país.

#-Lo último es una análisis de porqué fuimos derrotados en 1973; fue la derrota de un modelo de revolución. Hay que revalorar la democratización de las FF.AA.

El desafío seria generar un proceso de socialismo democrático ´, que en forma compleja intrincada y prolongada, supone lograr la democratización del estado y socialización de las políticas públicas, con las tensiones del caso y que supone extender las formas participativas y autogestionarias de la sociedad civil. Y, un poco como culminación, lograr cambios sustantivos de las propias relaciones de producción, del poder financiero, la explotación, la democracia elitista.

Rico aclara que esta nueva forma de pensar la revolución no se justifica por la necesidad de revisar el pasado, sino por la necesidad de resolver el futuro.

FINALMENTE la consolidación del socialismo democrático supone se profundice la democracia política y social y también la democracia representativa y la democracia directa. Habrá que reforzar la sociedad civil como un todo heterogéneo, democratizante y democratizable.

El desarrollo democrático de la sociedad civil supone profundizar lo que ahora llamaríamos la nueva agenda de derechos, incluyendo el feminismo; pero también nuevas instancias de los procesos productivos, cooperativas, Economía Social y Solidaria.

Hasta aquí Álvaro Rico.

Reconozcamos que luego de 28 años tenemos una decisiva ventaja, sabemos que el proyecto fracasó. El proyecto progresista ¿fracasó? Esto amerita un largo y polémico análisis, porque cualquier compañero diría, Venezuela y Bolivia ¿también? Pero este será la culminación del análisis; comencemos por el principio:

Lo crucial, lo sustantivo que ocurrió en ese final del Siglo XX, fue la derrota-fracaso-implosión del Socialismo Real en general y la URSS en particular. A partir de esa insólita catástrofe, así lo vivimos, buena parte de la izquierda mundial y uruguaya enarbola una mirada crítica y autocrítica con distintas profundidades, con diferente radicalidad.

En el texto que analizamos, parece claro que se cuestiona conceptos claves del Marxismo Leninismo y también y sobre todo, la estrategia de la revolución uruguaya.

El Estado-la democracia política-la democracia burguesa-el aparato burocrático militar- la ideología dominante. Todo este complejo y sofisticado aparato cumple maravillosamente con la tarea de consolidar el capitalismo y asegurar su reproducción ampliada.

Ya es una grosería anti-dialéctica, considerar que el materialismo histórico reduce el Estado al aparato represivo.

También es un despropósito usar la categoría “democracia” casi en abstracto, con la misma conceptualización de la ideología burguesa. No da para un desarrollo en profundidad pero recordemos que para la concepción materialista de la historia de las sociedades humanas en general y el capitalismo en particular, enarbola una sofisticada forma de gobierno que definimos como Democracia Burguesa, que supone una democracia política pero también, aparato burocrático-militar mediante, integra las distintas formas de dictaduras

No resiste análisis considerar que la ideologización de las Fuerzas Motrices no puede llegar al conjunto de la mal llamada sociedad civil; y proponer un accionar político del conjunto de esa heterogeneidad, acentuando una serie de luchas parcelares que tienen que ser, pero que necesitan una síntesis política para serlo. En definitiva significa no resolver, o resolver de la peor manera la contradicción amplitud-profundidad.

Avanzar en democracia se reinterpreta, no ya como la clásica conquista de derechos sociales (salario-educación-salud-vivienda-derechos sexuales y reproductivos, etc.); ese avanzar rumbo al Socialismo democrático se piensa desde lo social, pero también y sobre todo desde un ciudadano activo que grupal e individualmente profundice desde el heterogéneo social, lo democrático.

Ese socialismo democrático se parece al “proto-socialismo” que describen Laguardia y Olesker desde el Partido Socialista (a ellos también los golpeó el documento de los 24), que también se alcanza en el devenir del Progresismo.

Hay una afirmación que nos parece por lo menos arriesgada y poco fundamentada: el golpe del 73 habría demostrado la imposibilidad de continuar con la clásica estrategia revolucionaria.

Agreguemos ahora, tal vez lo mas cuestionable del análisis de Rico; lo que no dice, lo que no aborda:

–La contradicción fundamental ¿sigue siendo oligarquía –pueblo?
–¿que papel juega el o los imperialismos?
–¿seguimos cuestionando la propiedad privada sobre los medios de producción?

Estamos convencidos que no enfrentar las categorías “duras” es una estrategia no ingenua; está en nosotros rescatarlas y con un pensamiento crítico, retomarlas, aggiornarlas, utilizarlas y defenderlas.

Para decirlo en forma clara: lo mas grave del conjunto de los planteos social-demócratas-progresistas, es abandonar el materialismo histórico en el análisis de nuestras sociedades.

Permítanme una ironía final; este pensamiento Social-Demócrata cambió la Tesis XI de Marx: “Hasta ahora la Izquierda ha tratado de superar el Capitalismo, lo que se trata es de mejorarlo”

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