En este día publicamos también: Un animal Socialista, que analiza el significado de Mujica en el Uruguay.
Este análisis, desde otro punto de vista, pretende responder a esa imagen edulcorada y conciliadora, que no le ha hecho bien a la izquierda, pues trata de esconder la verdadera contradicción en la sociedad contemporánea, la brutal, criminal expropiación de la riqueza creada por los trabajadores.
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Julio Castillo
El Chasque
9/06/2026
A un año del fallecimiento de “Pepe” Mujica, los medios, figuras del Frente Amplio, de la cultura, de gente común, y también de la derecha tradicional, en particular el expresidente Julio María Sanguinetti, han volcado una serie de elogios a su figura y trayectoria política. Sin embargo, dejando de lado las palabras edulcoradas trataremos de construir una visión crítica sobre su accionar y pensamiento y no sumarnos simplemente al coro, con el riesgo de ser condenado al exilio, que pretende transformar a Mujica en un mito.
Sabemos que los personajes míticos transmiten valores morales y constituyen modelos de conducta que fortalecen los vínculos y el sentido de pertenencia entre los miembros de una comunidad. En ese sentido comprendemos que el MPP haga centro en la figura de Mujica para transferir esa imagen a la propia fuerza política ya que él es el MPP.
A través de este relato, casi sagrado, lleno de frases y pensamientos, se proponen narrar sucesos ocurridos y explicar aspectos de la condición humana, estableciendo una interpretación de los hechos ocurridos en el pasado y construyendo una representación del mundo, de la sociedad y de la historia. En este discurso de quién fuera Mujica, se produce la metamorfosis del ser real al ser abstracto, al mito; un héroe, libre de errores, sin ánimo “revanchista”, un individuo que viene de otro tiempo, que “se desprende de todo” colocándose por encima de los comunes, ocupando el lugar del sabio, el “viejo de la tribu”, con sus consejos y guardián de la verdad.
Sanguinetti, viejo político de la derecha tradicional, ensalzando a Mujica, trata de sacar provecho y arrimar agua al molino en forma solapada sobre lo inútil de las revoluciones o “todos fuimos socialistas cuando jóvenes” al referirse a la postura de no revisión histórica del pasado reciente por parte de Mujica. Ayer enfrentados, hoy son amigos y escribieron juntos un libro sobre las experiencias personales, sus diferencias y sus coincidencias siendo esto para Sanguinetti una muestra de concordia y conciliación republicana que solo la democracia liberal puede conceder. Sanguinetti muestra a Mujica como un político veterano que se aviene a las reglas de juego de la democracia, abandonando todo intento de cambio revolucionario típico de una juventud rebelde. En definitiva también lo admite el propio Mujica al escribir junto a Sanguinetti el libro “El horizonte. Conversaciones sin ruido entre Sanguinetti y Mujica” (como que hubiese un horizonte posible para los uruguayos con la derecha parasitaria y antipopular. Probablemente sean horizontes totalmente diferentes.)
La reflexión por parte de Sanguinetti referida a la imagen de Mujica y su vida tiene una base ideológica (jamás da puntada sin hilo) pretende instalar un relato de los hechos históricos responsabilizando a un ficticio estallido generacional caracterizado como “el sesentismo” y reforzado a posteriori con la teoría de los dos demonios, poniéndose a salvo de la más mínima autocrítica y responsabilidad personal que tuvo en la tragedia que vivió el pueblo uruguayo frente a la dictadura. Sanguinetti deja de lado en este relato que integró el gobierno del golpista Bordaberry, defendió todas las leyes antipopulares y antidemocráticas que antecedieron al golpe de Estado.
Todo ese discurso de la derecha y de gran parte de la izquierda uruguaya es la que hoy prevalece en el sentido común y en la cual Mujica es en gran parte responsable. Hay una creencia de que es necesario el consenso de las ideas, la negociación, el acuerdo, el punto medio; algo con lo que ha insistido Orsi, (no con la misma suerte de Mujica) en la necesidad de evitar la confrontación y la polarización, eliminando toda tensión y “lucha de contrarios”.
El camino es llegar a acuerdos y entendimientos para impulsar intereses de la nación o como se dice comúnmente, construir “políticas de Estado”. En los hechos la experiencia demuestra otra cosa y además, cundo definimos “Estado” se presume que es el que conocemos actualmente, inamovible y eterno. Esa pretensión de promover políticas de Estado refuerza la idea de que el “Estado” es aséptico, al margen de las clases sociales y de las condiciones históricas materiales, que siempre fue así y seguirá siendo. Sin embargo este mismo “Estado” fue el que dio el golpe de estado de 1973 y arrasó con el liberalismo republicano para preservar los intereses de una minoría, de una élite oligárquica y cortarle el paso al avance del pueblo.
Es claro que esta postura conciliatoria es totalmente utópica y falsa y menos en el actual momento del desarrollo del capitalismo. Pueden existir coincidencias puntuales con otros partidos en determinados aspectos que generalmente no rozan los intereses del capital o no chocan con posturas filosóficas e ideológicas. Lo real es que se ha insistido con esta idea de la “excepcionalidad uruguaya”, de ser un país de diálogo…
La historia dice otra cosa. Blancos y colorados se degollaban de parado, hubieron varios golpe de estados, las ofensas se dirimían bajo la ley de duelos… Y hoy lo vemos desde el ala lacallista del Partido Nacional y lo que queda del Partido Colorado; un odio total al Frente Amplio, a todo aquello que signifique políticas sociales que favorezca a la gran mayoría del pueblo. Sufren mucho porque pierden la oportunidad de que ese dinero destinado a soportar el chaparrón provocado por el capitalismo no vaya para sus bolsillos.
Sanguinetti en sus reflexiones sobre Mujica destaca que luego de sufrir prisión en condiciones muy duras, “no salió con espíritu revanchista”, por el contrario, salió “evitando mirar el pasado” y con un profundo “humanismo”. Recordemos que Sanguinetti fue el promotor de la “Ley de Caducidad” para evitar que los responsables de la represión y persecución durante la dictadura fueran juzgados. Desde ese momento la derecha insiste en “dar vuelta la página”, no mirar hacia atrás, etc.
Cabe aclarar que ni un preso por la dictadura, ni familiar de los desaparecidos ha tenido actitudes revanchistas sobre los torturadores y golpistas. Simplemente se le ha exigido al Estado descubrir la verdad, aplicar justicia con todas las garantías y promover la memoria de los hechos. Y eso es profundamente humano ¡nuca más dictadura!
Allí están en Domingo Arena los “viejitos” (no todos, otros en prisión domiciliaria) de Mujica muy bien atendidos. Sabemos que el MPP nunca aprobó impulsar una verdadera revisión de la historia reciente y tampoco fue afín de apoyar los plebiscitos contra la ley de caducidad; en particular, Huidobro y Mujica. Queda claro cuando Orsi elude dar la orden “formalmente” al Ejército de entregar toda información sobre los desaparecidos más allá de las palabras pronunciadas por el General Mario Stevenazzi, jefe del ejército, de que ellos no tienen nada que ocultar. Las pruebas y los hechos dicen lo contrario.
Pero continuando con la proyección simbólica de Mujica debemos señalar que más allá de cómo vivió, fue producto de una época, hijo del infantilismo de izquierda en su aventura política con el MLN y que tanto le costó al país.
En una de sus frases dice: “Yo me dediqué a cambiar el mundo y no cambié un carajo, pero estuve entretenido. Sin embargo, me voy a morir feliz. No gasté mi vida solo consumiendo. La gasté soñando, peleando, luchando. Me cagaron a palos, sí, pero le di un sentido a mi existencia”, sin embargo, tuvo la oportunidad de hacer cambios importantes o radicales cuando fue presidente, cuando el Frente Amplio tenía mayoría parlamentaria, pero no los hizo. Inclusive, los “logros” que se le adjudican a él , son indiscutiblemente logros del Frente Amplio y de la lucha popular.
Si hay algo claro es que Mujica no fue ningún “animal socialista”. Muy lejos del pensamiento socialista promovió en su lugar el típico mesianismo y paternalismo -caritativo de origen pequeño burgués- que no confía en la experiencia de la gente y se ubica por encima de ella como sabedores de las cosas de la vida. Lo hicieron como MLN, asaltando camiones de Leche de Conaprole y repartiendo en los cantegriles al estilo Robin Hood. También Pacheco (Presidente de Uruguay de 1967 hasta el 1 de marzo de 1972)hizo casas para entregarles a personas que vivían en los cantegriles. Pero el simple hecho de ser armada no implicaba necesariamente que sus objetivos fueran revolucionarios. En el programa originario del MLN no existe ni una mención en construir el socialismo en Uruguay, ni tampoco de cambiar el sistema capitalista. Por el contrario sus métodos contribuyeron a fortalecer las posicione fascistas y contrarrevolucionarias dentro de la sociedad uruguaya.
El Plan Juntos fue al mejor estilo peronista. Donando parte de su sueldo como presidente para el plan y luego desprendiéndose de sus “riquezas”, impulsó la creación de una UTU en la chacra; es decir, los cambios dependen de la voluntad de las personas, desprenderse de sus riquezas y destinarlas para hacer el bien. Esta visión hace referencia a la caridad y no a la justicia social. Habla de que los cambios dependen de la voluntad individual de las personas y no de la lucha colectiva por los derechos y la justicia. No existen cambios reales y profundos en la historia humana que se hayan realizados por la actitud voluntaria de ceder la riqueza a la sociedad y menos bajo el capitalismo. Todas esas acciones son de carácter paternalista, individualista, no crean consciencia social, eluden al protagonista del cambio necesario, que es el conjunto del pueblo.
Hoy, esa filosofía se ha ido consolidando dentro del FA y se manifiesta en pretender caminar por el medio, (ni chicha ni limonada) haciendo equilibrios entre la lucha de clases, entre el capital y el trabajo. Mujica con su pragmatismo, el voluntarismo individual y el estoicismo, ha contribuido a consolidar la idea de que es posible un mundo y un país donde la conciliación de clases sea una realidad y se logre humanizar al capitalismo; en resumen, es la expresión ideológica del reformismo que piensa que las pequeñas revoluciones son suficientes para transformar la realidad.
Así vamos.
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