XIX – La Clase Dominante no perdona-El Talón de Hierro

Jack London

Comprendí que todas esas provisiones me pertenecían y que yo no había hecho nada para producirlas: Desde entonces vi claramente que otros habían trabajado para producirlas y que se las habían arrebatado. Y cuando descendí entre los pobres, descubrí a los que habían sido robados, a los que estaban hambrientos y miserables a raíz de ese robo.”

El Chasque
11/03/2026
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En esta increíble obra de anticipación, escrita en 1907 en Estados Unidos, Jack London, su autor, describe con gran lucidez el desprecio de la gran burguesía y sus representantes en el gobierno ante el sufrimiento de la clase obrera, trabajadores y pueblo en general.

En estos días que Trump impulsa una nueva escalada de agresión sobre Venezuela y el resto de América Latina, esta obra nos explica, de forma novelada, la esencia de los hechos que vivimos hoy. Explica el fenómeno del fascismo, describe como los monopolios, los trust y los cárteles generan una nueva etapa más salvaje aún, del capitalismo, el imperialismo, llevando a la quiebra a los pequeños y medianos empresarios o poniéndolos a su servicio.

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CAPÍTULO XII -EL OBISPO

(El Obispo) repitió que la Iglesia se había apartado de las enseñanzas del Maestro y que el becerro de oro se había levantado en el sitio de Cristo.

De ello resultó que, quieras que no, fue llevado a un sanatorio psiquiátrico, en tanto que los diarios publicaban notas patéticas sobre su crisis mental y sobre la santidad de su carácter. ..Me impresionó trágicamente el destino de este santo varón, absolutamente sano de cuerpo y de espíritu, aplastado bajo la brutal voluntad de la sociedad.

..Lo que más me aterraba era la impotencia de ese dignatario de la Iglesia. Si insistía en proclamar la verdad tal como la concebía, estaba condenado a internación perpetua.

…Luchaba como un gigante y yo ni siquiera lo sospechaba. Solo, completamente solo entre sus millones de semejantes, hacía la guerra a su manera. Tironeado entre su horror al manicomio y su fidelidad hacia la verdad y la justicia, se aferraba a éstas desesperadamente; pero estaba tan aislado, que ni siquiera se

atrevía a confiarse a mí. Había aprendido bien, demasiado bien, la lección.

..Un buen día el obispo desapareció. No había prevenido a nadie de su partida. Pasaban las semanas sin que regresase: hubo habladurías y corrió el rumor de que se había suicidado en un acceso de desarreglo mental.

.. había vendido todo cuanto poseía, su residencia en la ciudad, su casa de campo en Menlo Park, sus cuadros y colecciones artísticas y hasta sus queridos libros. Evidentemente, había vendido en secreto todos sus bienes antes de desaparecer.

.. cuando abandonaba la carnicería, un hombre cruzaba la puerta del almacén de la esquina.. seguí a ese hombre. .. Lo alcancé, ..y me encontré, asombrada, cara a cara con… el obispo.
..—Déjeme ir con usted ?
…Guiada por el obispo, trabé conocimiento con el barrio en que yo vivía. Nunca hubiese sospechado que contuviera miserias tan lamentables. ..

..Seguí al obispo a un cuartito interior, .. una viejecita alemana, de sesenta y cuatro años, según me informó el obispo.
Quedóse sorprendida al verme, pero hizo una señal de cordial bienvenida, sin dejar de coser un pantalón que sostenía en sus rodillas. .

.Recogí un pantalón y examiné el trabajo. Seis céntimos, señora dijo ella sacudiendo suavemente la cabeza, mientras continuaba cosiendo. Cosía con lentitud, pero sin detenerse un segundo. Su consigna parecía ser: «coser, seguir cosiendo y coser siempre».
—¿Es todo lo que pagan por este trabajo? —pregunté con asombro—. ¿Cuánto tiempo le lleva?
—Sí, es todo lo que dan —me contestó—. Seis céntimos por pieza para terminarlo, y cada pantalón representa dos horas de trabajo… Pero el patrón no lo sabe agregó vivamente como temerosa de acarrearse disgusto. Yo no soy muy ligera. Tengo reumatismo en las manos. Las muchachas son mucho más hábiles que yo: echan la mitad del tiempo que yo. El capataz es un buen tipo. Me deja traer el trabajo a casa, ahora que estoy vieja y que me aturde el ruido dé la máquina. Si no fuese tan bueno, me moriría de hambre…
..Le pregunté cuántas horas trabajaba, y me respondió que eso dependía de la estación.
—En verano, cuando los pedidos aumentan, trabajo desde las cinco de la mañana hasta las nueve de la noche. Pero en invierno hace demasiado frío: no consigo desentumecer mis manos.

Entonces tenlo que trabajar hasta más tarde, a veces hasta la medianoche. Sí la estación de verano fue mala. Los tiempos son duros. El buen Dios debe estar enojado. Éste es el primer trabajo que el patrón me ha dado en toda la semana… Es cierto que una no puede comer mucho cuando falta el trabajo. Pero va estoy habituada a eso. Toda mi vida me la he pasado cosiendo, en mi patria antes luego aquí, en San Francisco, desde hace treinta y cinco años…

Cuando una saca para el alquiler, todo va bien. El propietario es muy bueno pero quiere que le paguen. Es justo, ¿verdad? No me cobra más que tres dólares por esta pieza. No es cara. Sin embargo, a veces una pasa angustias para juntar esos tres dólares todos los meses.
…—No —explicó—, no es el hambre lo que a una le destroza el corazón. Una se acostumbra. Es por mi criatura que lloro. Fue la máquina la que la mató. Es cierto que trabajaba mucho, pero no alcanzo a comprender. Era una muchacha fuerte. Joven: no tenía más que cuarenta años, y no hacía más que treinta que trabajaba.

..Ella tenía diez años, pero era fuerte para su edad. Fue la máquina de coser la que la mató. Sí, ella me la mató. Era la que trabajaba más ligero en todo el taller. Muchas veces he pensado en eso, y lo sé. Es por eso que no puedo ir más al taller. La máquina de coser me da vueltas en la cabeza, y la oigo decir siempre: «¡Yo la maté, yo la maté!». Eso es lo que canta todo el santo día. Entonces pienso en mi hija y soy incapaz de trabajar.

(El Obispo).. Nos contó una multitud de cosas, pero expresó, sobre todo, la alegría que experimentaba al cumplir con los mandamientos de su Divino Maestro.
Pues ahora —dijo— alimento de verdad a mis ovejas. ..Ahora, por fin, tengo conciencia de ser uno de los ungidos del Señor.

..Frecuentemente me maravillo de la inmensa cantidad de papas, de pan, de carne, de carbón que se puede comprar con doscientos o trescientos mil dólares —se volvió hacia Ernesto—. Usted tiene razón, joven: el trabajo está pagado terriblemente por debajo de su valor. Yo nunca había realizado la menor tarea en mi vida, como no fuese la de dirigir exhortaciones estéticas a los fariseos. Creía predicarles el mensaje, y eso me valía medio millón de dólares. No sabía lo que significaba esta suma hasta no haber visto cuántas vituallas pueden comprarse con ella. Y entonces comprendí algo más.

Comprendí que todas esas provisiones me pertenecían y que yo no había hecho nada para producirlas: Desde entonces vi claramente que otros habían trabajado para producirlas y que se las habían arrebatado. Y cuando descendí entre los pobres, descubrí a los que habían sido robados, a los que estaban hambrientos y miserables a raíz de ese robo.

… ¡Y es tan lindo el dinero! ¡Sirve para comprar tantos alimentos! Antes ignoraba completamente para qué servía el dinero. …

¡Ay! A la semana siguiente los diarios nos informaron del triste caso del obispo Morehouse, que acababa de ser internado en el asilo de Napa, ..

Cristo había ordenado al joven rico que vendiese cuanto poseía —dijo Ernesto amargamente—. El obispo obedeció al mandato… y ha sido encerrado en una casa de orates. Los tiempos han cambiado desde la época de Cristo. Hoy el rico que da todo al pobre es un insensato. No hay nada que discutir sobre eso. Es el veredicto de la sociedad.

Continuará.
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I- Los metafísicos

II – Los metafísicos

III- Los Mercenarios -El Talón de Hierro

IV – La lucha de Clases -EL TALON DE HIERRO

V – Esclavos de la máquina -El Talón De Hierro

VI- El capitalismo salvaje- El Talón de Hierro

VII- Las fuerzas de la Revolución

VIII – La clase capitalista se ha hecho pasible del delito de mala administración

IX -La lucha de clases: ¡El Poder! Verdaderamente, es la reina de las palabras, la última palabra

X – Así actúa la clase dominante: Si no puedes convencerlos, cómpralos… y si no…

XI- Para el sentido común, solo un loco puede “estar en desacuerdo radical con nuestras más sanas conclusiones.”

XII-Los destructores de máquinas -El Talón de Hierro

XIII-Los destructores de máquinas -2-El Talón de Hierro

XIV– La convicción de un comunista-El Talón de Hierro

XV– La convicción de un comunista-2-El Talón de Hierro

XVI–Convicciones de un comunista-3-El Talón de Hierro

XVII–La democracia es aplastada por El Talón de Hierro

XVIII– Ante la infamia de la Oligarquía, solo queda la lucha -El Talón de Hierro

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