Jack London
“..aumentarán los salarios y disminuirán las jornadas de trabajo en los sindicatos de los ferrocarriles, de los trabajadores del hierro y del acero, de los maquinistas y de los constructores mecánicos. Estos sindicatos continuarán prosperando y la afiliación a ellos será buscada como si se tratara de reservar asientos en el paraíso.”
El Chasque
25/03/2026
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En esta increíble obra de anticipación, escrita en 1907 en Estados Unidos, Jack London, su autor, describe con gran lucidez el desprecio de la gran burguesía y sus representantes en el gobierno ante el sufrimiento de la clase obrera, trabajadores y pueblo en general.
Trump encabeza una nueva escalada de agresión y violencia en el mundo, a Venezuela y el secuestro de Maduro y su esposa, agrega Cuba y su bloqueo genocida, después la guerra abierta junto a Netanyahu, contra Irán que ha sumido al mundo en una nueva crisis que no se sabe donde termina. Esta obra nos explica, en forma novelada, una anticipación de lo que vivimos hoy. Explica el fenómeno del fascismo, como los monopolios, los trust y los cárteles generan una nueva etapa, más salvaje aún, del capitalismo, el imperialismo, llevando a la humanidad a una profunda crisis y al borde del abismo.
Aquí relata la traición de una aristocracia obrera, que comprada por la oligarquía, logran abortar el levantamiento popular, sumiendo al resto de los trabajadores en el abismo más cruel.
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CAPÍTULO XIV- EL COMIENZO DEL FIN
… Fue una época de confusión y de violencia.
Instituciones y gobiernos crujían en todas partes. Doquiera, salvo en dos o tres países, los otrora amos, los capitalistas, lucharon encarnizadamente para conservar sus bienes, pero el proletariado militante les quitó el gobierno. Se cumplía al fin la clásica profecía de Karl Marx: «He aquí que las campanas tocan a muerto para la propiedad privada capitalista, y los expropiadores son a su vez expropiados». No bien los gobiernos capitalistas se desplomaban, ya surgían en su lugar repúblicas cooperativas.
—«¿Por qué quedan rezagados los Estados Unidos?».
—«¡Despertad, revolucionarios americanos!». «¿Qué es lo que ocurre en América?». Tales eran los mensajes que nos enviaban los camaradas victoriosos de los otros países. Mas nosotros no podíamos seguir este movimiento. La Oligarquía, con su maza monstruosa, nos cerraba el paso.
…..
—¿De qué mañera, entonces, pensáis salir del apuro? — preguntó Ernesto bruscamente.
O’Connor se echó a reír, sacudiendo la cabeza.
—Todo lo que puedo decirle es esto: que no nos hemos dormido, y que ahora no somos soñadores.
—Espero que no se trate de nada de que tengamos que temer o que avergonzarnos —dijo Ernesto con gesto desafiante.
—Supongo que conocemos nuestro asunto mejor que nadie —fue la respuesta.
—Debe ser un asunto que teme a la luz, a juzgar por sus tapujos —le espetó Ernesto, cuya cólera se encendía.
—Hemos pagado nuestra experiencia con sudor y con sangre y merecemos todo lo que nos suceda —respondió el otro. La caridad bien entendida empieza por casa.
—Si usted tiene miedo de decirme su manera de salir del paso, yo mismo se lo voy a decir. —La cólera de Ernesto había estallado—. Usted piensa tomar parte en la cacería. Usted se ha entendido
con el enemigo, eso es lo que ha hecho. Usted vendió la causa del trabajo, de todo el trabajo. Usted deserta el campo de batalla, como los cobardes.
—Yo no digo nada —respondió O’Connor ásperamente. Creo sólo que sabemos un poco mejor que usted lo que nos hace falta.
—Pero se burla completamente de lo que le hace falta al resto de los trabajadores. Con una patada manda la solidaridad a la fosa.
—No tengo nada que decir —replicó O’Connor—, sino que soy el presidente de la Asociación de Mecánicos y que mi misión es considerar los intereses de los hombres que represento, eso es todo.
El Talón de Hierro aprendió su lección.
Le mostramos nuestro poderío en la huelga general, y ahora ha tomado sus medidas para impedir que haya una segunda.
—¿Pero cómo podría impedirla? —pregunté.
—Simplemente, subvencionando a los grandes sindicatos.
Éstos no se unirán a nosotros en la próxima huelga general y, por consiguiente, la huelga no tendrá lugar.
—Pero el Talón de Hierro no podrá sostener indefinidamente una política tan costosa.
—¡Oh!, no ha sobornado a todos los sindicatos. No era necesario. Mira lo que va a suceder: aumentarán los salarios y disminuirán las jornadas de trabajo en los sindicatos de los ferrocarriles, de los trabajadores del hierro y del acero, de los maquinistas y de los constructores mecánicos. Estos sindicatos continuarán prosperando y la afiliación a ellos será buscada como si se tratara de reservar asientos en el paraíso.
—Todavía no lo entiendo. ¿Y qué pasará con los otros sindicatos? Hay muchos más fuera de la combinación que dentro de ella.
—A todos los demás sindicatos los roerán y los harán desaparecer poco a poco, pues, nótalo bien, los ferroviarios, los mecánicos y los metalúrgicos hacen todo el trabajo absolutamente esencial en nuestra civilización. Una vez seguro de su fidelidad, el Talón de Hierro puede hacer capirotazos ante las narices de todos los demás trabajadores. El hierro, el acero, el carbón, las máquinas y los transportes constituyen el esqueleto del organismo industrial.
—Con una alianza tan poderosa como la de la Oligarquía con los grandes sindicatos, ¿cómo esperar que la revolución pueda llegar a triunfar nunca? —pregunté. Una alianza así puede durar
eternamente.
Ernesto sacudió la cabeza, negando.
—Una de nuestras conclusiones generales dice que todo sistema basado en clases y castas lleva en sí los gérmenes de su propia decadencia. Cuando una sociedad está fundada en las clases, ¿cómo puede impedirse el desarrollo de las castas? El Talón de Hierro no podrá oponerse y finalmente será destruido por ellas. Ya los oligarcas han formado entre ellos mismos una casta; pero espera que los sindicatos favorecidos desarrollen la suya… No tardará mucho. El Talón de Hierro hará todo lo posible para impedírselo, pero no lo logrará.
…. Al mismo tiempo, las castas adquirirán, como institución, una omnipotencia temporaria, análoga a la de los guardias del palacio en la Roma antigua; habrá revoluciones palaciegas, de suerte que el dominio pasará alternativamente de las manos de unos a las de los otros.
Estos conflictos acelerarán el inevitable debilitamiento de las castas, de modo que en resumidas cuentas, sobrevendrá el día del pueblo.
….
—Pero si subsiste la Oligarquía le pregunté, ¿qué será de los enormes excedentes con que se enriquecerán año tras año?
—Tendrá que gastarlos de una manera u otra, y puedes estar segura de que encontrará los medios. Se construirán magníficas carreteras; la ciencia, y sobre todo el arte, alcanzarán un prodigioso desarrollo. Cuando los oligarcas hayan apabullado completamente al pueblo, entonces podrán perder el tiempo en otras cosas: se convertirán en adoradores de la Belleza, en amantes de las artes. Bajo su dirección, y generosamente pagados, los artistas se pondrán a la tarea; de donde resultará una apoteosis del genio, pues los hombres de talento ya no estarán obligados, como hasta ahora, a sacrificarse al mal gusto burgués de las clases medias. Será una época de gran arte, lo profetizo, y surgirán ciudades de ensueño, al lado de las cuales las antiguas ciudades parecerán mezquinas y vulgares. Y en esas ciudades maravillosas morarán los oligarcas y adorarán a la Belleza.
Así, el exceso de renta será gastado constantemente, a medida que el trabajo cumpla su misión. La construcción de esas obras de arte y de esas grandes ciudades proporcionará una ración de hambre a los millones de trabajadores corrientes, pues la enormidad del excedente traerá aparejada la enormidad de los gastos. ..
Estas obras serán hechas por los oligarcas, porque no tendrán más remedio: deberán gastar su exceso de riqueza bajo la forma de trabajos públicos, como las clases dominantes del antiguo Egipto erigían templos y pirámides con la acumulación de lo que habían robado al pueblo. Bajo el reino de los oligarcas florecerá, no una casta sacerdotal, sino una casta de artistas, en tanto que las castas obreras pasarán a ocupar el lugar de nuestra burguesía mercantil. Y, abajo habrá el abismo, en donde se pudrirá y reproducirá constantemente, en medio del hambre y de la miseria, el pueblo ordinario, la masa gigante de la población. Y algún día, pero nadie sabe cuándo, el pueblo terminará por salir del abismo; las castas obreras y la oligarquía caerán en ruinas, y entonces, por fin, después de un trabajo de siglos, advendrá el día del hombre común. Yo había esperado ver ese día; pero ahora sé que jamás lo veré.
Hizo una pausa y me miró largamente; luego agregó:
—La evolución social es desesperadamente lenta, ¿no es cierto, querida mía?
Continuará.
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III- Los Mercenarios -El Talón de Hierro
IV – La lucha de Clases -EL TALON DE HIERRO
V – Esclavos de la máquina -El Talón De Hierro
VI- El capitalismo salvaje- El Talón de Hierro
VII- Las fuerzas de la Revolución
VIII – La clase capitalista se ha hecho pasible del delito de mala administración
IX -La lucha de clases: ¡El Poder! Verdaderamente, es la reina de las palabras, la última palabra
X – Así actúa la clase dominante: Si no puedes convencerlos, cómpralos… y si no…
XII-Los destructores de máquinas -El Talón de Hierro
XIII-Los destructores de máquinas -2-El Talón de Hierro
XIV– La convicción de un comunista-El Talón de Hierro
XV– La convicción de un comunista-2-El Talón de Hierro
XVI–Convicciones de un comunista-3-El Talón de Hierro
XVII–La democracia es aplastada por El Talón de Hierro
XVIII– Ante la infamia de la Oligarquía, solo queda la lucha -El Talón de Hierro
