Rosana Porteiro
El Chasque
27/04/2026
¿Qué tal si deliramos por un ratito? (fragmento)
¿Qué tal si clavamos los ojos más allá de la infamia para adivinar otro mundo posible?
Los políticos no creerán que a los pobres les encanta comer promesas.
La comida no será una mercancía ni la comunicación un negocio, porque la comida y la comunicación son derechos humanos.
Nadie morirá de hambre porque nadie morirá de indigestión.
Los niños de la calle no serán tratados como si fueran basura porque no habrá niños de la calle.
La educación no será el privilegio de quienes puedan pagarla y la policía no será la maldición de quienes no puedan comprarla.
La justicia y la libertad, hermanas siamesas, condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse, bien pegaditas, espalda contra espalda.
Serán reforestados los desiertos del mundo y los desiertos del alma.
Seremos compatriotas y contemporáneos de todos los que tengan voluntad de belleza y voluntad de justicia, hayan nacido cuando hayan nacido y hayan vivido donde hayan vivido, sin que importe ni un poquito las fronteras del mapa ni del tiempo.
Eduardo Galeano
Existen experiencias y personas que demuestran que es posible trabajar de forma colaborativa, que colocan como prioridades el bien común y el análisis crítico y participativo de la realidad con el fin de transformarla. Cuando se accede a ellas se logra entender que la creencia general en la sociedad de que la única manera de gestionarse es a través de la competencia y la superioridad de unos sobre otros, es una idea fija impuesta por el sistema al que le es funcional y que permite conservar intactos los privilegios y las desigualdades sociales. Se logra comprender también que la tan ansiada transformación social solo llegará a partir de un pueblo organizado, con conciencia social y política, que se reconozca como el actor fundamental de estos cambios.
El Centro Social “El Galpón de Corrales”, espacio emblemático y referente del barrio Villa Española, se inauguró un 14 de marzo de 1999 con la apertura del comedor popular “Villa Española” a instancias de dos vecinos de la zona, Ariel Núñez y Gustavo Fernández. Por El Galpón de Corrales han atravesado las luchas de vecinos, vecinas, organizaciones sociales y gremios de trabajadores del territorio durante estas casi tres décadas y es hasta hoy un espacio de articulación entre actores y colectivos sociales y una especie de caja de resonancia de estas luchas. “El Chasque” dialogó con tres integrantes del Centro Social, Gustavo Fernández; Ricardo Almeida y Virginia Cardozo, trabajadora que forma parte de la UCRUS.
Actividades
El Galpón de Corrales es una organización vecinal con autonomía orgánica de las distintas entidades públicas, privadas, o religiosas, independiente de cualquier filiación político partidaria, pero no por eso sin una mirada política de la realidad, se entienden dentro de lo que es la izquierda social y críticos del sistema. “Interpelamos las desigualdades en nuestro propio accionar, sacar una olla es además de un acto solidario, un hecho político porque discute la crisis alimentaria que existe en el país”, afirmó Fernández. De todas formas mantienen una buena relación con el Estado, en busca de la concreción de los objetivos del Centro se han vinculado con instituciones como la Intendencia de Montevideo y el Ministerio de Desarrollo Social. También mantienen en forma histórica desde 2010 un fuerte vínculo con la Universidad de la República, todos los años llegan grupos de estudiantes a realizar actividades de extensión universitaria o en el marco de cursos de distintas áreas o facultades para realizar trabajos de investigación o la tesis final de grado. Fernández resaltó la importancia de este vínculo ya que permite generar conocimiento valioso para las organizaciones sociales que participan en el Galpón y potencia el saber académico con el saber popular. Destacó asimismo la participación abierta e importante en el Centro social, en la última elección de autoridades había 130 personas habilitadas para votar.
En el Galpón se realizan diversas actividades de desarrollo social, cultural y artístico, también funciona una olla popular, el merendero, la radio comunitaria Barriada FM 96.7, la biblioteca y se llevan a cabo actividades educativas. El Centro Social asimismo, impulsa cooperativas de vivienda y de trabajo en distintas áreas, con el objetivo de generar nuevas fuentes laborales, “porque acá lo que tiene que haber es trabajo para la gente, para que no tenga que venir a una olla popular, que pueda comer en su casa, y para eso se necesitan fuentes de trabajo”. Con este fin el Galpón brinda su espacio y apoyo a actividades de distintas organizaciones sociales y todos los sectores de la economía informal como el de cuida coches, el de los vendedores ambulantes, como así también el de los “tortafriteros”. También se vincula con otras organizaciones en vía de formalización como la Unión de Clasificadores de Residuos Urbanos Sólidos (UCRUS) que forma parte del Galpón de Corrales, ya tiene dos décadas de existencia, logró desarrollarse y avanza en este sentido. La Asociación de cuida coches del Uruguay ha realizado sus encuentros nacionales en el Galpón de Corrales, existen grupos organizados de este sector laboral en Montevideo, Salto, Paysandú, Colonia y Paso Carrasco. Frente a la nueva reglamentación que la Intendencia de Colonia quiso aplicar que prohibía la actividad de los cuida coches en el departamento, los trabajadores de este sector acompañados por un representante del Galpón de Corrales vinculado al sindicato, lograron llevar a los medios de comunicación el problema de la pérdida laboral que les imponía esta norma y concretar reuniones con la Intendencia y el propio Parlamento para plantear esta situación.
Otra de las líneas de trabajo del Galpón es la alfabetización y el apoyo en la continuidad de la trayectoria educativa, para lo cual articulan con las brigadas socioeducativas del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Enseñanza Privada (SINTEP).
Cardozo destacó la diversidad de horarios de las actividades y de personas que participan en el Galpón de Corrales en cuanto a edades, género, e intereses en las propuestas que se desarrollan. Resaltó que uno de los principales propósitos del Centro y que “siempre está arriba de la mesa”, es generar capacitaciones para impulsar la inserción laboral, para lo cual el Galpón se presenta a convocatorias a fondos con este fin, lo que lo vinculó con instituciones como la Intendencia de Montevideo. “En esta línea de trabajo concurre al Galpón gente de todos lados, de todas las edades, incluso migrantes recién llegados al país”, señaló. “A mí me fortalece estar acá, esta participación sin egoísmo, que todos los que llegan compartan sus saberes con los demás y aporten a estar mejor de alguna manera”, acotó. “Es un ida y vuelta, una compañera viene, aprende serigrafía y enseña costura o pintura”.
En lo que respecta a las actividades de la UCRUS y otros grupos de trabajadores informales en el Galpón, Cardozo entiende que en el Centro “funciona todo lo que es invisible al Estado y no es menor, porque la gente sale a la calle a trabajar de alguna forma, a buscar herramientas para salir adelante y poder parar la olla y no a robar”. En ese sentido en el Centro cultural funcionan distintos talleres y emprendimientos, de costura, de serigrafía, gastronomía, áreas verdes y mantenimiento. “A estos talleres concurren en especial mujeres de todas las edades pero también varones, para aprender a hacer algo y generar dinero para su olla”, explicó. Ya existen muchas personas que participan en el Galpón, se capacitaron y venden en la feria o en otros lugares lo que elaboran o confeccionan, por ejemplo un grupo de muchachas que produce bolsones, remeras, etc. Asimismo se conformó una cooperativa de trabajo en el sector áreas verdes, en el marco del programa “Fondo por Más” de la Intendencia de Montevideo, y ya lograron un cupo laboral para siete personas a través de un convenio con la Unidad Agroalimentaria de Montevideo (UAM), lugar donde estos trabajadores cumplen su labor.
Una de las interrogantes que intentan plantear como colectivo a los representantes del gobierno, parlamento e instituciones públicas es “¿no habrá que hacer reformas estructurales en la sociedad para distribuir la riqueza, para terminar con las desigualdades?, porque estamos de acuerdo con llevar adelante políticas sociales y el Galpón de Corrales siempre intenta desarrollarlas pero a veces también vemos que son medidas muy superficiales, no logran terminar de raíz con los problemas y necesidades de la gente de los barrios, de los territorios, pasan los gobiernos pero estas problemáticas permanecen”.
En lo que se refiere a las actividades de comunicación “apuntamos a construir desde lo comunitario una herramienta para comunicarnos con los vecinos, pero también para fomentar lo que es la cultura comunitaria y una forma diferente de participar en la sociedad, a favor de la humanización y en contra de la competencia”, afirmó Almeida. A partir de la radio comunitaria establecieron en la actualidad articulaciones con organizaciones sociales como la Red Uruguaya de Medios Alternativos (Ruma), cuyos últimos encuentros se realizaron en el Galpón de Corrales. Destacó que el acceso a los medios de comunicación es un derecho de la población, algo que está avalado por acuerdos internacionales. De esa convicción nacen las radios comunitarias, incluyendo Barriada FM, que vinieron a pelear ese espacio, en un contexto en el que los medios de comunicación están concentrados en pocas manos al punto de configurar un monopolio en poder de grandes capitales.
Explicó que también articulan con espacios fuera del país como Cultura Viva Comunitaria Latinoamericana, con el que coinciden en la práctica comunitaria, el enfoque en educación popular y en la forma de organizarse, “en la autonomía, independencia, en que la persona no sea un objeto sino un sujeto cuando planteamos una propuesta educativa”.
Historia
Fernández recordó que donde se ubica desde hace 27 años el Galpón de Corrales, en la calle Corrales, frente a la fábrica Funsa, funcionaba desde la reapertura democrática un bar, que tenía el mismo nombre que el centro social, “El Galpón de Corrales”, y al que concurría mucha gente en especial los trabajadores de Funsa que iban a comer y a realizar sus reuniones. “El lugar se llenaba, la Funsa en su momento llegó a tener 3000 trabajadores, le daba una dinámica al barrio mucho más activa económicamente” señaló.
En el año 1999 Gustavo Fernández, vecino del barrio, y Ariel Núñez, que llevaba adelante el bar, se reunieron junto a otros jóvenes y vecinos a reflexionar acerca de cuáles eran los problemas del barrio. En ese momento se encontraban en proceso de apoyar un conflicto y ocupación de Funsa, algo que era habitual para los vecinos, siempre acudían a colaborar con los trabajadores cuando se presentaba un conflicto con la patronal. “A partir de esa reunión impulsamos una olla popular que se inició el 14 de marzo de 1999, ya que ese primer grupo de vecinos y jóvenes que nos reunimos entendíamos que la alimentación era una de las necesidades básicas insatisfechas que había que cubrir”, apuntó. Desde entonces la olla se ha llevado a cabo hasta hoy de forma ininterrumpida. Fernández destacó que esta iniciativa nunca funcionó con una lógica asistencialista. “Estamos para dar ayuda porque la asistencia solidaria es una de las cualidades y valores históricos de nuestro pueblo, que siempre han sido pilares y han estado presentes en nuestra sociedad”, señaló. No obstante la olla popular sobrepasó estos objetivos y apuntó también a generar auto organización y participación social, y en ese marco empezaron a sumar otras actividades. “En ese mismo año surgió la radio comunitaria, en el 2000, la biblioteca y así empezamos a transformar este espacio”. El bar funcionaba todavía pero ya estaba en vías de cierre porque el mismo declive de la Funsa determinó que perdiera esa gran afluencia de visitantes que tenía al principio y cerró definitivamente en 2001.
El Centro cultural con el tiempo incorporó distintas actividades en torno a los grandes temas que más afectaban al barrio, educación, cultura, discapacidad, trabajo, vivienda, y comunicación, en este marco desarrollaron años atrás el boletín La Fragua.
Algunos de los momentos que más recuerdan de la historia del Galpón de corrales son la crisis del año 2002 y la pandemia del año 2020, cuando lograron formar parte de la creación de la Coordinadora Popular y Solidaria (CPS) – Ollas por Vida Digna (CPS), que existe hasta hoy día. Asimismo el Centro ha albergado actividades de las distintas campañas plebiscitarias o referéndum a nivel local, “desde la que se desarrollo ante el intento de privatización de las empresas públicas, hemos estado en todas las peleas, donde el barrio nos necesita, ahí estamos”, puntualizó Fernández.
Almeida recordó que el Galpón de Corrales fue también parte del movimiento de radios comunitarias que surgió en la década entre los años 90 y 2000, “no solo significaba la lucha por la libertad de expresión, sino por el acceso a los medios de comunicación y en ese proceso se logró que el Parlamento aprobara la Ley de Radios Comunitarias en 2008, que establece que un tercio del espectro radioeléctrico debe alojar a las radios comunitarias, no nos lo regaló nadie, se consiguió con lucha”, expresó.
Un trabajo a contrapelo de la cultura actual
El Galpón de Corrales tiene mucho de contra hegemónico, conserva el legado de la historia del movimiento popular y sindical de un barrio muy combativo, la memoria de las luchas contra toda injusticia y falta de derechos; de las movilizaciones en apoyo a los trabajadores de Funsa, así como también a todas las luchas históricas hasta hoy por fuentes de trabajo. “Promovemos los derechos humanos en la práctica a través de principios como la autogestión, con el objetivo de impulsar el trabajo colectivo en lugar de la competencia que lleva prácticamente a la autodestrucción, como pasa en el planeta hoy”, subrayó Fernández. También tratan de interpelar la realidad en la que se insertan las problemáticas que abordan. «Si trazamos una línea transversal desde que empezamos la olla hasta ahora, incluso en gobiernos del Frente Amplio, siempre hubo un círculo de gente que venía a comer, 40 a 50 personas. ¿Por qué existe crisis alimentaria o problemas de alimentación? ¿No será que tienen que haber cambios sociales más estructurales? Existe un casco duro de pobreza y desocupación que si no se generan cambios estructurales en la sociedad, va a permanecer», concluyó.
