Aporte a la discusión democrático-avanzada

Líber Borroni Rinaldi *
El Chasque
28/07/2026

La democracia avanzada es una etapa del desarrollo de la sociedad en la que el pueblo organizado logra definir el rumbo político. La conquista y conservación del gobierno por parte de las fuerzas populares parece necesaria, pero no suficiente, para el avance democrático-avanzado.

¿Es solo una cuestión nacional? Es una expresión concreta de la dialéctica revolución y contrarrevolución mundial. La revolución tecnológica actual es la última expresión del desarrollo de las fuerzas productivas. Y China es la nación emergente en ese sentido, desplazando al imperialismo yanqui, y configurando la nueva etapa de desarrollo del socialismo. Su crecimiento ha significado mejores condiciones de vida de su pueblo. Su expansión no es a través de guerras sino de colaboración económica hacia un futuro compartido.

Podríamos hacer la crítica del socialismo con características chinas desde la perspectiva abstracta del derecho occidental. Pero ya se han hecho incluso antes de reconocer que China constituye la nueva vanguardia del bloque socialista. Lo que es más importante aún es hacer la crítica del progresismo, ya que nuestra tarea es continuar inscribiendo a Uruguay en esa vanguardia en la transición del capitalismo al socialismo. En ese sentido es fundamental destacar la visita a China del Gobierno frenteamplista encabezado por el Profesor Yamandú Orsi, así como los acuerdos de cooperación alcanzados en diversas áreas. Algo que se olvida en algunos discursos “hiper criticos”.

Junto a la integración regional y mundial, un aspecto fundamental de los gobiernos progresistas es que mejoran las condiciones de vida del pueblo, mejoran las condiciones de desarrollo del país. Base fundamental para el avance de la conciencia de las grandes masas. Si se piensa de manera dialéctica se entiende claramente que si no gobierna el progresismo, el gobierno de la sociedad pertenece a la oligarquía.

En el ‘Manifiesto del Partido Comunista’ de 1848, Marx y Engels planteaban que “nuestra época, la época de la burguesía, se caracteriza por haber simplificado estos antagonismos de clase. Hoy, toda la sociedad tiende a separarse, cada vez más abiertamente, en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases antagónicas: la burguesía y el proletariado.”

La lucha política se da con las herramientas que se tienen, mientras se van desarrollando otras, más poderosas y más precisas. Son las fuerzas que se han acumulado las que permiten profundizar en la aplicación del programa. Estas fuerzas surgen de la conciencia de las grandes masas, su capacidad de organización y movilización, y la calidad que se ha formado en los cuadros que dirigen el proceso.

Ha sido una constante del comunismo la formación de cuadros políticos para la transformación social. Al mismo tiempo que se aíslan los elementos que retardan el proceso de transformaciones, y se rectifican los errores que no están permitiendo avanzar, o que han llevado a la derrota. Al ser los Partidos políticos emanaciones del orden burgués, arrastran los vicios de esa sociedad en descomposición. Parece bastante claro cómo la burocracia política censura la crítica y promueve la obsecuencia, protegiendo personajes mediocres en sus tareas e incluso algunos que generan rechazo en el pueblo.

Cuando un líder progresista logra la adhesión entusiasta de vastos sectores populares, lejos de realizar interpretaciones que lo lancen a las fauces del enemigo, corresponde dar la lucha ideológica para rescatar lo genuinamente popular de dicho fenómeno social. Cuestionar la unidad del pueblo citando al enemigo no es la forma de interpretar la realidad en un sentido progresista. Tampoco lo es subirse a las campañas elaboradas por el poder mediático dominante dirigidas al desprestigio de nuestros dirigentes electos. Reflexionando sobre la actual resistencia del pueblo iraní a la guerra imperialista se puede comprender la importancia de la unidad ideológica de las masas.

Todo esto puede asumirse reafirmando que la lucha ideológica es condición de la unidad de la izquierda. Rodney Arismendi, en su informe al PCU en 1984 planteaba: “Las masas aprenden de su experiencia, pero la lucha ideológica es la que complementa esa experiencia, la que permite elevarse de clase en sí a clase para sí.”

Los elementos que se destacan en la discusión ideológica dependen de decisiones políticas. Quedan demostrados los disparates a los que puede llevar la mente cuando no se contrasta el análisis con la práctica. Si se discute en términos teóricos las cuestiones políticas, se aísla a los trabajadores de sus posibilidades de incidir en la dirección de la sociedad. Si se destacan exclusivamente los aspectos negativos de los dirigentes progresistas, se alimenta la división del bloque histórico contrahegemónico. Más acá de metafísicas intenciones, ambas operaciones ideológicas favorecen a las clases sociales que explotan a la clase trabajadora.

El clásico burocratismo de “estamos discutiendo el tema”, que frena la acción política, encuentra su contracara en el criticismo que divide políticamente en base a pretensiones teóricas, supuestamente radicales. Pero lo radical no es realizar una crítica, sino lograr la adhesión de grandes masas de personas a un programa de transformaciones sociales profundas.

Eso es lo importante a destacar de las figuras que han liderado el desarrollo del progresismo. Más aún en un contexto de guerra de las clases dominantes contra la izquierda, a través de la cual se instalan gobiernos de derecha, invirtiendo millones y millones de dólares en campañas neoliberales de desinformación y de desmotivación, junto a las amenazas explícitas del imperialismo, la represión de los sectores sociales que denuncian las injusticias, la persecución político-judicial y el encarcelamiento de los líderes populares.

No alcanza con el líder individual, pero en los términos políticos actuales puede definir el margen por el que el pueblo accede al gobierno. Y, en un sentido histórico, las grandes figuras han sido fundamentales para los procesos progresistas y revolucionarios. Por otro lado, hoy se puede constatar que si el líder de masas no surge del pueblo y se inscribe en un bloque progresista, lo más probable es que surja de las clases dominantes y alimente procesos reaccionarios.

Por último, no se puede reducir la crítica y perspectiva de un proceso político a la figura de un líder. Quien encabeza el proceso influye considerablemente, pero el proyecto se construye históricamente. La crítica no puede basarse en las limitaciones de la psicología individual, siempre influida por el circo mediático que se construye en las sociedades capitalistas actuales. Cuando la crítica se realiza teniendo en cuenta el contexto histórico, lo que puede parecer lejano o ajeno, se demuestra como parte actual de la construcción política socialista. Recordando a Fidel: “Revolución es sentido del momento histórico”.

En síntesis, la crítica necesaria es sobre cómo se continúa transformando el Estado desde el gobierno, la tarea específica que puede definir la continuidad y superación del progresismo del siglo XXI. Es decir, cómo se sigue profundizando la aplicación del programa de la clase trabajadora y el pueblo en la dirección del proceso político, y cómo se continúan formando mejores cuadros para dirigirlo en un sentido democrático-avanzado, con transformaciones profundas en base al empuje obrero y popular. A la par que se promueven personalidades capaces de ganar el respaldo político y social en los procesos electorales, para que el gobierno no vuelva a manos de la oligarquía. Por un lado, ¿qué se propone para superar nuestras limitaciones actuales? Por otro lado, ¿quién puede derrotar electoralmente a la edulcorada figura oligárquica?

* Profesor y Licenciado en Filosofía

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