Líber Borroni Rinaldi*
El Chasque 253
11/09/2026
La clase trabajadora es protagonista fundamental de la historia uruguaya. El movimiento obrero y sindical en Uruguay ha demostrado su capacidad de organización y lucha desde fines del siglo 19.
En los momentos de legalidad democrática se ha movilizado y conquistado avances económicos, sociales y políticos. Desde la lucha por reivindicaciones concretas hasta la lucha por una sociedad sin explotados ni explotadores.
También ha resistido en momentos de ajuste económico y Terrorismo de Estado. Manteniendo su estructura ante el avance de la represión, incluso en la clandestinidad y en el exilio. Con la Huelga General de 15 días hirió de muerte a la última dictadura, y la pudo golpear en reiteradas oportunidades para hacerla caer y reconquistar la democracia.
En esa historia combativa fue fundamental la unidad social y política de la clase trabajadora. Militantes de diversas corrientes ideológicas han aportado a la construcción de dicha unidad, destacándose la tarea desempeñada por el Partido Comunista de Uruguay. ¿Cuáles han sido las condiciones históricas que hicieron posible ese desarrollo?
I. Para comprender el desarrollo del movimiento obrero y sindical en Uruguay es fundamental estudiar la historia de lucha de la clase trabajadora a nivel internacional. Los trabajadores no sólo son responsables de la producción de la riqueza material de la sociedad, también afrontan la tarea de formar en su propio seno a los cuadros que dirigen la organización sindical y la lucha por su liberación de la explotación asalariada. Esa formación se produce en base a la experiencia concreta de lucha, y en alianza con lo más avanzado de la intelectualidad, que aporta elementos científicos de comprensión de las leyes que rigen la naturaleza y la sociedad.
Para mantener las relaciones capitalistas las clases explotadoras hacen uso de diversos medios ideológicos y represivos. Su objetivo es frenar la lucha obrera y popular, para ello intentan dividir a los trabajadores y aislarlos del pueblo, así como también recurren a las prácticas del Terrorismo de Estado.
En ‘La ideología alemana’ de 1844-45, Marx y Engels definen al comunismo como “el movimiento real que anula y supera el orden de cosas actual”. Para luchar contra la dominación, el movimiento obrero ha tendido hacia una creciente unidad combativa de los sindicatos de trabajadores, y ha realizado su síntesis en partido político. En ese sentido, en el ‘Manifiesto del Partido Comunista’ de 1848 se plantea: “A veces los obreros triunfan; pero es un triunfo efímero. El verdadero resultado de sus luchas no es el éxito inmediato, sino la unión cada vez más extensa de los obreros. … organización del proletariado en clase y, por tanto, en partido político… “ El Partido Comunista es la síntesis política de la lucha obrera y la crítica del capitalismo.
Pero esto no es una especulación teórica, sino una explicación del desarrollo real, la historia del movimiento obrero y sindical, tanto a nivel internacional como nacional. En el siglo 19 comenzaron a surgir las organizaciones obreras que denunciaban las miserables condiciones de vida que el capitalismo imponía a la clase trabajadora.
Dos acontecimientos destacan en ese siglo. En 1864 se crea la Asociación Internacional de Trabajadores, conocida como la primera Internacional. Esto significó la unión de obreros de diversos oficios, países y orientaciones ideológicas, con el objetivo de fortalecer su organización política.
Y ya en 1871 se produce la primera rebelión obrera que se transforma en Gobierno revolucionario, la Comuna de París. Esta experiencia es el primer ejemplo del camino que está recorriendo la humanidad hacia un futuro gobierno obrero del mundo, el cual es una necesidad humana para alcanzar la paz, la libertad y la felicidad de los pueblos. Así como la Comuna de París fue salvajemente reprimida por las fuerzas del (des)orden burgués, asesinando a decenas de miles de obreros, las clases dominantes han continuado su sanguinaria defensa de la explotación a través de la represión policial y de la guerra.
De la interpretación del acontecimiento de la Comuna quedaron expresadas con claridad 3 tendencias político-ideológicas de la clase trabajadora, cuya división significó muchas veces incomprensiones mutuas, y cuya unidad se pudo ir forjando desde abajo, en las luchas concretas, que siempre encuentran a las clases dominantes como enemigas de los intereses de los trabajadores. Pero, a la par de la lucha de base, esa unidad también necesitó de la discusión ideológica y la maduración de las direcciones de dichas tendencias.
Como queda claro en el planteo de Marx y Engels, el comunismo interpreta que la verdadera fuerza de la clase trabajadora es su organización. Primero como clase social a través de sus sindicatos, pero luego, para lograr realmente transformar la sociedad desde su base, es preciso que esa misma clase realice una superación de su organización y se transforme en partido político, para conquistar el Gobierno del Estado y transformarlo, venciendo la resistencia de las clases dominantes.
Tanto el anarquismo, como la socialdemocracia, discrepan con estas ideas. El anarquismo desconfía, con relativa razón, de la organización política y del gobierno del Estado. El poder es una cuestión harto compleja, que debe ser bien pensada y mejor instrumentada. Los riesgos de la burocratización y el autoritarismo son y han sido riesgos reales que han trancado e incluso frustrado movimientos populares de transformación social.
Pero que existan esos problemas significa la necesidad de enfrentarlos y superarlos, no esquivarlos. Para poder hacer frente a las tareas de la transformación social y enfrentar la reacción violenta de las clases dominantes, la guerra contra el pueblo, es necesaria una férrea y poderosa organización revolucionaria. Esa organización es el Partido Comunista y el Estado proletario, lo que en términos duros es la dictadura del proletariado, el gobierno de la clase obrera y trabajadora, única forma de derrotar la dictadura del capital. Claro que la revolución asume grandes riesgos y se hace necesaria una autocrítica generalizada sobre los errores que se han cometido en ese proceso. Entendiendo también que las experiencias socialistas son ensayos, fruto de un proceso dialéctico de acumulación de fuerzas para “hacer posible lo imposible”, en los que, como enseñara José Artigas, los pueblos nada pueden esperar sino es de ellos mismos.
Similar al anarquismo, la socialdemocracia desconfía del poder del Partido Comunista, y cree que se puede llegar pacíficamente a las transformaciones sociales necesarias para dignificar la vida de la clase obrera. También tienen parte de razón, se puede avanzar a través de elecciones en la democracia liberal, pero solo hasta cierto punto, y siempre y cuando los capitalistas puedan seguir haciendo su negocio y los imperialistas sus guerras. Es una posición de principio de la clase trabajadora y del movimiento comunista denunciar la explotación y la matanza.
Ahora bien, esa relación entre el movimiento sindical y el Partido Comunista no significa una dependencia entre ambos. Los sindicatos son integrados por trabajadores, independientemente de sus creencias y definiciones político-partidarias, con el único requisito de ser fieles a su clase y de respetar las normas que esos mismos sindicatos adopten. Esa brega por la independencia de clase es una garantía de la amplitud necesaria que caracteriza al movimiento sindical.
Y lo mismo cabe respecto a las relaciones de los sindicatos con gobiernos y, obviamente, con patrones. Es la propia naturaleza del capitalismo la que obliga a esta independencia, ya que el modo de producción capitalista es antagónico a los intereses de la clase trabajadora, la cual es explotada para producir la ganancia de la clase explotadora.
Abandonar la independencia de clase supondría hacer del movimiento sindical un apéndice útil de las clases dominantes. Junto a la organización sindical, la independencia también implica la síntesis como Partido Político de la propia clase trabajadora.
Lenin, en plena revolución rusa, remarcaba la necesidad de que la clase trabajadora organice sus sindicatos de manera independiente del Partido y del Gobierno del Estado Proletario. Dicha necesidad se basaba en que la construcción del socialismo, a través del Estado dirigido por el Partido Comunista, no eliminaba totalmente las contradicciones sociales, y los trabajadores debían tener una organización propia que velara por la defensa de sus intereses. Pero, al mismo tiempo, en base a las enseñanzas de la Comuna de París y la dirección del Partido Bolchevique, la clase trabajadora se convertía en Gobierno bajo la forma de poder soviético. La primera verdadera democracia de la historia, que mejoró sustancialmente las condiciones materiales y espirituales de vida de millones de personas.
II. Esta historia internacional del movimiento obrero y sindical, su desarrollo como movimiento revolucionario y la conquista del poder político por parte de la clase trabajadora, también tiene su expresión en Uruguay. Las enseñanzas que el proletariado europeo aprendió en base a su lucha social y política, llegaron a América a través del movimiento migratorio. Sobre esa base, nuestro movimiento sindical desarrolló una larga historia de lucha independiente de la clase trabajadora, siendo el Congreso de Unificación Sindical de la CNT en 1966 un momento fundamental de la consagración de su unidad.
Carlos Bouzas, en su libro ‘La Generación Cuesta-Duarte’, publicado en 1997 y actualizado en 2009, recorre el camino de la unidad sindical y destaca que tanto Gerardo Cuesta, comunista, como León Duarte, anarquista, bregaban por la unidad sindical desde los años cuarenta del siglo 20. En dicho libro, de importante lectura para comprender la historia del movimiento sindical en Uruguay, se plantea que el origen del sindicalismo en Uruguay se remonta a 1870 con la fundación del primer sindicato, la Sociedad Tipográfica Montevideana. Desde allí la clase trabajadora ha transcurrido su camino de lucha y unidad, primero por actividad común y orientación ideológica.
En ese camino irán surgiendo las centrales sindicales, siendo las primeras en 1905 la FORU y la primera UGT. La Federación Obrera Regional de Uruguay, de orientación anarquista, unió sindicatos de diferentes ramas de actividad en una sola organización, y promovió el protagonismo social del movimiento obrero. La Unión General de Trabajadores (UGT) también tendió a unir la luchas obreras en base a una orientación socialista.
En 1923 se creó la Unión Sindical Uruguaya (USU), que expresaba una primera unidad de orientaciones ideológicas distintas, anarquistas y comunistas, identificados con la revolución rusa. Esa unidad no pudo sostenerse y en 1929, el bloque comunista, expulsado de la USU, formó la Confederación General de Trabajadores del Uruguay (CGTU) .
En 1942 se crea la segunda UGT, en el contexto de la guerra mundial contra el fascismo, con el definido propósito de unificar al movimiento sindical. Se había comprendido, en base a la lucha común, que la división entre trabajadores solo favorecía a las clases dominantes. Esta división fue alentada por el imperialismo yanqui con la creación en Uruguay de la anticomunista Confederación Sindical del Uruguay (CSU). Pero esos intentos divisionistas no prosperaron, e incluso la unidad de la clase trabajadora se estaba ampliando a toda América Latina y el mundo.
En la lucha por la unidad de la clase trabajadora y el pueblo uruguayo, a la par de ese desarrollo sindical del movimiento obrero, es importante comprender el papel de la organización política de los trabajadores. En ese sentido se destaca la creación en 1910 del Partido Socialista de Uruguay, y su transformación en Partido Comunista (PCU) en 1920.
En el plano internacional esa evolución partidaria del socialismo al comunismo es ampliamente estudiada por Antonio Gramsci, quien señala la necesidad de la clase obrera de formar, a partir de los partidos socialistas, partidos comunistas, consolidando la independencia política del proletariado y el internacionalismo proletario. El Partido Comunista de cada país asume como tarea transformar la lucha nacional de la clase trabajadora en lucha internacional por la superación del capitalismo, con la unidad de la clase obrera y el internacionalismo proletario como principios.
Y fue en 1955 que la línea estratégica definida por el PCU en su XVI Congreso, se puso como tarea central el trabajo hacia una amplia y profunda unidad social y política de la clase trabajadora y el pueblo, con las diversas tendencias de la izquierda y del movimiento popular.
Rodney Arismendi realizó una labor destacada en la definición de dicha estrategia democrático-avanzada. Esta se basó en una mejor comprensión del momento histórico y del papel independiente y unitario del proletariado; síntesis de los aportes de Marx, Engels, Lenin y Gramsci sobre el desarrollo de la organización comunista, y de la experiencia de lucha de los pueblos del mundo, especialmente de la lucha del movimiento obrero y popular de Uruguay.
El PCU, con la conducción de Arismendi, definió el trabajo prioritario en 15 centros de concentración de masas. De esta manera pudo mejorar su trabajo de organización sindical y política de los trabajadores de sectores estratégicos de la economía y de la sociedad, que en su mayoría reunían a miles de obreros. A su vez, también se trabajó para que el Comité Central del Partido se enriqueciera con el aporte de los dirigentes de esos centros de masas.
Esta concepción fue clave para que el Partido Comunista se convirtiera en un Partido de masas, con decenas de miles de afiliados, y para que con esa fuerza y orientación ideológica, aportara firme y decididamente a la forja de la compleja unidad sindical. En 1959, fruto de la nueva línea desplegada por el PCU, se disuelve la segunda UGT, liderada por comunistas, que se había convertido en una de las centrales sindicales más importantes en Uruguay, sino la más importante. Esto fue una señal significativa para el resto del movimiento sindical sobre la disposición comunista a conformar una sola central sindical en Uruguay, que diera más unidad, y por ende, más fuerza a la clase trabajadora uruguaya.
Pero esta unidad no era solamente posible a través del acuerdo entre las direcciones de las diversas tendencias del movimiento sindical, sino que era preciso trabajar “desde abajo”, desde las bases mismas del movimiento, sus sindicatos y las luchas cotidianas que enfrentaba la clase trabajadora por reivindicaciones concretas, en donde la unidad se hacía visible como condición de posibilidad del triunfo. En ese sentido, cabe destacar otra decisión del PCU, y fue que, también en 1959, Enrique Pastorino, histórico dirigente sindical comunista, renunciara a su banca de diputado para dedicarse de lleno a las tareas de unificación del movimiento sindical, militando en su base.
Desde la disolución de la UGT, sindicatos de las diversas orientaciones ideológicas tendieron con más firmeza a organizarse en unidad para coordinar el apoyo a los conflictos, huelgas y movilizaciones, llegando a conformar en 1961 la Central de Trabajadores de Uruguay (CTU). Este fue un gran paso hacia la unificación sindical.
Como expresión política de la unidad impulsada por el PCU se crea en 1962 el Frente Izquierda de Liberación (FIdeL), ejemplo de la orientación internacionalista, premisa de la unidad obrera. En esa línea superadora del nacionalismo en 1964 aparece por primera vez la CNT como un espacio coordinador entre sindicatos, creado en base a la conciencia del movimiento obrero del peligro de un golpe de Estado por parte de las clases dominantes. En ese año había iniciado la dictadura en Brasil, como parte de la planificación del imperialismo yanqui para fortalecer su hegemonía en toda la región.
Fruto de la creciente unidad social y política de la clase trabajadora es realizado el Congreso del Pueblo en 1965, dotando al movimiento popular de un programa de soluciones a la crisis que asolaba a la sociedad uruguaya. Y en 1966, el Congreso de Unificación dio a la Convención Nacional de Trabajadores (CNT) la característica de central única. Organización sindical que se convertirá en protagonista fundamental de la larga peripecia de lucha, resistencia y construcción de un gobierno popular en Uruguay.
En su libro Bouzas destaca la importancia del movimiento sindical en la Resistencia a la dictadura cívico-militar, hasta tal punto que a través de la Huelga General de 15 días, hirió de muerte al proyecto dictatorial. Esta afirmación se entiende con una correcta caracterización de lo que significó la dictadura.
El objetivo del Golpe de Estado fue el de utilizar la fuerza represiva y burocrática para realizar un ajuste económico, en función de los intereses de la oligarquía nacional y del imperialismo yanqui. Para realizar este ajuste era necesario destruir la resistencia social y política, tanto la movilización combativa de la clase trabajadora, como la posibilidad del triunfo de un gobierno del Frente Amplio; expresión de la creciente unidad de las masivas luchas políticas, sindicales y sociales. Fue la CNT la que respondió al Golpe de Estado de manera masiva, y luego logró resistir a lo largo del período dictatorial, a través de la clandestinidad y el exilio, y de las grietas de las normas dictatoriales.
La dictadura se planteaba como tarea propia el objetivo político de las clases dominantes de que el movimiento sindical, si tenía que existir, fuera dócil, que no tomará posiciones políticas y rechazará el marxismo, y que no luchara por salario. En ese sentido la dictadura recibió sucesivas derrotas, en las que estuvo atrás el movimiento obrero y sindical. La reafiliación sindical impulsada por la dictadura respaldó a los sindicatos de la CNT; en las elecciones universitarias ganaron las listas gremiales y antidictatoriales, en el Plebiscito del 80, ganó el NO a la dictadura. La Huelga General significó una respuesta organizada al Golpe, que fue ejemplo para sostener la convicción democrática de la voluntad popular en Uruguay. Incluso fuera de fronteras.
Escritores como Roberto López Belloso han estudiado la historia del exilio orgánico. A través de esa organización en el exilio, tanto la CNT como el PCU, lograron sostener la lucha por la libertad, y junto a otras tendencias, denunciaron en todo el mundo los crímenes de la dictadura y desarrollaron campañas de solidaridad con los presos políticos. Este ejemplo histórico de organización y lucha que dio la clase trabajadora uruguaya, fue posible gracias a la unidad del movimiento obrero y a la ferviente adhesión ideológica que logró desarrollar en amplias masas de trabajadores.
El desarrollo político e ideológico del Partido Comunista lo convirtió en el Partido de la Resistencia, es decir en una fuerza crítica y masiva conformada por hombres y mujeres cuya convicción revolucionaria los llevó a “vencer la tortura, las balas o la muerte”, como planteó Arismendi. Esa fuerza revolucionaria está estrictamente relacionada con la historia del movimiento obrero y sindical, a la vez como causa y como efecto.
III. A la par de esa firmeza ideológica, basada en una concepción revolucionaria y una justa estrategia política, democrático-avanzada, también se ha destacado la labor intelectual de los cuadros sindicales del PCU, de reflexión crítica sobre el desarrollo del movimiento. Francisco Pintos, fundador del Partido Comunista y protagonista de un encuentro con Lenin en la Tercera Internacional, fue pionero en estudiar la historia del movimiento obrero en Uruguay.
La figura de Enrique Rodríguez también fue una expresión de esa historia de lucha del movimiento sindical, y de la relación entre el desarrollo conjunto, no sin contradicciones, de ese movimiento con el Partido Comunista. Rodríguez ingresó al PCU en 1931, y fue preso político durante la dictadura de Terra en 1933. Desde 1940 formó parte de la dirección de la Unión General de Trabajadores (UGT) y luego de la CTU. En 1946 se convirtió en diputado comunista, y luego en Senador del PCU, del Frente Izquierda de Liberación (FIdeL), y luego del Frente Amplio. En 1974 se vio obligado a exiliarse del país, y pasó a formar parte del exilio orgánico.
Enrique Rodríguez escribió sobre la lucha de los trabajadores uruguayos. En ‘Uruguay: Raíces de la madurez del movimiento obrero’, libro de 1980, explica la concepción comunista sobre el movimiento sindical como “escuela revolucionaria donde la clase obrera, en la práctica del frente único y de su propia experiencia, al insertarse en la lucha de clases … rompiendo con las ilusiones y la influencia de la burguesía sobre su conciencia y llegar a ser ‘clase para sí’ que, como decía Marx, llega a la comprensión de su destino histórico, se siente ‘sepulturero del capitalismo’ y combatiente por la liberación de la humanidad de toda forma de explotación.”
En esa madurez del movimiento obrero es fundamental entender el papel del Partido Comunista, y en particular de Rodney Arismendi. En la primera mitad del siglo 20, a la par del desarrollo del socialismo y el comunismo, el anarquismo y luego el batllismo habían desarrollado su base social en el movimiento obrero y sindical. El Partido Comunista trabajó para que el movimiento obrero lograra superar su tendencia nacional-reformista, la cual era una expresión del Estado social desarrollado por el batllismo.
La experiencia del movimiento sindical durante la resistencia a la dictadura fue una etapa en la que se terminó de forjar la unidad y la capacidad de lucha, acumuladas desde décadas en el siglo XX. En su escrito ‘Democracia y lucha de clases’, de 1985, Enrique Rodríguez reseña los primeros diez años desde la fundación de la CNT:
“Este decenio fue multifacético; en él se vivieron los momentos de esplendor del nacimiento de la CNT (1966), luego la fecunda etapa 1968-69 donde, en teoría y práctica, se dilucidaron en el seno de la Central y en el conjunto del movimiento obrero, grandes temas sobre la táctica a ejercitar ante los avances hacia el fascismo que anunciaban las medidas reaccionarias del Presidente Pacheco; finalmente -en una etapa culminante- se enfrentó la gran responsabilidad histórica pero muy concreta de responder con la Huelga General de 15 días al golpe de Estado; y ahí comenzó esta nueva, a veces trágica, pero en todo caso gloriosa etapa de combate sin tregua bajo el fascismo cuyas fases definitorias estamos viviendo. … en ese largo periodo ha mantenido un grado de unidad ejemplar y sin fisuras en la acción, más allá que en su seno hayan existido -y existan- tendencias diferentes y enfoques distintos en muchos aspectos, inevitables en una lucha con tantos avatares y peripecias; y sobre todo, tan asediada siempre por la influencia de la ideología burguesa -el nacional reformismo- de tanta vigencia en un país como el Uruguay; y nunca faltaron los intentos de división promovidos y financiados por las agencias del imperialismo yanqui y la oligarquía. Justamente, es éste uno de los signos más rotundos de la hondura de esa madurez unitaria de varias generaciones proletarias.”
Esa madurez político-ideológica de la clase obrera que se transformó en una fuerza que se enfrentó a la dictadura y fue un factor fundamental para su derrota, también significó que en la reapertura democrática se lograra la síntesis de las luchas sindicales con el PIT-CNT. Y manteniendo su unidad sindical, la clase trabajadora ha sido protagonista también de esta nueva etapa de desarrollo político de nuestra sociedad, en la que primero se enfrentó al neoliberalismo y a la impunidad, y luego se conquistó el gobierno por parte del Frente Amplio.
La conquista del gobierno por parte de la izquierda se tradujo en nuevos avances de la organización sindical y con ello de los derechos laborales, incluyendo el salario y diversas condiciones que hacen a la dignidad y posibilidad de desarrollo de quien vive de su trabajo. Y también es parte de la actualidad del movimiento obrero y sindical la lucha por un programa de soluciones para los problemas generales de la sociedad.
En un gobierno progresista, la clase trabajadora asume la responsabilidad de resolver nuevas contradicciones. Mientras se promueven cuadros obreros y sindicales al gobierno de la sociedad, se concretan cambios a favor de la población y se defiende el rumbo popular del proceso político frente a los ataques de las clases dominantes, es fundamental que el movimiento sindical siga desarrollando su organización y la lucha reivindicativa de masas. Esa es la premisa de los cambios necesarios, el componente de base que permite avanzar en democracia hacia una democracia avanzada, vía uruguaya al socialismo.
Al mismo tiempo, el movimiento sindical debe seguir madurando políticamente hacia la resolución de esa contradicción. Para que la clase trabajadora realice plenamente su misión histórica de acabar con la explotación asalariada, se hace necesario que en el sindicalismo se supere el oportunismo y el corporativismo, y se trabaje con el compromiso de aportar al desarrollo de la sociedad.
Esa politización de la clase trabajadora es la transformación a la que hacían referencia los padres teóricos del movimiento obrero al plantear la necesidad de avanzar de la conciencia en sí a la conciencia para sí, la conciencia de clase fruto de la organización y la experiencia de lucha independiente del proletariado. El Partido Comunista ha sido una herramienta fundamental mediante la cual la clase trabajadora se convirtió en una fuerza política real en Uruguay, conquistando el gobierno en alianza con otros sectores del pueblo, en base a la unidad de la izquierda en el Frente Amplio y a la unidad sindical en la CNT.
● Profesor y Licenciado en Filosofía
