Gonzalo Alsina
El Chasque 229
18/03/2026
Este artículo es complementario de uno anterior sobre el Memorándum con Irán, que tiene relación.
En los próximos días, como ya lo anunció el histérico y represor Milei, a grito pelado en su presentación anual en el Congreso, Cristina Fernández de Kirchner va a ser procesada por otros dos juicios impresentables como todos los anteriores –que son 8 en total-.
Argentina es una democracia rara. Porque el presidente le dice en la cara a los tres mafiosos integrantes de la Suprema Corte, que tienen que procesar a Cristian por el memorándum y por los cuadernos que en otro artículo se los explico.
Les recuerdo que a Lula le inventaron un apartamento que no era de él, para meterlo preso y para que no fuera candidato, y ganó Bolsonaro.
Me he tomado el trabajo desde hace 10 años a esta parte, para estudiar todas las causas contra Cristina, y les puedo asegurar que es inocente. El objetivo de Macri y ahora Milei fue y es meterla presa –antes intentaron asesinarla- para que Milei vuelva a ganar las elecciones próximas.
A nosotros los frenteamplistas de no haber un cambio de rumbo, es muy probable que Lacalle Pou vuelva a ganar las elecciones próximas e imponga un ajuste mucho mayor, que el de su anterior gobierno.
¿Por qué digo esto?
Porque la izquierda ha sido cómplice en no defender las injusticias que se comenten con la expresidenta de Argentina –dos veces además y en primera vuelta- al no decir la verdad sobre esa persecución. Todo por un antiperonismo estúpido y simplista –miren que no fui ni soy de ese palo-, que llevó a criticar más al peronismo que a los gobiernos neoliberales de Macri primero y el de ahora de Milei.
Hay que ser muy nabos –usando lenguaje del Pepe- para no darse cuenta que no da lo mismo Milei que Kichilof.
Las elecciones en Argentina son antes que las nuestras. Si gana Milei, ¿quién se beneficia acá?
Aunque sea por instinto de sobrevivencia…
En 2021 no se hicieron manifestaciones por el supuesto homicidio de Nisman.
En el 2020 la oposición se había movilizado con “motivo” de la muerte de Nisman, al cumplirse cinco años.
Fue tan evidente el uso político de su muerte, que no participaron ni la AMIA, ni la DAIA. Participó el disco duro de la oposición, fogoneada por el Grupo Clarín, el mismo que dijo que falló la bala –se refería al atentado contra Cristina- pero no va a fallar el fallo. Y así pasó: procesaron a CFK.
El impacto de la serie sobre Nisman de Netflix, puso arriba de la mesa con fuerza el tema. Desnudó gran parte de las mentiras montadas para transformar un suicidio en un homicidio.
En setiembre de 2018 se publicó un libro de investigación, “¿Quién mató a Nisman?”, del abogado y periodista Pablo Duggan que demuestra de manera irrefutable que Nisman se suicidó. Su fuente es la causa judicial instruida por la fiscal Viviana Fein. La denuncia de Nisman fue cuestionada por el juez de la causa AMIA, Rodolfo Canicoba Corral. El autor del libro dice que los jueces María Ronilda Servini de Cubría y Ariel Lijo se negaron en enero de 2015 a habilitar la feria judicial para investigar la denuncia “por ausencia de pruebas”.
Nisman no pudo responder lo que dijo Timerman en una conferencia de prensa al mostrar una carta de febrero de 2013, que le fue enviada por el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner al director de Interpol, Ronald Noble, aclarando que la firma del Memorándum con Irán en nada modificaba el estatus de las alertas rojas contra los iraníes acusados. Horas después de la denuncia de Nisman el propio Noble, confirmó ese dato en un reportaje del diario Página 12.
Nisman entró en una crisis depresiva al darse cuenta que su denuncia carecía de pruebas y que su amigo, el ingeniero de inteligencia de la ex SIDE, Stiuso, que había sido desplazado de su cargo, había dejado de contestar sus llamadas. O sea, que el fiscal de AFI-AMIA estaba solo, sin apoyos y sin pruebas –no las tienen- Además el periodista muestra en su libro los whatsapp entre Nisman y su ex mujer, la jueza Sandra Arroyo Salgado, que demuestran los graves problemas que tenía en su vida privada.
La película de Netflix confirma lo escrito en 2018 por el periodista.
¡Fue suicidio!
Empezando por la autopsia del médico forense, corroborada por la Junta Médica, de que fue un suicidio y en su muerte no participaron terceras personas. Es falso que el cuerpo presentara “sumisión química” como se llegó a decir. Nisman no estaba drogado, ni borracho. Su cuerpo no presentaba golpes más allá de los que causó su caída en la cabeza. El disparo, su trayectoria, el lugar donde entró la bala, donde queda el arma y el casquillo, todo indica que fue un auto disparo. Nada hay que indique un homicidio.
La data de muerte, todos hablan de un horario entre la 9 de la mañana y las 2 de la tarde del domingo 18 de enero de 2015. Salvo la truchada posterior para convertirlo en un homicidio que dio Gendarmería, que indicó que la muerte fue a las 02.46 de la madrugada, que no solo es inaceptable, poco serio y no resiste un análisis académico. Esto también lo deja en evidencia la película.
Aclaro que todos los chanchullos para hacer creer que fue Cristina que lo mandó a matar, fueron impulsados desde el primer día del gobierno de Macri.
Nisman se suicido en el baño y estaba solo. Esto lo confirman los análisis de las muestras de sangre, que indican que el cuerpo nunca fue movido, que cayó naturalmente y que Nisman estaba sólo en el baño, en el momento que se disparó y que la puerta del baño estaba cerrada.
Un argumento que tira abajo el libro y ahora la película, es lo de la ausencia de rastros completos de disparo de arma de fuego en las manos de Nisman. Hay más de 80 rastros en las dos manos de Nisman. ¡El complot asesino es una fantasía! ¡Fue un complot para llevar al poder a Mauricio Macri! No saben cómo explicar, cómo hicieron para entrar al departamento con dos puertas cerradas por dentro. No se sabe para qué se “quedaron” en la casa para navegar por internet desde la laptop del fiscal a las 7 de la mañana. No se sabe por qué un custodia declara que el fiscal le pidió un arma, que a la postre luego se la dio Lagomarsino, como todo el mundo sabe.
El 28 de febrero de 2019 se conoció el veredicto en la causa de encubrimiento del atentado en la AMIA –que expliqué en el artículo anterior- Por un lado el ex juez Galeano, como principal responsable, fue condenado a 6 años de prisión por los delitos de peculado, prevaricato, privación ilegal de la libertad y encubrimiento; el ex secretario de Inteligencia Anzorreguy fue condenado a 4 años y 6 meses de prisión por peculado y encubrimiento; Telledín, a 3 años y 6 meses de prisión como partícipe del peculado; Anchezar – ex subsecretario de Inteligencia de Menem-, a 3 años como partícipe del peculado y autor del encubrimiento; Mullen y Barbaccia –los fiscales protegidos por Macri y Garavano, denunciados por Cimadevilla- fueron condenados a 2 años de prisión de ejecución condicional, por incumplimiento de los deberes de funcionario público. Carlos Menem, Jorge Palacios y Raúl Beraja, fueron absueltos.
No hay duda que funcionarios judiciales y políticos encubrieron el atentado contra la AMIA y desviaron la investigación. El veredicto puso penas ridículas, teniendo en cuenta que se trata del atentado más grande de la historia de Argentina. Pero así funciona un poder judicial corrupto, que trata blandamente cuando son integrantes del Poder Judicial los que cometen delitos.
Fue el gobierno de Menem el que puso obstáculos en la investigación del atentado, como se comprobó en el juicio oral de 2004 y se ratifica en el juicio de encubrimiento.
Por lo tanto, el presentar el suicidio de Nisman como homicidio, es un claro intento de perjudicar a Néstor Kirchner y sobre todo a la figura de Cristina Fernández. Y de paso que no se sepa los motivos del encubrimiento. O sea, que no se sepa quiénes fueron los responsables del atentado.
