Corré la Voz
N.º 11 – 27/04/2026
Si hay algo que siempre caracterizó a la derecha uruguaya es su olor a rancio; a
pesar del show de selfies, la superficialidad y el vacío, del estilo de barra brava, del
insulto y la mentira, siguen siendo la misma enfermedad que padece Uruguay
desde 1958; anticuados, arcaicos, defensores de viejas ideas que pretenden
perpetuarlas en el poder y lo más característico, son corruptos. Esta derecha
“tradicionalista” que se disfraza de gaucho y se abraza a la bandera para desfilar en
cada fecha patria y en cada feria, como acto simbólica para hacer creer a la gente
que son grandes patriotas y parecerse (si bien parecer no es lo mismo a ser igual)
al gauchaje que trabaja de sol a sol para beneficio del patrón. Al decir de Serafín J.
García, los de “riñón cubierto enrriedan” las yeguas para confundir al pueblo.
Hace unos días en el programa Todo Un Tema del Observador que se emite por
You Tube participó el ex comisario y ex director de Comcar luego de su
procesamiento a tres años de prisión por su vinculación con el caso Penadés.
Fue condenado por los delitos de cohecho calificado agravado, asociación para
delinquir agravada y reiterados delitos de secreto agravado.
En dicho programa señaló haber sido utilizado como chivo expiatorio (algo similar
dijo Astesiano) y que en la trama para salvar a Penadés habrían participado un
grupo mayor de personas y entre ellas, por lo menos, cuatro legisladores actuales.
Al igual que su pariente de fechorías anuncia que cuando llegue el momento dirá
los nombres. O ya compraron su silencio o luego de este aviso lo van a hacer.
También señaló que no le ofrecieron trabajo por el sacrificio hecho y por “no
romper los códigos”, que no hubo nada de eso. Se entiende que “romper los
códigos” sería dar a conocer la información a la justicia y brindar los nombres de
quienes fueron cómplices en el intento de fraguar pruebas y presionar a testigos en
el caso de pedofilia y abuso sexual de Penadés.
El gobierno de Lacalle Pou logró el mérito de ser el gobierno más corrupto de la
historia de Uruguay, además de llevar adelante el ajuste reaccionario sobre los
trabajadores y el pueblo uruguayo en beneficio de una élite económica.
Fueron algo más de cuatro mil millones de dólares que se transfirieron de las
manos de los trabajadores a manos de la oligarquía, los malla oro. Esa
redistribución a favor de la clase dominante significó pérdida en la calidad de vida,
incremento de la pobreza, principalmente a nivel de la infancia.
La gente no salió indignada a la calle a exigirle respuestas ante estos actos de
corrupción. Hoy Astesiano es una “estrella pop”. Entrevistas, espacios en
televisión; es el nuevo héroe, el nuevo modelo a seguir. Y esto es preocupante
porque la sociedad comienza a aceptar de que es normal la corrupción en la
política y en la actividad pública. Para la derecha ser corruptos es parte del ADN,
sus fortunas, sus millones lo hicieron explotando al trabajador y engañando al
Estado que los protege. Evadiendo y estafando con los impuestos o estafando a su
propia clase como lo fue Conexión Ganadera, entre otras maniobras delictivas.
Junto a su predilección por meter las manos en las arcas públicas, queremos
destacar un viraje en su actual discurso, en sus gestos políticos en la cual comienza
a manifestarse cierta violencia y por supuesto la mentira. Es claro que a falta de
originalidad han decidido adoptar el estilo que identifica a la nueva derecha en el
mundo, principalmente Argentina. Parten de la idea de que dinamitar todos los
puentes, instalar un clima de violencia y odio permitirá retornarlos al gobierno
para construir un “nuevo futuro” para el país.
Se oponen en participar de todo ámbito de construcción conjunta con el actual
gobierno frente a determinados temas que preocupa a la gente y a su vez golpean
con una agresividad que no condice con el objetivo de encontrar soluciones para
los uruguayos. Lejos está en creer que les importa impulsar o acordar “políticas de
Estado”. Su única acción política es atacar y desacreditar toda iniciativa del
gobierno. En el marco de la actual crisis global, en el que el sistema capitalista y el
neoliberalismo sobrevive sin nuevas promesas, el lenguaje, el relato, devienen en
campo de batalla.
Con la derecha no hay futuro alguno para las grandes mayorías. Su objetivo como
representante del gran capital, de la oligarquía es sostener y garantizar su
existencia como tal. Y debemos saber que ellos van a utilizar lo que sea necesario
para evitar perder sus privilegios. Lo vivimos en el pasado y debemos sacar
enseñanzas al respecto.
El golpe de Estado de 1973 fue posible entre otras cosas porque hubieron
condiciones subjetivas en la sociedad que apoyaron. Fue la clase obrera y una
parte minoritaria de los sectores medios que enfrentó el golpe. No fue suficiente
para abortar y frenar el avance del fascismo. En la batalla por construir un sentido
común, una hegemonía cultural, en aquel momento la derecha lo logró, instalaron
en la sociedad la contradicción de caos u orden que justificó la escalada autoritaria
que culminó en el golpe de Estado.
Actualmente su gran bandera es la inseguridad y fogonear un clima de
inestabilidad, desacreditando sin argumentos la estrategia de seguridad
presentada por el gobierno con la idea sencilla de que “la montaña parió un ratón”.
La burla, la desacreditación, el insulto no se manifiestan producto de un momento
de “calentura”. Este lenguaje es adquirido por parte de la derecha como forma de
destruir lo “políticamente correcto” y construir sobre los escombros nuevas
categorías, nuevos prejuicios y nuevos enemigos. En este accionar la derecha
apuntan al cuestionamiento y vaciamiento del orden institucional. Presentarse
desenfadados, irrespetuosos, insultantes son armas de una táctica de construcción
de un nuevo sentido. Por lo tanto no se trata de un simple repertorio de palabras
sino una nueva forma de hacer política, instalando un estilo “conventillero”, donde
al igual que el rality de “Gran Hermano”, la conversación de la sociedad gira, como
“chusma de barrio”, en torno a los dimes y diretes. La superficialidad, la
agresividad y el vacío de propuestas es la características principal que busca
instalar y consolidar en el sentido común que no hay posibilidad alguna de nada
nuevo, salvo el barro.
Esta táctica se encuentra sostenida a su vez por los grandes medios y su
repercusión en las redes sociales. Y en ese sentido la manipulación temporal es
clave. La velocidad en sí misma pasa a ser un arma. El eslogan es “actuar rápido y
romper cosas”. En publicidad el método se llama “Descontrucción”. Como dice la
palabra, se trata de destruir (descontruir) una idea, una visión sobre algo que
creíamos que era la correcta y sustituirla por otra nueva. En el caso Argentino es
más que evidente por la agresividad en el lenguaje, también en lo simbólico al usar
la motosierra como imagen simplificada del objetivo político. Recordemos que
Lacalle Herrera la quiso utilizar en las elecciones de su hijo Lacalle Pou en el 2014.
Producto de diferentes experiencias se comprobó que si se actúa con suficiente
rapidez, se puede hacer que la información parezca cierta antes de que nadie tenga
la oportunidad de verificarla. Mientras que los medios de comunicación
tradicionales crean una imagen de veracidad, los centros de generación de
contenidos de derecha buscan causar impacto emocional inmediato lanzando
ataques rápidos y múltiples. Mientras que la izquierda organiza reuniones
deliberativas, los motores de creación de contenidos de derecha y noticias falsas
inundan las redes y canales de comunicación, reconociendo que, en la guerra
informativa, el volumen supera a la precisión y el ritmo abruma a las respuestas
meditadas. Algo así como lanzar cientos de drones con explosivos.
Recordemos la operación promovida por el senador del Partido Nacional, Sergio
Botana, sobre la vinculación del narcotráfico con el Frente Amplio. Una acusación
totalmente falsa e infundada que hubo que salir a dar respuestas. Mientras en las
redes se producía una verdadera batalla para desarticular esa mentira por parte de
simples militantes del FA.
La izquierda uruguaya y el Frente Amplio debe tener claro que no alcanza con
que salga Fernando Pereira, algún senador o conferencia de prensa para dar
respuestas a las mentiras de la derecha. Es imprescindible y clave crear un
fuerte sistema de comunicación que juegue también en su territorio, un equipo
de youtuber, de operadores digitales y un programa de streaming. La voz del
Frente Amplio, que confronte y de argumentos a sus militantes y a la población
en general.
Miremos la experiencia de Morena en México y su forma de comunicarse. Es
obvio que no sustituye el casa por casa u otra manera de llegar a la gente, pero
es necesario incorporar fuertemente otras formas que ayuden a romper el
cerco.
El Frente Amplio debe desarrollar una red voluntaria a nivel nacional de
creadores de contenidos digitales que formen parte del sistema de
comunicación de la fuerza política. Además importa lo que se dice, pero más
importa como se dice. Y en esto hay que trabajar desde ya.
Es evidente que hay una mayor derechización de los partidos políticos
tradicionales y de otros, como ser el Partido Independiente. Prácticamente son lo
mismo. El Partido Colorado ha quedado sepultado bajo el Partido Nacional y el
lacallismo. El Partido Nacional ha sido ganado por lo peor bajo el mando de Lacalle
Pou y sus secuaces. Luego están los fenómenos como Salle que arrastra a sectores
por un lado ignorantes y por otro hastiados de la política que por sus disparates no
cristaliza en algo más serio pero que sirve para ver el estado de ánimo de la
sociedad. Ahora aparece el Partido de la Libertad Avanza versión Uruguay que
tratará de imponer su metodología agresiva y confrontativa.
Como nos comenta Žižek: “la ignorancia siempre ha existido. Lo peligroso hoy
es que dejó de ser simple falta de conocimiento: ahora se organiza, se viraliza,
se monetiza y se vuelve poder. Vivimos una época donde la ignorancia ya no
aparece como accidente, sino como método. No se trata sólo de personas
desinformadas, sino de sistemas enteros que producen confusión, ruido, odio,
miedo y falsas certezas. Hoy la ignorancia tiene algoritmo. Tiene estrategia.
Tiene propaganda. Tiene influencers. Tiene partidos. Tiene medios. Tiene
intereses económicos. Y lo más inquietante: muchas veces se presenta como “sentido común”.
Por eso el problema no es únicamente que alguien no sepa. El problema es cuando
la ignorancia se convierte en identidad, en orgullo, en arma política. Cuando ya no
busca aprender, sino destruir toda posibilidad de pensamiento crítico.
La pregunta es: ¿quién se beneficia de una sociedad que no piensa?
¿Quién gana cuando la gente confunde opinión con verdad, indignación con
análisis y prejuicio con conocimiento?
Pensar, preguntar, sospechar, leer y discutir se vuelven actos profundamente
políticos. Porque donde las clases dominantes organiza la ignorancia, el
pensamiento crítico, debe organizar la lucidez.
Por lo tanto el Frente Amplio, la izquierda en general tiene la obligación de
reinstalar e impulsar fuertemente el pensamiento crítico y el esfuerzo por crear
nuevos horizontes.
En su artículo para Jacobin, Miguel Orantes, licenciado en psicología, graduado
la Universidad Centroamericana UCA. Actualmente trabaja como investigador
independiente en temas relacionados a la psicología política y social, filosofía
política y ética nos explica sobre el corrimiento hacia la ultra derecha, en donde
Uruguay no se encuentra libre de ese fenómeno:
“Esta repolitización autoritaria puede tomar forma discursiva en las menciones
contra «la casta» o «los mismos de siempre», que se presentan como ataques contra
las élites en general, pero que convenientemente dejan intacto al gran capital. Más
que enemigos directos, las élites económicas suelen ser aliados tardíos de la extrema
derecha. Esta repolitización autoritaria es útil para redirigir las frustraciones
sociales hacia «enemigos» que suelen ser secundarios para las clases populares. Es
decir, se culpa de todos los males de la sociedad a la izquierda, a los migrantes o a
otros sectores organizados de la sociedad, mientras los factores estructurales del
sistema capitalista siguen funcionando sin mayor problema. Se intenta «cambiar
todo para que lo esencial no cambie», es decir, se trata de un cambio de régimen para que siga la acumulación capitalista.”
“En América Latina, en tanto el discurso antiinmigrante no tiene tanto peso, la
agenda reaccionaria toma la forma de antiprogresismo y demagogia punitiva,
instrumentalizando el discurso de la «seguridad nacional» para militarizar a las
sociedades y expandir el estado policial, aumentando el uso de múltiples tecnologías
de vigilancia y monitoreo de personas. Este punitivismo carcelario militarizado se
invoca como respuesta a los altísimos niveles de violencia social en la región, que
empeoraron en las décadas de neoliberalismo. Así, los Estados ponen en
funcionamiento sus máquinas de guerra para utilizarlas tanto contra criminales
como contra personas inocentes de las clases populares (cuyos sectores más
empobrecidos siempre son los que ponen las víctimas).”
“Las nuevas experiencias de las extremas derechas o del «posfascismo», adoptan la
retórica democrática y se presentan como los defensores de la «verdadera
democracia» contra la hipocresía de los partidos tradicionales (entrando entonces en
una narrativa contradictoria que puede justificar el asalto al Capitolio en nombre de
la democracia). …”
Frente a este panorama de nada vale quejarnos. Hay que actuar.
La batalla cultural y de las ideas se dan en los discursos y en los relatos pero
es determinante para lograr validez y credibilidad, concretar y profundizar los
compromisos hechos en campaña electoral. Es necesario acelerar las acciones
y avanzar en la aplicación del programa del Frente Amplio que la gente
apoyó.
La fuerza política debe actuar fuertemente en esta batalla por quien hace la
síntesis, quien impone el relato, el sentido y la hegemonía cultural, y para eso
es clave proyectar un nuevo horizonte, perspectivas de esperanzas, que se
contrapongan a un mundo sin salida y condenados simplemente a sobrevivir.
Por eta razón entendemos que además de recorrer el país con el “FA te
escucha”, es fundamental hacerlo con los militantes y con la sociedad toda
para avanzar hacia el congreso y elecciones de las autoridades, sin atajos ni
acuerdos de cúpula.
