Gonzalo Alsina
El Chasque 207
10/10/2025
Como en un artículo de hace dos semanas decíamos que era necesario sacarse prejuicios sobre la Revolución Islámica en Irán; y como en la siguiente semana, para luchar contra el chavismo vergonzante, citamos al excomandante sandinista Tomás Borje, a cuenta de una entrevista a Fidel, donde queda claro, que el movimiento chavistas era de izquierda tempranamente y mucho antes de que Hugo Chávez fuera electo presidente de Venezuela.
Hoy vamos a referenciar a Rodney Arismendi, en su libro escrito a pocos días del triunfo sandinista: “Primavera Popular en Nicaragua”, de agosto de 1979. Este libro lo leí a fines de ese año en plena dictadura fascista. El Partido Comunista dirigido desde la clandestinidad por José Pacella, lo editó dentro del país.
Las dos revoluciones antiimperialistas, la sandinista y la iraní, son de 1979. La nicaragüense de julio de ese año y la iraní de febrero.
Al respecto dice Rodney Arismendi en el capítulo I del libro:
“Hace bien poco, Irán concentró la atención mundial. Manifestaciones multitudinarias, continuadas y crecientes, desafiaron la más cruel represión. El odio popular en su cima agrupó masas inmensas enfervorizadas por el Islam, junto a jóvenes feddayines de inspiración marxista, a estudiantes e intelectuales laicos y a militantes del Partido Tudeh (comunista). Pese al poderío del ejército y la policía secreta del Sha, las demostraciones se combinaron con la huelga de los aguerridos trabajadores del petróleo, luego con sucesivas huelgas generales, hasta transformarse en insurrección armada. En el transcurso de las acciones, la energía moral del pueblo descompuso las fuerzas armadas, pasándose una parte de estas a la revolución. Así fue abatida esta vieja monarquía terrorista, pese a sus petrodólares, a sus cientos de miles de soldados pertrechados, con armas ultramodernas por el Pentágono, y pese a ser el centro de toda la superestructura beligerante del imperialismo yanqui en tan estratégica región de Asia. No obstante las dificultades y peligros del actual proceso, la Revolución Iraní fue tremendo golpe para el imperialismo y para todo el armazón de fuerzas regresivas, desde Israel hasta el Índico, comprendido el vasto emporio petrolero.”
El lector se habrá dado cuenta que parafraseando a Arismendi, cuando en un Palacio Peñarol lleno, criticaba al comunismo vergonzante; nosotros lo hacemos referenciado al chavismo.
Vimos en artículo anterior que Fidel en 1992, tenía claro que Chávez era un militar bolivariano de izquierda. Y como buen comunista, Fidel comprendía el artículo 4º de las 21 condiciones de la Internacional Comunista.
Tan claro, lo tenía, que pese a que casi toda la izquierda de entonces, tenía prejuicios con respecto al comandante Chávez; por pura ignorancia o por antimilitarismo vulgar; Fidel lo recibió como si Chávez fuera un jefe de Estado.
¡¡¡Viaje a Cuba!!!
Ramonet le pregunta: ¿Cómo se organizó su viaje a Cuba de diciembre de 1994?
“Había tenido contactos con el embajador de Cuba, Germán Sánchez Otero, alguna conversación a escondidas, clandestina…Y resulta que un día, el 30 de junio precisamente, al regresar de Colombia, convocamos una rueda de prensa en el Ateneo de Caracas. Vamos a un salón, y alguien me dice que hay un cubano dando una conferencia sobre Bolívar en un piso superior. Termino pronto, porque, como la prensa me boicoteaba, casi no vino ningún periodista… Así que fui a saludar al conferencista cubano quien resultó ser el historiador de La Habana, Eusebio Leal. Nos presentan, él me da sus datos y yo los míos. Por esa vía me llegó la propuesta; la Casa “Simón Rodríguez” de La Habana me invitó a dar una charla sobre Bolívar el 17 de diciembre. Me mandaron el pasaje; yo no tenía recursos.”
Hubo cambio de fecha y Chávez llegó a La Habana el 13 de diciembre en un avión comercial. “…el avión taxea pero no se detiene en el terminal de viajeros sino aparte, en el terminal de protocolo. A todas éstas, yo no sé cuál es el de viajeros y cuál el de protocolo…Era la primera vez que iba a Cuba. Siento que el avión se para, recojo el maletín que cargaba, un ganchito con ropa, Rafael Isea, mi ayudante de entonces, me acompañaba. Y, por el altavoz, dicen: “El pasajero Hugo Chávez, por favor, lo solicitan a la puerta…”
Me asomo por la ventanilla y veo luces de televisión…Era de noche, me imaginaba que me estaban esperando con un equipo de televisión, la radio y tal…Es lo más que me imaginaba.
¿Nunca pensó que podía estar Fidel en persona esperándolo?
“Jamás. Claro, yo le había dicho al embajador: “me gustaría saludar al Comandante”. Y él se limitó a decirme: “Bueno, lo trasmitiré a La Habana”. Eso fue todo…Así que cuando llegué a la puerta del avión me encontré con Angelito, el jefe del protocolo cubano, y me dice: “Lo están esperando…”. “¿Quién?”. “El Comandante en Jefe”. No me lo podía imaginar, no estaba preparado para eso, nadie me había dicho nada: “¡No puede ser!”…Jamás pensé que Fidel en persona me iba a esperar en la puerta del avión. Y cuando me asomo, y veo…Estaba Fidel parado allá debajo de la escalerita. Yo tenía un maletín de mano, se lo entregué a Isea, bajé aquella escalera, y bueno, aquel primer abrazo inolvidable…El “abrazo de la muerte”, dijeron mis adversarios.”
[…]
¿No piensa usted que, además, Fidel estaba enviando señales?
“Ciertamente. Al recibirme de esa manera, con sus muestras constantes de afecto, sus palabras en la Universidad, su presencia en la Casa Bolívar, Fidel está mandando, creo, varios mensajes. Primero a Rafael Caldera que, un mes antes, había recibido en el Palacio de Miraflores de Caracas a dos cabecillas anticastristas de Miami: Jorge Más Canosa y Armando Valladares, y que, unos días antes, en Miami, durante la primera cumbre de jefes de Estado de las Américas –a la que no se invitó a Fidel-había atacado violentamente a Cuba y reclamado “un cambio de régimen”.
El segundo mensaje, en mi opinión, iba dirigido a la izquierda latina americana y fue, para mí, muy importante. Aunque él nunca me lo ha dicho, estoy seguro que Fidel, al comenzar a adoptarme, quiso transferirme una especie de reconocimiento y enviar una señal a la izquierda. Ese abrazo de Fidel desmorona de una vez aquella acusación de que yo era de los “carapintadas”, “un golpista”, un “fascista”…Eso fue, sin duda, lo que Fidel quiso hacer.”
[…]
Estaba también Daniel Ortega
“Sí, Daniel estaba por coincidencia. Pasaba unos días en Cuba por unos exámenes médicos, y Fidel lo mandó a llamar al día siguiente de mi llegada.”
Se juntaban los cristalitos…
La seguimos.
