El proceso de transformaciones y las contradicciones del sistema capitalista -I

Período de Transición
Período de Transición y la necesidad de la “fuerza organizada” que responda a los intereses de las clases populares

Ruben López
El Chasque 260
6/11/2026

Introducción

«Bajo el capitalismo, la forma perfecta de dominación no es la dictadura autoritaria, sino la república democrática.» — Karl Marx, El 18 Brumario de Luis Bonaparte

La situación de América Latina —y de Uruguay en particular— atraviesa un período de retroceso del movimiento popular. En los últimos decenios se han sucedido múltiples sucesos, con flujos y reflujos al vaivén de hechos que conmovieron al mundo.

Podemos remontarnos al auge revolucionario de los años sesenta; al fin de los «treinta años dorados» en la década de 1970, que clausuró un período de acumulación capitalista de fuerte crecimiento —con la particularidad de que crecían tanto la tasa de ganancia como los salarios, claro está, a costa de la explotación del llamado Tercer Mundo—; a la crisis de la URSS entre 1985 y 1990, con la caída del campo socialista europeo, a lo que sigue el Consenso de Washington y el mundo unipolar; el crecimiento de la deuda, a lo que recurrió el sistema cuando los ingresos mensuales no fueron suficientes para consumir la producción, mientras, se aceleraba la caída de la tasa de ganancia.

Así, entre las crisis recurrentes del sistema y la crisis ideológica que todavía sacude a la izquierda y al movimiento popular, llegamos a la era Trump, que da un giro crucial a la política imperial: ya no son los campeones del libre comercio —sitio que hoy ocupa China—, precisamente por la pérdida de competitividad y por haber trasladado fuera de su territorio la producción que podía realizarse en otros lugares con salarios miserables. Trump y el imperialismo, a fuerza de bombas y aranceles —no solo contra los enemigos, sino también contra Europa y Canadá—, llevan al mundo al borde de una guerra total, hacia el abismo.

De esta manera, la respuesta del gran capital transnacional, con los nuevos sectores de la ultraderecha que agitan en Europa y América, se presentan como la salvaguarda de una crisis que ellos mismos provocaron. Paradójicamente, esos sectores fueron aupados por la incapacidad de la izquierda, la socialdemocracia y los progresismos, en dar solución a las necesidades mínimas de los pueblos: trabajo, vivienda, salud, educación, seguridad y cuidados.

Aun en medio de este caos —o justamente por ello—, si nos alejamos del pizarrón y miramos con objetividad la situación, advertimos, lo que resalta no es la prosperidad del sistema, sino su profunda crisis, que ya no puede ejercer su dominio como hasta entonces. Solo le queda el poderío militar, aun cuando no ha logrado imponerse en las guerras que ha provocado.

Europa se encuentra semiparalizada en una crisis estructural, de la que le cuesta recuperarse, hoy además, en medio de manifestaciones y movilizaciones de jóvenes, estudiantes y trabajadores por educación, vivienda y trabajo. Estados Unidos acumula una deuda superior a los 40 billones de dólares, un déficit fiscal creciente y una inflación persistente, mientras Trump enfrenta una resistencia interna que este 3 de noviembre le ha dado un tremendo golpe en las elecciones de medio término.

Se puede afirmar que el capitalismo —en primer lugar, EE. UU.— se encuentra en una fase de su crisis estructural, de difícil retorno. Son muchos los síntomas; algunos hemos esbozado aquí, otros los trataremos en próximas entregas con mayor profundidad.

«La contradicción crucial del modo de producción capitalista es entre la búsqueda de ganancias y las necesidades sociales de la humanidad. Es así de simple. En el modo de producción capitalista, nada se producirá, nadie será empleado, a menos que genere ganancias. La producción no es para la necesidad social. No es para los bienes y servicios que la humanidad encuentra útiles. La producción solo se realiza para beneficio de los propietarios de los medios de producción (un grupo muy pequeño de personas, aproximadamente el 1 %). El resto de nosotros debe trabajar y solo obtiene un sustento trabajando para estos propietarios.» — Michael Roberts, Capitalismo e imperialismo

Veamos otro aspecto de esa crisis.
Los éxitos de la ultraderecha en las instancias electorales de los últimos años en Europa y, especialmente, en América Latina, podrían indicar un error por nuestra parte y que, en realidad, el sistema está en plena expansión. Pero, como anotábamos antes, el liberalismo —la democracia burguesa— no pudo ni puede dar solución a las necesidades humanas, lo impiden las contradicciones inherentes al sistema, como lo muestra la historia y las cifras que muestran el enriquecimiento de los más ricos. Tampoco han podido hacerlo, la socialdemocracia y el progresismo, en la medida que han aceptado el postulado de dejar hacer al capital privado, esperando que se encauce.

Hoy podemos ver con claridad la absoluta incapacidad de la ultraderecha para cumplir sus promesas. La pura demagogia de «la libertad total», donde cada cual puede hacer en su vida lo que desee, es falaz e irreal: los pobres lo son porque no trabajan los suficiente. Es la clase poseedora quien ha conducido hacia la brutal y criminal concentración de la riqueza, multiplicando la miseria y la pobreza.

Las movilizaciones conmueven a Europa, la India y América Latina: jóvenes y no tanto, por vivienda, educación, contra la guerra, por la carestía, por trabajo, al encontrar una sociedad que no da espacio a las nuevas generaciones y condena a las más viejas a la inseguridad económica, falta de trabajo, vivienda, pensiones

Estos hechos representan tanto el fracaso del liberalismo y la socialdemocracia como la demostración de la demagogia de la ultraderecha: cuando jóvenes, estudiantes, trabajadores y jubilados, en un mundo cada vez más conmocionado, no encuentran respuestas.
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Este preámbulo nos lleva a estudiar los orígenes y características del capitalismo.
Nos sirve de introducción para el estudio de una estrategia, y como señalara Lenin, al análisis de la situación en el momento y lugar concretos.

Este es un debate que debemos dar, analizar colectivamente, a la luz del marxismo revolucionario y en base a las experiencias de los distintos procesos, con sus aciertos y errores, sin dogmatismos ni ideas preconcebidas, la teoría “como una guía para la acción”.
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Si, como pensamos, se precipita la crisis del capitalismo, se abre un proceso de transformaciones, un período de transición, seguramente en lugares y momentos distintos, por debilidades e insuficiencias, contradicciones del sistema, que inauguren perspectivas para una acción concreta, en ese momento «la fuerza organizada» que responde a los intereses populares, debe estar preparada.

En 2019, en Chile, esa “fuerza” no estuvo, se dejó pasar una situación que años más tarde (2026), en el gobierno de ultraderecha de Kast.

Otro hecho de distinta naturaleza sucedió en Bolivia, durante el gobierno de Luis Arce (2020-2025) la fuerza política que respondía a los intereses populares, el MAS, terminó partida en cuatro pedazos (uno de ellos Evo Morales, líder del proceso); no fue ajeno a ello el sectarismo, el personalismo, el caudillismo, quizás también errores de conducción, incluidos la falta de ética y el compromiso revolucionario, que rompieron la necesaria unidad.

Sabemos que el enemigo siempre está y es poderoso. Para los cuadros y dirigentes del movimiento popular, lo primero es su compromiso con el pueblo, la consulta a éste siempre y su participación en la toma de decisiones a través de mecanismos democráticos. Además, cuidarse de fortalecer la Dirección Colectiva y Paritaria. De otra forma —pensar que los jefes pueden decidir por las masas— es el camino que lleva a la derrota, a la corta o a la larga. (Ejemplos sobran.)
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Es necesario poner en cuestión y enfrentar el poder y las ideas dominantes

Preguntémonos:
¿Hacia donde va la mayor productividad que genera la ciencia?
¿Aceptamos calladamente la explicación que es necesario acumular capital, para después distribuir?

El ansia de riqueza y poder de las elites se ha profundizado, la explotación se ha multiplicado, las formas de dominación se han exacerbado, cada vez más esferas de la vida humana se convierten en mercancías. La salud, la educación, la seguridad social, la seguridad personal, han dejado de ser derechos, pasaron a regirse por el mercado.

Nuestra tarea: develar la mentira.
Mostrar la necesidad de superar este sistema y comprender la posibilidad de realizarlo.
¿Como es posible que la izquierda busque formas de adaptarse, en vez de abocarse a su superación?

Entonces, surge la necesidad de una estrategia y un programa, que priorice a los trabajadores, a quienes producen la riqueza.

Si entregamos la economía, la producción, las finanzas, la distribución, los servicios, los medios de comunicación, el conocimiento, la información, la ciencia, la técnica, la gestión de los negocios e incluso de la administración pública, al sector privado (porque es eficiente), ¿qué armas le quedan a los pueblos para luchar?

Es como si en la guerra, guardáramos nuestras armas y municiones en los arsenales del enemigo.
Y después de entregarlas, digamos:
“no podemos pelear contra un enemigo tan poderoso”

El capitalismo no es una salida para la humanidad, sino que por el contrario, es el camino hacia su destrucción.

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