Clara E. Mattei, economista: «Los utópicos no son los críticos del capitalismo, sino quienes piensan que podemos continuar con esta farsa»
Tras alertar sobre cómo la austeridad allanó el camino al fascismo, la profesora italiana arremete de nuevo contra un sistema económico que, advierte, no es inevitable, científico ni natural: «Es relativamente joven y puede ser sustituido»
Pablo R. Suanzes (23/10/2026)
Fuente: ElMundo.es
El Chasque
7/11/2026
Clara Elisabetta Mattei es economista e historiadora del pensamiento económico, profesora en la Universidad de Tulsa y una de las voces más críticas con la forma en que el capitalismo ha construido y naturalizado sus propias reglas. Sus investigaciones sobre austeridad, democracia y conflicto de clase cuestionan la idea de que las políticas económicas sean decisiones técnicas o neutrales. Ahora vuelve a las librerías en España de la mano de Capitán Swing con Escapar del capitalismo. Una intervención, un ensayo en el que plantea que el sistema económico no es inevitable ni inmutable y explora cómo construir formas de organización capaces de recuperar a pequeña escala el control colectivo sobre la economía.
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** La tesis central del libro es que el capitalismo no es inevitable, no es natural, sino un sistema ‘joven’ que puede ser reemplazado.
Así es. El objetivo fundamental del libro es concienciar de que debemos liberarnos de las trampas mentales que han construido las instituciones donde supuestamente se produce el conocimiento. Buena parte de la disciplina económica, la convencional, está dominada por corrientes que ni siquiera plantean las preguntas que importan a la gente común. Son incapaces de observar las fuerzas sistémicas que producen el sufrimiento social y que son estrictamente económicas.
**Afirma que ofrece una «nueva perspectiva emancipadora» y que su intuición fundamental es que no existen problemas económicos que no sean inevitablemente problemas políticos.
Lo que yo quiero recuperar es el concepto de crítica de la economía política, y hacerlo de una manera que sea accesible a todo el mundo. Pero la intuición que hay detrás es metodológica, es la razón por la que Marx escribió El capital. Problematizar las formas, el lenguaje y las categorías que damos completamente por sentadas. El sistema económico no es en absoluto fijo ni neutral, como se nos presenta, sino que está basado en relaciones históricas y políticas. El sistema está fundado sobre una violencia económica originaria, la supresión de nuestra autosuficiencia y de nuestra capacidad para reproducir nuestras propias condiciones de vida. Esto significa que lo que el sistema tiene que hacer constantemente para sobrevivir es hacernos fuertemente dependientes del mercado. Es decir, estamos sometidos a una coacción económica. No se trata de una coacción política como en otros sistemas, sino de una que es incluso más profunda porque también es impersonal y, por lo tanto, menos visible.
**No es precisamente una crítica nueva al sistema…
El sistema no sólo está basado en una forma fundamental de opresión, sino que además tiene que reproducirse constantemente porque no hay nada espontáneo en él. Es exactamente lo contrario de la historia que nos cuentan de que el mercado surge de nuestra propia naturaleza, como si nuestros rasgos esenciales se expresaran de esta manera tan eficaz de intercambiar bienes. En realidad, la mayoría de nosotros tenemos que intercambiar nuestra capacidad de trabajar por un salario porque no tenemos alternativas. Y creo que abrir los ojos es emancipador porque permite comprender que las instituciones que gobiernan el capitalismo tienen que ejercer una presión constante. Porque permite entender que las cosas pueden cambiar. Porque hay muchísimo esfuerzo y poder concentrado arriba, pero también hay muchísimo poder abajo.
**Dice que muchas veces le preguntan si es necesaria una revolución, pero usted no adopta ese enfoque. Ofrece ejemplos de pequeñas iniciativas comunitarias, como la necesidad de crear comunidad.
No quiero decir que no debamos hacer la revolución. Lo que quiero decir es que la revolución es un proceso. No es un acto único, y tiene que adaptarse a nuestro tiempo. En realidad, creo que no podemos saber exactamente cómo será una revolución. La idea de que alguien como yo pueda simplemente darte una receta o prever cómo será el futuro tiene muy poco sentido. Lo que sí podemos tener es un objetivo general. Por ejemplo: necesitamos desmercantilizar fundamentalmente nuestras relaciones sociales de producción. Necesitamos ser capaces de ejercer nuestra libertad, porque nos ha sido arrebatada. Y necesitamos hacerlo para establecer un grado mínimo de humanidad. Porque, una vez más, la destrucción que estamos viendo en todas partes -especialmente ahora mismo en Oriente Medio- expresa cómo la economía puede crecer a través de la violencia. La violencia es buena para el crecimiento económico. El militarismo y la destrucción son buenos para el crecimiento económico. Y eso revela con mucha claridad por qué necesitamos un cambio.
**Pero hacer comunidad no es radical. Ni sugerir que el comunismo ofrece más libertad u otro tipo de libertad más profunda que el capitalismo.
En 2026 hay que cuestionar los dos pilares del capitalismo: el trabajo asalariado y el control privado de las inversiones. Es absurdo que hayamos delegado las decisiones más fundamentales sobre nuestra existencia, sobre la preservación de nuestras vidas y sobre el futuro de nuestro planeta en un grupo de accionistas que actúa únicamente de acuerdo con la lógica de aumentar sus rendimientos. Y no es porque esas personas sean malas. Quiero insistir mucho en esto. Buena parte de la economía progresista y de los pensadores progresistas siempre insiste en lo mala que es la élite. Eso no importa, no hay que distraerse con eso. Lo que intento hacer en el libro es proporcionar herramientas conceptuales para decir: necesitamos investigar las fuerzas sistémicas, las reglas del juego, que por supuesto, además pueden recompensar a los imbéciles de arriba. Es un objetivo radical, un objetivo revolucionario. Queremos realmente subvertir la economía capitalista. Pero tenemos que hacerlo a través de lo que sea posible en este momento.
¿Qué es posible en este momento? Me parece muy interesante aprender de las alternativas que ya existen. China mantiene su sistema bastante oculto porque tiene el potencial de ser muy disruptivo. Creo que el modelo chino es un modelo del que podríamos aprender en muchos sentidos, incluso observando sus límites y tomando en serio el hecho de que existe claramente un Estado fuerte, una entidad política que se impone sobre los intereses económicos. Eso es algo completamente inconcebible en buena parte del capitalismo occidental. Aunque existe un debate sobre si China es realmente poscapitalista, lo que está mostrando claramente es que la planificación y el control central son mecanismos capaces de contener y transformar la relación entre lo económico y lo político. Pero, dejando eso de lado, creo que nosotros, en un lugar como Estados Unidos, podemos construir instituciones alternativas que empiecen a presionar a los representantes políticos y que también creen un poder dual. Eso es lo que propongo y lo que llevo poniendo en práctica en Tulsa y en el Free Forum. Básicamente somos una asamblea de unas 100 personas. Nos reunimos cada dos semanas y tomamos decisiones colectivamente y estamos reaprendiendo a ser productores colectivos, de alguna manera; algo que hemos desaprendido o que quizá nunca hemos sido capaces de hacer. Lleva tiempo. Pero es un proceso revolucionario porque, como explica muy bien Gramsci, la revolución consiste realmente en cambiarte a ti mismo y cambiar nuestra comprensión de lo que los seres humanos pueden hacer juntos.
«La revolución hoy no va a consistir en asaltar el Palacio de Invierno, ya no es una posibilidad, especialmente con la tecnología que existe»
**Recoge en el libro, y no le voy a ocultar que me irrita mucho, que el capitalismo y la democracia son esencialmente incompatibles. Que los gobiernos democráticos, las elecciones y la separación de poderes son sólo atributos de las sociedades capitalistas, pero que en última instancia, la verdadera democracia requiere un mínimo de autonomía económica. Y al mismo tiempo, simpatiza con los sóviets y con el modelo chino.
Creo que necesitamos definir qué entendemos por democracia. Para mí, democracia no significa democracia electoral. No es la concepción liberal de la democracia, que, por supuesto, tampoco es natural y está asociada a la modernidad. Yo entiendo la democracia como toma colectiva de decisiones. Si observa cómo vivían las sociedades indígenas en estas tierras -por ejemplo, en Oklahoma-, esas sociedades eran profundamente democráticas. Estaban organizadas mediante consejos. Eran, además, en muchos casos, sociedades matrilineales, por lo que las mujeres tenían mucho más poder que hoy. Y eran democráticas en el sentido de que estaban organizadas mediante cuerpos colectivos que tomaban decisiones conjuntamente. Eso es lo que quería decir con democracia. Me pone usted caras, pero si le pregunta a los antropólogos, así es, de hecho, cómo ha vivido la mayoría de los seres humanos durante la mayor parte de la Historia. No mediante estructuras de poder tan verticales y tan extremas como las actuales, en las que personas que no cuentan para nada quedan reducidas, si tienen suerte, a consumidores, mientras que un grupo muy pequeño toma todas las decisiones sin tener siquiera una verdadera legitimidad para hacerlo. La democracia electoral es sólo el Estado bajo el yugo del capitalismo. Lo que hay que hacer para que las necesidades de las personas sean escuchadas y atendidas es organizar instituciones capaces de presionar a los políticos elegidos para que no sigan únicamente la lógica del capital.
**Pero no puede poner ejemplos de utopías o pesadillas fallidas. ¿No tienen sueños mejores?
Lo que no podemos pensar es que si tenemos paciencia con el capitalismo acabaremos viviendo en una sociedad más democrática, porque ocurre exactamente lo contrario. Vivimos en un sistema económico profundamente irracional desde el punto de vista de las necesidades humanas. Y necesitamos restablecer políticamente esa lógica de las necesidades mediante instituciones.
**En un momento del libro cita a Yanis Varoufakis. Permítame hacerle la pregunta que le hice a él durante la crisis griega: ¿qué prefiere usted, tener razón o tener éxito? Porque esperar que sistemas de comunidades de cientos de personas funcionen en un mundo de 10.000 millones de personas…
Creo que, en realidad, los utópicos son quienes piensan que podemos continuar con esta farsa y que eso nos llevará a algún sitio. Esto nos llevará al desastre, nuclear o de otro tipo, con toda seguridad. No estoy intentando ser un purista, lo que estoy intentando decir es que la razón por la que Varoufakis fracasó es que no tenía un apoyo real de base, organizado de una manera efectiva, ni una alternativa que permitiera salir del sistema. Esa no es la manera. No vamos a salvar el mundo si Clara Mattei es elegida diputada. Tampoco cambiaría gran cosa si yo misma llegara a una posición de poder, por ejemplo, como ministra de Trabajo o incluso como presidenta. No funciona así. Tenemos que dejar de pensar que son los individuos quienes pueden cambiar las cosas. Para cambiar las reglas económicas del juego que nosotros mismos hemos construido, necesitamos instituciones alternativas. No estoy diciendo que la única vía sea construir estas asambleas. Pero sí creo que la asamblea es la única manera de tener un poder organizado real capaz de enfrentarse a las fuerzas actuales.
**Sostiene que todos los problemas del mundo, desde los partidos ultranacionalistas a las guerras pasando el odio hacia los migrantes, el medioambiente, la salud mental, todo, están relacionados con el sistema económico que oprime a la gente. ¿Podría decir algo bueno ocurrido gracias al capitalismo en los últimos 200 años?
Para la gente, claro. Como subproducto, sí, por supuesto, hay muchas cosas que han ayudado a las personas. Pero no porque las innovaciones económicas tuvieran el objetivo de ayudar a la gente. El objetivo era ganar dinero, vender tus productos.
**No es la benevolencia del carnicero, sino su búsqueda de beneficio. Es lo más básico de Adam Smith.
Sí, claro. Por supuesto, existe ese elemento: determinados bienes que se producen son útiles para la gente. Pero la cuestión es también el acceso. ¿Quién tiene acceso a esos recursos? Y creo que existe una especie de mentalidad occidentalocéntrica y autolegitimadora de la que realmente tenemos que liberarnos. La razón por la que el PIB ha crecido, por la que se ha producido crecimiento en Occidente, ha sido la guerra permanente. Desde las guerras mundiales hasta Vietnam, Corea… Ahora estoy estudiando el llamado periodo dorado, que se considera el momento en el que supuestamente hicimos cosas increíbles. Fue aterrador. La razón por la que había crecimiento era que había guerras, y existía una segregación racial y de clase extrema. Había una pobreza extrema incluso en Estados Unidos. Los economistas keynesianos intentaron resolver el problema. Pero, al final del día, cuando aumentaban el empleo, lo que sucedía era que también generaban inflación, y entonces tuvieron que ceder. Los keynesianos y quienes estaban en el Congreso, aquellos que pensaban que el capitalismo podía hacer el bien, aquellos que realmente querían que así fuera, terminaron enfrentándose a sus límites. Los trabajadores empoderados son una amenaza intrínseca para el sistema.
**¿Es posible que su enfoque, su mensaje, esté empujando a más gente hacia el nihilismo o la extrema derecha? Si el sistema está tan podrido la respuesta no puede ser asambleas. Hay una rabia que probablemente otras fuerzas canalizan mejor.
Espero que no. Lo que sí está sucediendo es que cada vez más gente deja de creer en el sistema. Y se está yendo hacia la derecha, hacia la extrema derecha. Deja de creer en la democracia, busca líderes fuertes tanto en Brasil como en Italia, en Estados Unidos, en todas partes. El mensaje del libro no es que todo está mal. No digo que no haya esperanza a menos que haya una revolución. Estoy intentando decir que tenemos que participar si queremos mejorar las cosas, y que tenemos el poder para hacerlo porque el sistema no es algo dado, sino que se basa en que nosotros lo aceptemos. Creo que ser lúcidos respecto a nuestro sistema económico y romper esa ilusión es el primer paso para movilizar a la gente. Lo que está ocurriendo es enorme, muy grave, pero la revolución sólo surge de la reforma y de la participación. Si lee a Gramsci, a Rosa Luxemburgo, a los grandes revolucionarios, esto es lo que significa una revolución, especialmente hoy en día. Significa participar en instituciones alternativas, cambiarte a ti mismo, cambiar a los demás y trabajar por un futuro mejor. La revolución hoy no va a consistir en asaltar el Palacio de Invierno, eso ya no es una posibilidad en este momento histórico, especialmente con la tecnología que existe.
